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2 de
noviembre
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Por
las Benditas Almas
del Purgatorio
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MEDITACIÓN
Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador
viéndole en la Gloria. Sin embargo, nada manchado puede entrar en el Cielo; por
lo cual, quienes no sean perfectos deberán purificarse antes de ser admitidos
en la presencia de Dios. La Iglesia enseña la existencia del Purgatorio, en
donde las almas de los justos que mueren con mancha de pecado se purifican
expiando sus faltas antes de ser admitidas en el Cielo. Entre tanto pueden
recibir ayuda de los fieles que viven en la tierra.
Almas de los justos son aquellas que en le momento de
separarse del cuerpo, por la muerte, se hallan en estado de gracia santificante
y por eso tiene derecho a entrar en la Gloria. EL juicio particular les fue
favorable paro necesitan quedar plenamente limpias para poder ver a Dios "cara
a cara".
"Manchas de pecado" quiere decir el castigo
temporal que es debido por los pecados mortales o los veniales, ya perdonados en
cuanto a la culpa, pero que en la hora de la muerte no están totalmente libres
de castigo correspondiente a la culpa. "Manchas de pecado" puede
referirse también a los pecados veniales que, al morir, no habían sido
perdonados ni en cuanto a la culpa ni en cuanto a la pena. La Iglesia entiende
por Purgatorio el estado o condición bajo el cual los fieles difuntos están
sometidos a purificación.
La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra
fundamento en la Biblia. EL texto de 2 Macabeos 12,46, da por supuesto que
existe una purificación después de la muerte. Asimismo, las palabras de
nuestro Señor: "El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en
cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo
ni en el otro" (Mt 12,32). Se llega a semejante conclusión en el texto de
1 Corinitios 3, 11-15.
En la Iglesia católica la práctica de rezar por las
benditas almas del Purgatorio está basada sobre la fe en la Comunión de los
Santos. Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras
estén en la tierra y después de la muerte. Si nos fijamos en las oraciones
litúrgicas de la Iglesia vemos claramente que se invoca con frecuencia a los
Angeles y a los Santos en favor de la Iglesia sufriente o Purgatorio, pero
siempre para que intercedan por ella. Toda persona en estado de gracia puede
orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos,
hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los
difuntos.
El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la
Iglesia Sufriente diciendo: "Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad
la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en gloria celeste o que aun
están purificándose después de la muerte".
Aunque no sea doctrina definida, se mantiene como doctrina
común que sufrimiento mayor del Purgatorio consiste en la "pena de
ausencia", porque las almas están temporalmente privadas de la visión
beatifica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas
del Infierno. Es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios
algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que
la purificación es necesaria. La aceptan generosamente por amor de Dios y con
perfecta sumisión a su voluntad.
Es probable que las penas del Purgatorio van disminuyendo
gradualmente de manera que en las etapas finales no podemos comparar los
sufrimientos de este mundo con los que padece un alma próxima a la visión de
Dios. Pero las almas experimentan también inmensa alegría espiritual. Están
totalmente ciertas de su salvación. Tiene fe, esperanza y caridad. Saben que
ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia y sin poder
ofenderle.
Aunque las almas en el Purgatorio no pueden merecer, sin
embargo pueden orar y obtener el fruto de la oración. El poder de su oración
depende del grado de santidad. Es cierto que pueden orar por los que viven en la
tierra. Por la Comunión de los Santos entendemos que están unidas a la Iglesia
militante. Debemos animarnos a invocar su ayuda con la confianza de que ellas
nos escuchan. Entienden perfectamente nuestras necesidades, por que las
experimentaron y porque están agradecidas a las oraciones, sacrificios y santas
Misas que ofrecemos por ellas.
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LA PALABRA DE DIOS
Después de haber reunido entre sus hombres cerca
de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio
por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la
resurrección.
Pues de no esperar que los soldados caídos
resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos;
mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los
que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso.
Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en
favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado (2 Mc
12, 43-46).
Y al que diga una palabra contra el Hijo del
hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu
Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro. (Mt
13, 32).
Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya
puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro,
plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual
quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse
por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el
fuego (1 Cor 3, 11-13).
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ORACIONES
Oración propia de la novena
Padre Misericordioso, en unión con la Iglesia Triunfante del
Cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda
tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu
amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores para que gocen de
paz y felicidad. Dios, Padre celestial, te doy gracias por el don de
perseverancia que has concedido a las almas de los fieles difuntos.
Amable Salvador, Jesucristo. Eres el Rey de reyes
en el país de la dicha. Te pido que por tu misericordia oigas mi
oración y liberes las almas del Purgatorio, en particular, N……..Llévalas
de la prisión de las tinieblas a la luz y libertad de los hijos de
Dios en el reino de tu gloria. Amable salvador, te doy gracias por
haber redimido las pobres almas con tu preciosísima Sangre,
salvándolas de la muerte eterna.
Dios Espíritu Santo, enciende en mi el fuego de tu
divino amor. Aviva mi fe y confianza, acepta benignamente las
oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio.
Quiero aplicar los méritos de esta devoción en favor de toda la
Iglesia Sufriente y en especial por mis difuntos padres, hermanos,
hermanas, bienhechores, parientes y amigos. Atiende mi plegaria para
que podamos reunirnos en el Reino de tu gloria.
Dios Espíritu Santo, te doy gracias por todos los
beneficios con que has santificado, fortalecido y aliviado a estas
benditas almas y en especial por consolarlas en los actuales
sufrimientos con la certeza de la felicidad eterna. Que pronto se unan
contigo y oigan aquellas benditas palabras que las llaman al hogar del
Cielo: "¡Vengan, los Bendecidos por mi Padre! Tomen posesión
del Reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del
mundo" (Mt 25,34).
Por los padres difuntos
¡Oh Dios! Nos mandaste honrar padre y madre. Por tu misericordia,
ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo
pueda verlo (la) de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por
Cristo nuestro Señor. Amén.
Por la familia
¡Oh buen Jesús! El dolor y sufrimiento de los demás conmovía
siempre tu corazón. Mira con piedad las almas de mis queridos
familiares del Purgatorio. Oye mi clamor de compasión por ellos y haz
que aquellos a quienes separaste de nuestros hogares y corazones
disfruten pronto del descanso eterno en el hogar de tu amor en el
Cielo.
Oración
¡Oh Dios! Nuestro Creador y Redentor, con tu poder Cristo
conquistó la muerte y volvió a Ti glorioso. Que todos tus hijos que
nos han precedido en la fe (especialmente N…..) participen de su
victoria y disfruten para siempre de la visión de tu gloria donde
Cristo vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos
de los siglos. Amén.Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para
ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.
María, Madre de Dios, y Madre de misericordia,
ruega por nosotros y por todos los que han muerto en el regazo del
Señor. Amén.
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