Pensamientos al vuelo


+

El momento presente se parece a un sacramento, se parece a muchos sacramentos. Me da a Jesús como la Eucaristía, me da la oportunidad de perdonar y de ser perdonada como en la Confesión, refuerza Su Presencia en mi alma como el Bautismo, pone en funcionamiento lo siete dones como la Confirmación. Su Espíritu me da el poder de ser transformado en Jesús como en la Misa y me otorga la oportunidad de morir a mí misma y de ser sanada de mis faltas.

+


Mientras el sacerdote levanta el pan y el vino y dice “este es mi cuerpo”, el Espíritu de Dios dice “Así sea”. ¿No es el momento presente como ese pan? En el nada parece valer la pena, nada parece atractivo, nada poderoso, pero si elevo este momento a Dios, si lo encuentro a Él dentro del misterio de sus sombras, de su rutina, de su monotonía, su dolor, si ofrezco el pan de mi vida, el de mi personalidad, el de mi corazón, el de mi vida entera y abrazo ese momento con amor, con Jesús, ¿no dirá Él acaso “Este es mi cuerpo”? ¿No dirá su Espíritu “amén”? ¿Podrá este cuerpo de faltas y debilidades hacerse santo, así como Jesús, de modo que el Padre algún día mire esta alma y diga “Este es mi hijo, esta es mi imagen”?

+


¿Podrá el poder de su Espíritu absorber mi nada y mis pecados, cambiarlos y transformarlos? Sí. Su sangre me mereció tal don, tal privilegio, tal transformación, este milagro de gracia, esta “gran obra”.

+


Si solo pudiera vivir en la voluntad de Dios, en su Espíritu, en su Amor. Si tan solo pudiera ver su Providencia, su Espíritu trabajando en este mismo instante. Él trabaja, ajusta, y permite que suceda cada momento de mi vida, cada momento de mi existencia. Su Presencia está en el medio de los acontecimientos de mi día a día. La única “Realidad” está dentro de la realidad de todo lo que sucede. Si solo pudiera aferrarme al momento presente como si él estuviera en frente mío. El momento presente es como un molde en las manos de Dios. Lo usa para redondear las esquinas maltratadas, para pulir las superficies ásperas, para reconfigurar y volver a moldear mi alma. Es preciosa, porque me da a Dios en una forma muy personal. Hace salir lo mejor de Aquél que vive dentro e mí. Mi Dios, permíteme abrazar el momento presente con amor.

+


Mi Jesús, mi pobre alma está rodeada de tristeza y frustración. Pareces estar tan lejos, y aunque mi fe me dice que estás cerca, mi alma clama por ver tu rostro. Deseo vivir de la fe porque yo sé que tú te complaces cuando el alma se cuelga de ti aunque todo parezca perdido. ¿Te importa si deseo que estés a mi lado de modo que pueda estirarme y tocarte? ¿Acaso veo como mueves la cabeza de asombro ante mi falta de atención? Sí, lo sé, te toco cuando mi prójimo me necesita, eres Tú el que sonríes cuando pasa un niño, eres Tú quien me da la fuerza para andar otra milla, para otro día. Tu Presencia me rodea como una suave brisa. Tu Espíritu tira de mi corazón para impulsarme. Tu Padre me llama como a un hijo. Deseo lo que ya poseo, busco a Alguien que está tan cerca que ya no puedo ver. Busco un bastón que ya está hace tiempo entre mis manos.

+


Tu Plan, Dios mío, está más allá de mi comprensión. Cuántas veces me rebelo y me quejo como si no me escucharas. Mi alma te busca y me rebeldía construye un muro entre nosotros. Mi orgullo me hace pensar que no has escuchado mi plegaria, o que tu justicia me ha prohibido contemplar tu rostro. Mi pobre alma entra en turbación con solo pensar que te puede perder. Estoy dividido entre el orgullo que se rebela y la necesidad que clama por ayuda. Una parte de mí me dice que lo que sucede es injusto, frío y cruel, pero muy adentro en lo profundo de los descansos de mi alma, está esta suave voz que me dice que tu Plan es santo, justo e infinitamente sabio. Mi rebelión y mi deseo de cumplir tu Plan combaten por la posesión de mi alma y me vuelvo insensible ante la lucha, mi alma está embotada y cansada. Me pongo frente a tu santa y silente presencia, aferrándome a mi deseo de amarte con todo mi corazón, esperando que no te fijes en mi turbación ni en mi miseria. Sin embargo, sé que ese estado de postración el que atrae tu misericordia y me aferro al ancla que tiene inscritas las palabras “mi poder se manifiesta en la debilidad” (2 Cor 12, 9)

+


Tu presencia me rodea como una manta. Penetra mi ser como los tibios rayos del Sol. Cuando te recuerdo, como Tú me recuerdas, ninguna prueba es difícil, ningún dolor es insoportable. Pero de pronto, es como si la oscuridad envolviera mi alma y me veo forzado a resistir, esperando y tratando de tocarte. Mis pasos fallan y dudan, my corazón pierde coraje, mis ojos ya no distinguen la realidad, mis oídos se tensan ante el más fino sonido de tu voz, y espero como un niño indefenso, espero el amanecer.

+


Mi mente cuestiona y mi corazón sopesa tus caminos. Tu sabiduría permite en mi vida pruebas que no puedo entender. Miro a mi alrededor con asombro, buscando una respuesta, una posible solución. Cuando rezo, parece que estuvieras lejos y no me escucharas. Siento un vacío en mi alma como si la prueba hubiera secado mi alma y mi ser se pone frente a ti solo con peticiones de auxilio. Permanezco esperando, vacío, silente, ante la Santidad en persona, sin entender, con miedo de expresar mis pensamientos, pero sabiendo que tu Amor penetra mi alma y escucha mis silenciosos gemidos. Mi cabeza permanece gacha mientras lucho por entender tus caminos. Luego, es ahí en el silencio de tu presencia, que encuentro el por qué de todo lo que pasa. Antes del Bautismo mi alma era como un fino pliego de papel, frágil, débil, incapaz de soportar la más mínima brisa. Luego, me diste tu Espíritu en el Bautismo y el Agua Viva empezó a empapar ese frágil pliego. Esa agua tan especial me hace ser capaz de ponerme frente a Ti y aún vivir. Sin el agua, especie de cubierta protectora, nos disolveríamos frente al fuego de tu Presencia, tan santa, tan poderosa. Ahora lo veo todo tan claro. Las pruebas y el sufrimiento, las decisiones de cada día, mojan con más agua mi frágil papel, mi ser. No solo me hago capaz de ponerme frente a ti, recubierto de esta fuerza, sino que me hago capaz de acercarme más a Ti y acercarme más a ese fuego. Y algún día llegaré a estar incluso en el centro de aquella flama. La oportunidad de ser uno contigo es mí por el poder de tu Espíritu y la Sangre de Jesús. Solo tengo que confiar en tu sabiduría y cumplir tus designios, amar con tu mismo amor. Las pruebas que permites, la sequedad de mi alma, me obtienen más de esa Agua Viva que empapa mi alma de modo que algún día pueda verte, mi Señor y mi Dios y decirte, “Abba, Padre”

+


Mi vida es como un recipiente lleno de arena. Una parte está limpia, cierta cantidad está oscurecida por los vientos del dolor, un poco de arena se ha vuelto dura y pesada por mis decepciones. El Padre me mira con compasión. Él no toma en sus manos mucha arena al mismo tiempo. Sabe que sería más de lo que podría soportar. Él permite que yo coopere con Él de modo que la arena se vaya limpiando poco a poco de los desperdicios, y yo siquiera sienta la pérdida. Empieza a derramar su Agua Viva en mi recipiente, él siempre me da antes de quitarme algo. Esa agua remueve mi alma y empiezo a ver la suciedad, la basura y los residuos. Entonces, poco a poco se sedimenta todo y empieza a haber más agua que arena, el tiempo pasa y algo sucede, una decisión que tomar, una oportunidad de ser como Jesús. Una vez más la arena va desapareciendo y hay más agua y menos arena. Empiezo a entender el valor del autoconocimiento, de las pruebas y el dolor. Mi corazón quiere más de esa Agua Viva, mi pequeño recipiente se empieza a expandir y a trabajar con esfuerzo para obtener más de esa agua de Dios. Así, aparecen pequeñas hendiduras, diminutas perforaciones por las que la arena se empieza a drenar con facilidad. La sequedad de mi alma acrecienta mi sed de Agua Viva y así empieza un proceso de perder y ganar, de morir y vivir, de tener sed y ser saciada. Empiezo a buscar oportunidades para ser como Jesús. Le hago huecos a mi recipiente para que haya menos arena y más de Dios que lo llene. Lentamente, algunas veces con sufrimiento, tomo las decisiones correctas, lo escojo a Él en vez de a mí, escojo su voluntad antes que la mía, amo cuando es difícil amar, creo cuando todo es oscuro, y espero cuando todo parece perdido. Un hermoso proceso comienza. El Agua Viva me sobrepasa y se rebalsa por todos esos orificios que yo había hecho, empieza entonces a calmar la sed de mis vecinos, que no saben que su jarra también está llena de arena, que no saben que también necesitan del Agua Viva. Puedo confiarle a Dios todo mi día, toda mi vida, Él sabe qué es lo mejor, su sabiduría va más allá de mi entendimiento.

+


¿Dónde estás, Señor? Mi alma clama por Ti y escucho como resuena el eco de mi voz como si estuviera en una oscura caverna. Todo a mi alrededor es oscuridad y no puedo ver tu rostro o escuchar tu voz. No hay estrellas en la noche ni una pizca de luz. Camino, paso a paso, esperando que mi mano pueda coger la tuya y entonces saber que todo está bien. Cada paso me trae una nueva angustia y una nueva decepción. No me importaría la oscuridad si supiera que estás aquí pero entonces ¿estaría oscuro acaso? Si entendiera que Tú estás ahí ¿No sería eso como un rayo de luz de Sol? La fe me dice que Tú vives en mí, como una presencia oculta y escondida en mi alma, una presencia en la penumbra de mi angustia, una presencia que guía mis pasos, un poder en mi débil luz que se esconde hasta que me vuelva lo suficientemente fuerte como para vivir en la luz para siempre, de verdad. Ciertamente, caminamos juntos hasta que un día aquella Luz extraerá luz de la misma oscuridad.

+


Hoy día, mi continuo compañero es el dolor, un agudo, fatigante y constante dolor. Su presencia me empuja a alejar mis pensamientos de ti, mi Jesús. Tu presencia aleja el sufrimiento de mi atención. Ambas presencias no son compatibles en este momento. Y sin embargo, ¿Será posible?¿Es el dolor o mi deseo de hacerme la víctima lo que me distrae de Ti? El dolor es un sentimiento muy fuerte y tu presencia es una experiencia de fe, seca, una búsqueda. Si me das consuelo en medio de mi dolor, entonces aquél buen sentimiento tendrá que vencer esta sensación de dolor. Eso sería una especie de calmante espiritual para el dolor, como una aspirina, duraría un poco de tiempo pero al final la batalla por el dominio de mi ser empezaría nuevamente. ¿Existe alguna luz que quieras darme, mi Señor? ¿Existe algo que no esté entendiendo? ¿No habré olvidado el bosque por ver los árboles? Sí. En vez de verte a ti conmigo, juntos los dos, nos he visto separados, Tú, arriba en algún lugar, y yo, pobre de mí, buscando ayuda y alivio. Lo que no he entendido es que Tú ya me has dado el alivio a través de diversas medicinas y que el dolor que queda eres Tú, solo Tú. Tú no estás solo en el dolor, Tú sufres conmigo. Tú no permites el dolor en mi vida y te alejas para mirar desde lejos. No. Tú sufres cada desgarrón conmigo porque tú nos dijiste que cuando estuviéramos enfermos y alguno nos visitase, nos consolase, aliviase nuestra incomodidad, te lo harían a ti mismo. No necesito buscarte fuera de mi sufrimiento, no necesito explicar cada dolor. Tú lo sientes conmigo, estamos unidos, mi dolor es tuyo y tu dolor es el mío. Soy curado en el mismo instante en que siento el desgarrón, soy transformado cada vez que acepto una nueva oportunidad, soy más poderoso cuando soy más consciente de mi debilidad. Mis ojos, lentamente, se tornan hacia ti y recogemos nuestras lágrimas y las depositamos en el cáliz de la voluntad del Padre. El amor en tu corazón toca el mío y surge entonces una nueva fuerza en mí que hace que nos entreguemos juntos para la salvación de las almas. “Completo en mi cuerpo los sufrimientos de Jesús” (Col 1, 24). Tu presencia es tan cercana que no la veo, tu dolor está tan unido al mío que no puedo distinguirlo de mis sentimientos. Estás tan cerca, que a veces te pierdo de vista. Sin darme cuenta, te busco y no te encuentro. ¿Cómo puedo buscar a alguien que no está perdido, buscar a alguien que ya está presente, clamar a alguien que conoces todos mis pensamientos? Sí, mi dolor en verdad es solo la mitad de lo que es, es solo una pequeña porción. Tú lo cargas conmigo y de pronto, parece tan pequeño…

+


Mi Señor, muéstrame tu voluntad, mi fe tiembla a veces porque tu providencia solo se manifiesta en mi vida en pequeños instantes. Como las piezas de un mosaico gigantesco, solo veo una a la vez. No puedo ver o entender su posición o como se suma a la belleza de la obra completa. Cada pieza, por sí misma, aparece tan insignificante y su belleza de poca importancia. Debo confiar en que esta cruz, este dolor, esta incertidumbre y humillación son parte del mosaico que muestra mi vida y su ascensión hacia Ti. Pongo a aquellos que inconscientemente haya ofendido en tu corazón, te pido que los consueles y los ilumines, dales la paz y el entendimiento y que tu voluntad se haga en sus vidas así como en la mía.

+

Dios Padre, dame la gracia de entender como mi alma está hecha a tu imagen. La Voz pronuncia una Palabra y el Poder de esa Palabra crea el Universo. Tú, Dios Padre, eres la Voz, la Palabra pronunciada para siempre es Jesús y el Poder es el Espíritu Santo. Que mis pensamientos sean expresión de tu Palabra y que el Poder de tu Espíritu toque todos los corazones que escuchen esa Palabra. Las palabras humanas solo transmiten conocimientos y algunos mensajes, pero cuando mis pensamientos son compasivos y misericordiosos, las palabras que los expresan son humildes y bondadosas. Hay un gran poder en los frutos del Espíritu. Permite, Señor, que me haga a un lado y deje que el Espíritu exprese a Jesús en mí en este momento. Que tu vida trinitaria se manifieste en mi alma por mi amor al prójimo y por mi unión con tu Voluntad.

+


Las pruebas y ansiedades de la vida diaria son como una nube que vuelven mis pasos contigo duros e inciertos. Mi horizonte se despliega solo sobre mis propios pasos, las preguntas y las dudas revolotean en medio de mis pensamientos y hacen que las decisiones más claras se tornen difíciles. Entonces, tomo conciencia de que de alguna manera he permitido que yo, otras personas, y muchas cosas tomen posesión de mis pensamientos de modo que ahora todo es una confusión. He mirado hacia abajo y hacia algo, en vez de mirar hacia arriba y hacia ti. Mi alma solo se recompone cuando recuerda tus maravillas, tu silente presencia, una presencia que derrama luz sobre la pequeñez de tantas cosas que me turban. La profunda realidad de tu presencia en este momento y en mi alma, diluyen mis ansiedades y dudas. Concédeme poder mantener fijos mis ojos en ti y esperar siempre el cumplimiento de tu santa voluntad.

+


Oh! Dios, tu poder se hace manifiesto en la tormenta y tu belleza en el amanecer, y sin embargo no soy capaz de ver la obra de tu poder en las tormentas de mi vida y tu infinita bondad en las alegrías que le siguen. Parece que siempre es más fácil ver tu mano en la vida de otros o en la naturaleza. Mi fe es débil, Señor, acrecienta mi fe. Que tu Divina Presencia en cada momento sea tan visible para mí como la tormenta y la salida del sol. Que tu sabiduría descienda sobre mí cuando no entiendo el por qué o cuando no reflexiono en las pruebas de la vida. La injusticia me lleva al resentimiento, la persecución me lleva a la cólera, la falta de compasión conmigo mismo me lleva a la culpa, y todas estas cosas llenan mi alma cuando te pierdo de vista a ti, oh Dios. Llévame de la mano, guía mis pasos, inspira mi corazón para verte en todas las cosas.

 

Atrás
 



Bookmark and Share
Cortesía de:
Eternal Word Television Network
5817 Old Leeds Road
Irondale, AL 35210
EWTN Español



HOME - LO NUEVONOTICIAS - FE - TELEVISIÓN - RADIO
BIBLIOTECA - GALERÍA - AUDIO Y VÍDEO - GENERAL - DONACIONES


Condiciones de Uso - Política de Privacidad