El esplendor del Padre


 

EL ESPLENDOR DEL PADRE



Durante su vida, Jesús me dio muchos ejemplos de los atributos del Padre. Mostró Su misericordia cuando pidió perdón para sus enemigos, mostró Su Providencia cuando le confió que se hiciera cargo de los otros, Su amor y compasión cuando curó al ciego y a los leprosos; y Su poder cuando calmó la tormenta en el mar.

Por su vida, muerte y resurrección, ganó para mí la participación en los hermosos atributos del Padre. He sido llamado por el Padre a ser santo, se me ha dado la forma de ser santo por el Hijo y los medios me los da el Espíritu Santo. Y puedo reflejar estos atributos divinos de alguna manera cada día de mi vida.

Jesús me dijo que sea perfecto como mi Padre celestial es perfecto, lo que significa que debo compartir de manera finita todas sus perfecciones.

Esto es posible sólo porque Jesús se hizo hombre y tomó en su Naturaleza Humana estos atributos a través del Espíritu Santo. Me prometió que haría cosas más grandes que las que Él hizo (Jn 14,12), porque Él intercedería por mí ante el Padre y me enviaría su Espíritu para enseñarme todas las cosas.

Jesús me ha pedido que sea misericordioso como mi Padre es misericordioso, compasivo como Él es compasivo, que ame a mi hermano tanto como el Padre ama al Hijo "Un mandamiento nuevo les doy: que se amen unos a otros como yo os he amado" (Jn 13,34). "Como el Padre me ha amado, así os he amado a vosotros" (Jn 15,9).

A través de Jesús y en Jesús, he sido llamado a ser santo, con la misma santidad de Dios. Debo tomar estos maravillosos atributos y hacerlos parte de mi vida cotidiana, como hizo Jesús, para glorificar al Padre y transformarme en otro Cristo en la tierra.

Durante Su vida, Jesús fue absorbido por Su Padre. No deseaba nada distinto a la voluntad del Padre. Enseñó el amor del Padre y lo glorificó mediante todas Sus obras.

Jesús vio en mis miserias y debilidades y me dio su Espíritu Santo para enseñar, dirigirme y llenarme de gracia, dones y participación divina en Su naturaleza; que puedo compartir, de alguna manera, en la misma vida de Dios.

San Pablo me dice en 2 Cor 3,18 que debo reflejar a Jesús como si fuera un espejo.

Soy un espejo para mi hermano y en ese espejo debe verse reflejado Jesús. Si el espejo es borroso o distorsionado, el reflejo será vago y difícil de ver.

Debo conservar mi espejo lo más limpio y brillante que pueda para que el rostro del Señor se vea con claridad y nitidez, tan nítido que el espejo desaparezca y todo el mundo vea a Jesús y a nadie más.

Estoy llamado por el Padre a reflejar a Su Hijo, en quien el Espíritu Santo manifestó de manera visible los atributos invisibles de Dios.

Esto parece imposible excepto para el Mismo Jesús que dijo "Les he dado la Gloria que me diste, que sean uno como nosotros somos uno. Conmigo en ellos y contigo en mí, el mundo podrá darse cuenta de que fuiste Tú quien me envió y que los he amado tanto como Tú me has amado" (Jn 17,22-24).

El mundo sabrá que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios por el reflejo de Sus atributos en mi alma.

Debo ver lo que Dios es y mantener el espejo de mi alma limpio y brillante de modo que lo que vea y contemple pueda ser reflejado a mi hermano.

Si éste me ve ser misericordioso cuando me han ofendido, compasivo con las faltas de los otros, amable con todos, calmado en tiempos de tensión, amoroso cuando nadie ama de vuelta y lleno de alegría; entonces sabrá que Dios vive y que Jesús es Señor.

Durante Su vida, Jesús me dio muchos ejemplos de los Atributos del Padre. Reflexionaré acerca de cómo afectan mi vida y cómo puedo compartir su esplendor.

Los Atributos Divinos parecen afectar mi vida de distintas maneras. Algunos me llenan con tal esplendor y maravilla que mi alma parece elevarse sobre sí misma, sobre las cosas mundanas e insignificantes de la vida que le impiden elevarse.

El Padre me permite compartir otros Atributos como Misericordia, Compasión, Amor y Bondad y éstos me hacen más como Su Hijo.

Entre los Atributos que comparto -algunos parecen sólo para mí- están la Paz, la Tranquilidad, la Omnipresencia; y otros afectan a mi prójimo: la Justicia, Misericordia y Providencia.

Algunos atributos me mantienen atento a Su Presencia en Su Creación: Su Fuerza en el viento, Su Belleza en un amanecer, Su Esplendor manifiesto en las hojas que caen en Otoño y Su Inamovilidad en las montañas.

Estoy rodeado y permeado por Su Esencia y mantenido en la creación por Su Omnipotencia.

Mi vida queda realmente llena con Dios. Su Misericordia me conforta cuando caigo, Su Providencia cuida de mí cuando me preocupo, Su Bondad me hace bueno, Su Poder me sostiene, Su Amor me llena, Su Sabiduría es mi guía, Su Inamovilidad me da seguridad, Su Tranquilidad me calma, Su Majestad me llena con admiración, Su Belleza me fascina, Su Alegría me sostiene en el dolor, Su Luz ilumina mi camino, Su Omnipresencia me rodea como un manto, Su Inmanencia me llena completamente, Su Trascendencia está sobre mí como el cálido sol, Su Grandeza emociona mi alma, Su Unidad reúne todas las cosas en Él. Me pierdo como un átomo en el universo cuando me doy cuenta de que este Gran Dios me ama.

Su poder coloca una pequeña semilla en el campo, Su sabiduría establece su crecimiento, Su providencia la nutre, Su generosidad la hace dar fruto y Su bondad le da a ese fruto belleza, sabor y fragancia.

Su bondad le da una refrescante fragancia a la rosa, una impresionante belleza al atardecer, una agradable armonía a la música, distintos sabores a la comida y una variedad de texturas a todo lo que su Poder ha creado.

Cuando peco, Su justicia me hace temeroso, Su misericordia me da esperanza y Su bondad restaura en mí la gracia.

Su poder me ha creado, Su sabiduría me mantuvo en el vientre de mi madre, Su providencia me sostuvo, Su omnipotencia le dio un alma a mi cuerpo, Su bondad me puso en un mundo de belleza con una familia que me llenó de su amor.

Su belleza se manifiesta en las flores y en el campo, Su serenidad en la tranquilidad del mar, Su luz penetra en lo más profundo de mi alma y Su amor inmutable me envuelve.

Su omnipotencia se refleja en el gran tamaño y la gran distancia del solo, Su inmutabilidad en sus rayos y Su inteligencia en la multitud de maneras en las que los rayos me hacen bien.

Su sabiduría le permite ver cada detalle de mi vida, Su providencia me protege, Su misericordia me perdona, Su bondad obtiene cosas buenas de mis errores y Su alegría llena mi vida con muchos oasis para descansar y obtener valor. Mientras trabajo para obtener mi sustento, Su luz me da ideas, Su omnipotencia me hace creativo y Su omnipresencia me acompaña en las horas solitarias.

Su amor siempre está allí cuando no amo o no me siento amado, Su paz siempre está lista para llenar mi alma cuando estoy perturbado, Su justicia se hará cargo de las persecuciones que he sufrido y Su compasión me asegura Su amor.

Su sabiduría diseñó la creación, Su poder me dio el ser, Su providencia dispone y ordena todas las cosas en su debido lugar y Su bondad me lo da todo.

Oración

Oh Padre y Señor, Tus Atributos me hacen humilde y me llenan de Alegría. Que la contemplación de Tu Esplendor me eleve sobre las cosas que me llevan hacia abajo, haz que me dé cuenta de la dignidad que Tú me has dado y las alturas a las que me has llamado. Que la reflexión sobre Jesús en mi alma conmueva a mi prójimo y te dé Gloria. Amén

LA SABIDURÍA DE DIOS

Dios se conoce a Sí mismo y a cada cosa creada perfectamente. Ni siquiera una hoja delgada del pasto o el más pequeño insecto escapa a Sus ojos. La sabiduría no es parte de Dios como es parte de mí: es Dios. La Sabiduría es la mera Esencia de Dios.

No hay criatura, ni siquiera el más exaltado ángel, que pueda entender a Dios o tener perfecto conocimiento de Él. Sólo Dios se conoce a Sí mismo y la Sabiduría está en lo más profundo de Dios.

Dado que Dios se conoce perfectamente y sólo existe en Él, me conoce perfectamente.

Me conoce tan perfectamente que es imposible para Él conocerme mejor. Todas mis acciones, pensamientos y deseos los sabe.

Dios me conoce porque existo. Su constante pensamiento de mí permite que exista.

Dios realmente me conoce y por esa razón, yo soy.

Su sabiduría determina el camino de miles de mundos conocidos y desconocidos en el universo. Cada uno avanzando en el espacio a una velocidad fantástica, en la órbita descrita por Dios. Hombres y naciones van y vienen pero estas moles gigantes de Su sabiduría avanzan a una velocidad que podemos determinar al segundo.

Pienso que la creación es producto de Su poder, pero también es manifestación de Su sabiduría -desde el más pequeño animal hasta la flor más exótica de la jungla inexplorada- cada una de las cosas es una perfecta obra de arte, gritándole fuerte a mi alma la sabiduría y la gloria del Señor.

Mi propia alma es prueba de Su Infinita Sabiduría pues Él la creo a Su propia imagen y semejanza. ¡Qué maravilla para testimoniar! El más glorioso atardecer, el más escarpado de los paisajes y la belleza del océano se desvanecen en la nada en comparación con la Sabiduría de Dios como se manifestó en la creación de mi alma.

La sabiduría de Dios y mi sabiduría son polos aparte. Para mí, una cosa debe existir para que la pueda conocer, pero para Dios es diferente: Él debe conocerla para que pueda existir.

La sabiduría de Dios me conocía mucho antes de que existiera, me dio el ser y sostiene cada respiración de cada momento

Dios, que mantiene la existencia de todo, conoce cada detalle de Su creación: La conoce con claridad y sin confusión u oscuridad.

Ni el más pequeño insecto o molécula escapa a Sus ojos o a Su providencia.

No sólo conoce todas mis acciones sino cada uno de mis deseos y el latido de mi corazón. Nada se Le escapa y nada me sucede sin que Él lo sepa, permita u ordene.

Mi futuro está delante de él tan claramente como el presente. Más que eso, toda mi vida está delante de Él tan claramente y tan distintamente antes de que creara nada. Desde toda la eternidad me conocía y lo seguirá haciendo por todos los millones y billones de eras que están por venir.

La sabiduría de Dios es tan grande que también conoce exactamente lo que pensaría en cada posible circunstancia y situación; y me ha puesto en el estado de vida que resulta mejor para mi salvación.

Este conocimiento total se extiende a todas las criaturas, incluso a todas las criaturas que podría crear pero que nunca creará.

Un Dios Omnisapiente me ama

Consideración:

Puedo obtener un gran beneficio para mi alma cuando pienso en Su sabiduría. La contemplación de este atributo llena mi alma con asombro, reverencia y un profundo sentido de Su grandeza. Mi Dios no es un pequeño Dios sino, de hecho, un Dios grandioso.

Este atributo produce en las profundidades de mi alma una gran humildad y me doy cuenta de mi ser finito. Toda la sabiduría y conocimiento de todos los ángeles y hombres combinados son como un grano de arena de la playa comparados con el conocimiento y sabiduría del Padre.

Su sabiduría me produce una alegría interior y una gran paz cuando comienzo a entender que Él es maravilloso. Su conocimiento perfecto me conforta en tiempos de pena, me da paciencia en el dolor y seguridad cuando sé que puedo dirigirme a Él en cualquier momento, en cualquier lugar y hablarle como un amigo le habla a otro amigo.

Cuando me entristezco al pensar en lo que voy a dejar o en que puedo perder todas las cosas de este mundo, veo las cosas en relación a Dios y así puedo darme cuenta de su verdadero valor.

Tiendo a juzgarlo todo en relación a mí en vez de usar los ojos de Dios. No puedo juzgar todo sólo por sus buenas o malas consecuencias en mí. Tengo que trascender las apariencias y buscar la Sabiduría de Dios a través de los ojos de la fe y evaluar todo con los ojos de Dios.

Debo mirar a mi prójimo y apreciar el valor que tiene ante Dios a cuya imagen ha sido creado y no juzgarlo por los sentimientos que pueda generar en mí.

Oración: Oh Dios, permite que tu Sabiduría llene mi alma con humilde asombro y exultante alegría por Tus perfecciones.

Escritura

Oh Divina Sabiduría, en Ti está el Espíritu del Entendimiento: santo, uno, elocuente, activo, seguro, dulce, amando lo que es bueno, rápido, beneficioso, amable, seguro, con todo el poder, velando por todo, conteniendo todos los espíritus, inteligible, puro.

Eres más activo que todas las cosas activas y llegas a todo lugar y lo penetras todo por tu Pureza. Eres el vapor del Poder de Dios y una emanación pura de la Gloria de Dios y por lo mismo nada imperfecto viene de Ti.

Eres la brillantez de la Luz Eterna y del espejo sin mancha de la Majestad de Dios; y la imagen de Su Bondad. Y, al ser uno, puedes hacer todas las cosas y mantenerte siempre igual, lo renuevas todo en todas las naciones. Converges en las almas santas y haces amigos de Dios y los profetas.

Eres más hermoso que el sol y estás por encima de todas las estrellas, comparado con la luz eres la fuente de ella. Para las estrellas llega la noche, pero tú nunca eres vencido por el mal.

Llegas del principio al fin poderosamente y lo ordenas todo dulcemente (Sab. 7:22-30)

LA PROVIDENCIA DE DIOS

Es fácil identificar la Sabiduría de Dios con su maravillosa Providencia. La Providencia de Dios dispone y dirige todo para su propio Honor y Gloria y para la felicidad y bien de mi alma.

Toda su creación contribuye de alguna manera a mi bien. Miro el sol y descubro que contribuye a mi bienestar cuando pinta las flores de varios colores para mi placer, seca el barro para hacer platos, derrite la nieve para que los ríos tengan agua, evapora el agua a las nubes para que llueva sobre los campos y praderas. Su Providencia no sólo guía el camino de las galaxias sino que también determina la vida y la muerte de una bacteria en una gota de agua.

Lo ha creado todo y a todos por una razón, desde los ángeles hasta las gotas de rocío. Todo sin excepción lo ha visto y lo regula hasta el más mínimo detalle.

Cada situación en mi vida, incluso la más dolorosa, es ordenada por Su Providencia para mi bien.

Su Providencia es tan inmensa y tan poderosa que, aunque se encarga de toda la creación, abarca cada pequeño detalle de mi vida, hasta los cabellos sobre mi cabeza.

Su Providencia me cubre totalmente y no puedo moverme o vivir sin ella.

Dios mantiene el universo entero en perfecto orden para mi beneficio y placer y sin embargo Él busca descanso y placer en mi alma.

Se hace cargo de todo lo mío como si fuera la única criatura creada por Él. Cada faceta de mi vida es importante para Él. Nada es demasiado pequeño para Su interés o demasiado grande para Su Poder.

Nada escapa a Su Providencia porque sostiene toda la creación, animada e inanimada, en Sus manos, trabajando y arreglándolo todo para el bien de mi alma.

Su Providencia se extiende a los sufrimientos en mi vida, incluso los más dolorosos, pues Él pesa cada dolor en la balanza de Su Misericordia, acomodando a mis hombros la cruz que mejor puedo llevar.

La acción providencial de Dios está presente en cada evento humano, en mi vida, en mi país, en todo el mundo.

Todo lo que pasa es un mensaje de su cuidado providencial e interés. Su Providencia me protege de la libertad de Sus criaturas al permitir el mal y transforma ese mal en algún bien para aquellos que Lo aman.

Su cuidado providencial alcanza a las situaciones dolorosas y difíciles de mi vida, y por más incomprensible que parezca, las transforma para mi bien.

Su Providencia me da la oportunidad de levantarme luego de cada caída, con humildad y con mayor confianza en Su fortaleza.

Me ayuda a escoger lo correcto en el momento correcto, pero se queda a mi lado por si tomo la decisión equivocada.

Un Dios todo providente me ama

Consideración:

El Padre dispone y dirige todo para Su propio honor y Gloria y para mi bien. Su Providencia arregla el orden con el que Lo debo glorificar, la imagen de Jesús se vuelve más brillante en mi alma y la debo reflejar al Padre de vuelta.

El Padre ve a Jesús y mi alma comparte más y más la vida de Dios. Jesús me recordó esto cuando dijo: "Es para glorificar a Mi Padre que ustedes deben dar mucho fruto" (Jn. 15:8). "Todo lo mío es Tuyo (Padre), y todo lo que tienes es mío, y en ello Me glorificas" (Jn.17:10).

Todo lo que pasa en mi vida está ordenado o permitido por su Providencia para mi bien. Tal vez no entienda por qué algunas cosas ocurren, pero mi contemplación de Su Providencia me asegura que puedo confiar en Él en la oscuridad y saber que se encarga de mí como una madre cuida de su hijo.

Conoce mis necesidades, dificultades y deseos. Escucha cada uno de mis lamentos y ve cada una de mis lágrimas. Su Providencia me rodea completamente y, aunque no vea el final del camino, no debo temer porque "Su Providencia amanece antes del atardecer".

Oración: Sabio y Misericordioso Padre, tu Providencia me rodea y me dirige con cariñosa preocupación. Me das la humildad necesaria para ponerme completamente en tus manos.

Escritura

Señor, eres bueno y tu tierna misericordia está sobre todo lo que haces. Permítenos alabarte ¡Oh Señor! Abres la mano y llenas de bendiciones a toda criatura viviente, ejecutas tu juicio para los que sufren injustamente, y das de comer al hambriento. Le das paz a los afligidos y luz a los ciegos, levantas a los perdidos, amas a los justos, ¡Oh Señor!, curas a los que tienen el corazón roto y sanas sus heridas. Cubres el cielo con nubes y preparas la lluvia para los suelos. Haces que el pasto crezca en las montañas. Alimentas a las bestias. ¡Oh, Señor! Al reconocer tu Bondad todas las criaturas alaban y aclaman tu liberalidad (Salmo 144-145-146).

LA MISERICORDIA DE DIOS

El Padre me mostró Su Misericordia cuando envió a Su Hijo para construir el Puente entre Su Santidad y mi miseria.

Su Amor acoge mis debilidades y me perdona. Modela mi alma con amor y ternura cuando peco al darme una conciencia para discernir mi ofensa.

Perdona y cancela todas mis deudas cuando ve mi pena y escucha los quejidos de mi amor arrepentido.

No es suficiente para Él perdonar mis pecados cuando me arrepiento: Cubre mis heridas con la Preciosa Sangre de Su propio Hijo y hace de mi alma algo hermoso.

Quiere enterrar mis pecados y la carga de mis debilidades en el océano de Su Misericordia para que no quede rastro de ellos.

Miro el universo -vasto e inmenso- y aún así, con respecto a Su misericordia veo que es infinita.

Sólo tengo que decir "lo siento" con sinceridad para que Él dirija hacia mí todo Su perdón y compasión.

Su misericordia es atraída a mi miseria como un imán y envuelve mi alma como un escudo protector.

Su misericordia llega al grado de olvidarlo todo respecto a mis ofensas.

Cuando estoy arrepentido, Su Misericordia lo glorifica y el Cielo se alegra.

Sin importar lo horrendo que pueda ser el pecado, Su Misericordia alcanza tiernamente como un acto de pena y contrición.

Su Misericordia es tan grande que nunca podré comprender su alcance ni su tamaño.

Su Misericordia está limitada sólo por mi falta de confianza.

Me ha revelado su propia vida íntima al crearme a Su imagen y semejanza y luego ha elevado esa semejanza al compartir su propia naturaleza en el Bautismo.

Un Dios Misericordioso me ama

Consideración:

Soy el receptor de la Misericordia de Dios, y la mejor manera de mostrarle mi gratitud por eso es siendo misericordioso con mi hermano.

Encuentro difícil perdonar y olvidar, así que absorbo algo de Su misericordia al recordar que Dios es el primero en llegar a mí cuando Lo he ofendido. No me recuerda mi pecado, tampoco mis ofensas, Su Misericordia es vasta e infinita

Se coloca ante mí con gran compasión y sana todas mis imperfecciones con Sus perfecciones, mis debilidades con Su fuerza, mi frialdad con Su amor, mis frustraciones con Su paz y mi oscuridad con Su luz.

Al darme cuenta de mis propias debilidades y al contemplar Su Misericordia entiendo la miseria y las imperfecciones de los otros. No hay otro atributo en el que pueda participar, que imprima la imagen de Jesús en mi alma tan rápidamente como la Misericordia.

Cuando soy misericordioso, me parezco a Jesús, la perfecta imagen de la Misericordia y el Padre llena mi alma con gracias y devuelve misericordia por misericordia.

Oración: Padre Misericordioso, deja que tu Misericordia me envuelva y mantenme humilde a tus ojos.

Escritura

Oh Señor, eres compasivo y misericordioso, sufrido y abundante en Misericordia. No siempre estás molesto ni amenazas. No has tratado conmigo de acuerdo a mis pecados ni a mis iniquidades. De acuerdo a la altura del Cielo sobre la tierra, tu Misericordia sobrepasa mis méritos. Como un padre se compadece de sus hijos, así te compadeces de quienes te temen. Porque eres nuestro marco, nos recuerdas que somos polvo, pero tu Misericordia, Señor, dura de eternidad en eternidad para los que te temen. (Salmo 102:8-17).

DIOS ES AMOR


San Juan no afirma que Dios tiene amor sino que es Amor (1 Jn. 4:16). Puedo amar en varios grados, pero con Dios es diferente. Pensar en Dios es pensar en amor, llenarse de amor es llenarse de Dios.

Es difícil para mi mente finita comprender que lo que poseo es a Él.

Cuando amo a alguien le deseo todo lo bueno, agradable, placentero, duradero y hermoso. La cantidad de estas cosas buenas que le desee dependerá del grado de amor que inspira estos deseos. Una cosa es segura, al margen del grado, el amor desea difundirse al buscar y procurar el bien de los otros.

El Amor de Dios, como Él mismo, es Infinito y el bien que desea para mí es infinito -más allá de mis sueños más locos- es personal y totalmente mío.

Fue un acto del Amor de Dios lo que me dio la existencia y Su infinito Amor fue el que le dio a nuestra naturaleza, en nuestra alma, parte de Sí en el bautismo, de manera que puedo llamarlo Padre.

Atisbo el Amor Infinito cuando me doy cuenta de que el Padre entregó a Su único Hijo para llevar sobre Sí la humillación de asumir mi naturaleza humana, viviendo una vida laboriosa y muriendo una ignominiosa muerte -sólo para que pudiera estar con Él en el Reino.

Su Amor no se contenta con llamarme de la nada a la vida natural. Su Amor me eleva a una vida sobrenatural, una profunda unión con la Trinidad en mi alma.

El amor humano es hermoso y profundo, pero sé que nadie me ama como mi Dios, que fue capaz de sacrificar a su único hijo por el bien de un enemigo.

El Padre mostró Su Amor al crearme y al enviar a Su Hijo, el Hijo mostró su amor con su vida y con su muerte de amor por mi amor, y el Espíritu mostró Su amor al venir a la tierra como maestro y guía haciendo morada en mi alma.

El amor requiere igualdad, pero puesto que yo nunca podría alcanzarle, Él bajó a mi nivel para dejarme experimentar la satisfacción de ser el único objeto de Su Amor.

El ardiente amor de Jesús por mí ocultó Su divinidad, majestad y esplendor para darme el coraje de acercarme a Él y retornarle amor por Amor.

El amor de Jesús le hizo dejar la perfección, la dicha inigualable, y su majestuoso esplendor por pobreza, privación y oscuridad, por el Amor que me tiene.

Dios se ama sí mismo como la única fuente de bien, y me ama, no porque sea bueno sino porque Su Amor me hace bueno. El Amor de Dios es gratuito y sin cargo. Su amor es benevolente porque desea todo lo que es para mi bien.

El Amor de Dios por mí es beneficioso porque Él dirige, cumple y me da todo lo que es para mi bien.

Su Amor por mí no comenzó cuando fui creado. Me amó antes de que empezara el tiempo. A través de todas las etapas de la historia -antes de crear una estrella o algo de pasto- me conocía y me amaba.

Nunca se cansa de mostrarme su Amor al colocar las innumerables y pequeñas alegrías que cruzan por mi camino.

Mediante Su Revelación a los profetas y a los Apóstoles me reasegura incesantemente su Amor y su Misericordia.

Trata de colocar en mi mente, con las imágenes del Buen Pastor y del Padre del hijo pródigo, Su tierno Amor y compasión.

Un Dios de amor, me ama

Consideración:

Todos los atributos de Dios llenan mi alma con asombro y admiración pero ninguno la llena hasta rebasar como Su infinito Amor.

Si el amor se prueba con el sacrificio, entonces Él no me puede amar más allá de la entrega de Su único Hijo para que viviese y muriese por mí.

Su amor me da cada alegría y me permite todas las penas. Su Amor me lleva al consuelo y luego retira su Presencia sensible para purificar mi alma de toda búsqueda de mí mismo.

Su Amor me guía en cada situación difícil para asegurarme que todo está bien.

Debo devolver amor por Amor, y darle a mi prójimo aquellas cosas que no puedo devolverle a Dios como el perdón amoroso, la tolerancia amorosa y el amor cuando no soy amado.

Su Amor por mí siempre es infinito, nunca cambia, siempre entiende, constantemente busca el retorno del amor, y brilla cuando estoy arrepentido para asegurarme su perdón. Debo esforzarme por amar a mi prójimo como Él me ama, para de esta forma compartir más y más de este divino atributo.

Oración; Oh Señor, antes de que el mundo comenzara, me conocías y me amabas. Cuando el tiempo de mi creación llegó, me viste con todas mis faltas y pecados y aún así me amaste. Permíteme perderme en tu infinito Amor como una pequeña gota de agua en el océano, permite que pueda ser eternamente rodeado de tu Amor misericordioso.

Escritura

Permite que nos amemos uno al otro, ya que el amor viene de Dios porque Dios es Amor. El Amor de Dios por nosotros quedó revelado cuando envió al mundo a Su único Hijo.

Dios es Amor y todo el que vive en el amor, vive en Dios y Dios vive en él. (1 Jn. 4:9,10,16).

OMNIPOTENCIA (Poder)

El Poder de Dios está más allá de toda comprensión. Sólo necesita desear cumplirlo.

Su Poder es tan grande que Él puede hacer todo lo que desee, cuando lo desee, como lo desee, sin límite.

Sólo necesita desear que algo exista para que exista y no necesita esforzarse. Su Voluntad es suficiente para que algo sea.

Su Poder puede crear el más pequeño átomo o la más grandiosa galaxia, sin tiempo, esfuerzo, fatiga o materiales, basta su Voluntad para hacerlo.

La Palabra de Dios es siempre efectiva y produce lo que sea que exprese. Mis palabras, al contrario, no pueden crear nada; sólo puedo cambiar lo que ya es en algo más.

No hay nada imposible para Dios. Su Poder puede cambiar a un pecador en un santo, y obtener bien del mal, sin interferir en lo más mínimo en la voluntad del hombre.

Su Poder siempre es magnífico e infinito. Con ese Poder creó a los ángeles: Aquellas inteligencias supremas; y también creó los insectos más pequeños sin inteligencia, y ambas creaciones son una maravilla para atestiguar, cada una necesitó de su infinito Poder porque ambas fueron creadas de la nada.

Su Poder mantiene toda la creación existiendo sin dificultades y confusiones. Mantiene su curso sin esforzarse y sin fatiga.

Su Poder alcanzó y tocó la nada y generó toda la creación.

Dios por sí solo es omnipotente, por sí solo puede ver en la nada y hacer algo. Su Poder va más allá de eso, sostiene todo lo que crea mientras así lo desee.

Su Poder nunca llega a un máximo de perfección y luego decrece, siempre es completo. No importa que tanto se difunda en la creación, nunca decrece lo más mínimo, siempre es el mismo, ayer, hoy y siempre.

Fue un acto de la omnipotencia de Dios la que creó mi alma. Mis padres no tuvieron ni la más pequeña parte en su creación, ya que mi alma no tiene partes, no fue hecha en etapas. Fue creada instantáneamente por el Poder de Dios y nada más que por su Voluntad.

Fue necesario un gran Poder para crear una pequeña imagen de tan grandioso Dios, ya que mi alma muestra a la Trinidad. Mi memoria muestra al Padre porque, como Él, me conozco; mi intelecto muestra al Hijo porque, como Él, entiendo lo que sé; mi voluntad muestra al Espíritu Santo porque, como Él, mi alma puede escoger y cumplir. Poseo entonces tres facultades, cada una distinta pero perfectamente una. En mí, una creación finita, cada facultad trabaja con las otras para hacer una sola alma. En Dios, Divina Omnipotencia - cada una es una Persona: Padre, Hijo y Espíritu Santo: Un Dios.

Toda la creación muestra de alguna manera a las tres Personas cuyo poder la pone en movimiento.

Hay tres clases de vida: La vida vegetal disfrutada por los árboles, los arbustos, las flores y los frutos; la vida sensitiva que poseen los insectos y los animales; y la vida intelectual que comparten los ángeles, que son espíritus puros y el alma del hombre.

La Omnipotencia de Dios parece haberme creado como una composición de toda Su creación. Disfruto la vida en común con el mundo vegetal, comparto la vida animal porque poseo sentidos y tengo vida racional como la de los ángeles. Realmente soy el signo de admiración que Dios colocó al final de Su creación.

¡Un Dios Omnipotente me ama!

Consideración:

Este atributo me da confianza y seguridad. Me doy cuenta de que el Padre es tan poderoso que nada puede oponerse a Su voluntad, nada es tan difícil.

Con una palabra ha creado y es magnífico en todo lo que hace. Absolutamente nada es imposible para Él. Todos y todo lo que conozco tiene sus limitaciones. Sólo Él es ilimitado.

No sólo creó todo de la nada sino que sin su voluntad las cosas volverían a la nada de donde provienen.

Al darme cuenta de eso siento seguridad y estabilidad. Todos y todo estamos en sus manos, porque sin Él el sol no me calentaría al mediodía y la luna no me daría su luz en la noche, los frutos no crecerían de los árboles ni las flores brotarían, el agua nunca calmaría mi sed o la comida deleitaría mi paladar, la sonrisa de un niño no me emocionaría ni el apretón de manos de un hermano me confortaría el alma. Verdaderamente, Su Poder constantemente obra mi bien y me da alegría y felicidad, porque todas las cosas me vienen de Él.

Esta consideración será de gran ayuda si caigo en la tentación porque sabré que todo lo que logro lo consigo sólo porque me permite compartir su Poder. Jesús me recordó esto cuando le respondió a Pilatos luego de que éste le preguntara "¿Acaso no quieres hablarme? Seguramente sabes que tengo poder para liberarte y también para crucificarte". Le respondió Jesús: "No tendrías poder sobre mí si no se te hubiera concedido de lo alto".

Ya que la Escritura me recuerda que mis cualidades y mi autoridad viene de Dios, las usaré con humildad, amabilidad, gratitud, sabiendo que debo dar cuenta de mi manejo.

Oración: Oh Dios y Padre, Tú creaste todas las cosas de la nada, Tú las sostienes sin esfuerzo, las gobiernas sin fatiga, provees todo con tu abundancia que nunca disminuye. Descanso en tu Poder sabiendo que me has creado por Amor.

Escritura

Al principio, Dios creó los cielos y la tierra. Dios dijo "Hágase la luz y se hizo la luz". "Que haya una división en las aguas y que éstas se dividan en dos". "Que las aguas bajo el cielo se unan en el continente y que éste aparezca". "Que la tierra produzca vegetación: que germinen las plantas y que den fruto los árboles con sus semillas dentro". "Que hayan luces en el cielo que dividan el día y la noche". "Que las aguas bullan con criaturas vivientes y que las aves vuelen sobre la tierra". "Que la tierra produzca toda clase de ser viviente, ganado, reptiles y toda bestia salvaje". "Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra". (Gen. 1:1-27).

BONDAD


Dios es Bueno. Es El sólo Bueno y no porque posea la Bondad sino porque su ser infinito es bondad infinita.

Dios me comunica a mí y a mi hermano algo de Bondad. Debo recordar esto siempre y nunca envidiar a mi hermano, porque todas las cosas buenas que poseemos vienen de Dios.

Obtengo de esta fuente de Bondad todas las cosas buenas que deseo al unir mi voluntad a la Suya.

Su Bondad recompensa los deseos que mis esfuerzos no han logrado.

La Bondad pertenece a Dios y no puede ser disminuida ya que se difunde a todas Sus criaturas. Siempre es infinitamente Bueno.

Todo el mal en el mundo y en el infierno nunca disminuye su Bondad. Aunque rechace su Amor, su Bondad me sigue buscando hasta que me muera.

Su Bondad me elevó a mí, una criatura finita, a las Alturas de la Adopción Divina. Su Bondad me recompensa con lo que su Gracia logra a través de mí.

Todo lo creado por Él es bueno y Su Bondad está tan difundida que las cantidades, cualidades y dimensiones de Su creación sorprenden a la mente. La variedad de frutos, cada uno de los cuales tiene su propio sabor, tamaño y color; la variedad de flores, rocas, piedras preciosas -todo lo que ha creado sobreabunda.

Su Bondad vio mi miseria y por eso envió a su Hijo para redimirme, a su Espíritu Santo a santificarme y su Eucaristía para estar contigo hasta el fin de los tiempos.

Su Bondad me da música, amistad, amor, alegría, felicidad, éxito y todas las demás cosas buenas que cruzan mi camino para maravillar mi alma.

Su Bondad me hace reflexionar sobre Él en el intelecto del hombre, la inmensidad del universo, la variedad de criaturas y la belleza de la tierra.

Su Bondad es tan magnífica que logra cosas buenas del mal.

Un Dios bueno me ama

Consideración:

Con frecuencia es difícil para mí ser bueno porque encuentro que es difícil amar y la bondad emerge del amor. Es el fruto del amor y el efecto del amor. Amar es desearle el bien al otro, la causa de ese deseo es el amor y el fruto es la Bondad.

El amor es una disposición interior y se manifiesta en la Bondad. El amor de Dios no es pasivo sino activo. Constantemente me muestra que me ama de muchas formas, y mi amor debe responder con una conciencia de estas manifestaciones y con humilde gratitud.

Mi amor por el hermano, como el amor de Dios por mí, debe manifestarse haciendo todo lo que esté a mi alcance para lograr el bien de él.

Mi amor debe expresarse no solo alimentando a los pobres y visitando a los enfermos sino con el espíritu de amabilidad en el trato con los demás, con una actitud alegre, cortés con los jóvenes y con los ancianos, y siendo preocupado y reverente con las necesidades de los demás.

Oración: Dios Bueno, penetra mi alma con tu Bondad, que pueda irradiar tu Amor y tu preocupación por mi hermano. Dame la fuerza y el empuje que necesita para ser hermano de todos, y para que pueda hacer todo de manera que obtenga el bien que mi amor desea para ellos.

Escritura

Les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen. De esta forma serán hijos del Padre Celestial, porque Él hace que el solo se levante sobre los hombres Buenos y malos y que llueva sobre los honestos y los deshonestos. Porque si aman a los que los aman, ¿Qué derecho tienen a reclamar crédito alguno? Incluso los cobradores de impuestos hacen lo mismo? O no? Y si guardas tus saludos para tus hermanos, ¿Estás haciendo algo excepcional? Incluso los paganos hacen eso? O no? Entonces deben ser perfectos (buenos) como vuestro Padre Celestial es perfecto (bueno) (Mt 5:43-48). No se equivoquen en esto, queridos hermanos, todo lo que es bueno y todo lo que es perfecto se nos ha dado de lo alto (Jas 1:17).

DIOS ES INMUTABLE (No cambia)


Dios es infinito en todos sus atributos. No hay nada que deba ser añadido. Difunde sus perfecciones a sus criaturas y nunca disminuyen. No existe la alteración, ni la sombra ni el cambio. (Jas. 1:17).

Su Voluntad no cambia porque Él desea sólo lo que es bueno para mí. Incluso cuando le ofendo, Su Voluntad siempre desea mi bien, Su Amor espera una respuesta y Su Misericordia extiende perdón.

Dios es Amor y Él no puede cambiar. Me ama siempre y su amor es infinito.

Dios lo ve todo, pasado, presente y futuro como una pintura panorámica frente a Él. Siempre está ejerciendo Sus infinitos atributos en Su creación -sin que nunca disminuyan o añadan algo a Sus perfecciones.

Todas las cosas son vistas en una mirada del Dios infinito que nunca tuvo principio y que no tendrá final. Esta mirada que lo abarca todo, inmutable, no es estática sino activa y trabajando con la mayor vitalidad porque es perfecta en todo lo que logra.

Su ayer y su mañana están condensados en el hoy que no conoció inicio y que no conocerá fin.

La vida de Dios subsiste por sí misma y no depende de nada fuera de Él mismo, porque todas las cosas derivan de tu vida y existencia.

Su vida no está sujeta a ningún progreso pues es siempre perfecta. No hay sucesión de conocimiento en Dios pues Él conoce todas las cosas y nada puede ser añadido a su conocimiento.

En Dios no hay crecimiento en el amor porque su amor es infinito. No se vuelve más misericordioso con el paso del tiempo. En sí mismo es Misericordia.

El mal que sus criaturas cometen contra sí mismas y las ofensas que le hacen a Él no disminuyen Su Bondad para con ellos sino que sólo hacen que sea como un torrente que se derrama en el desierto.

No se hace providente debido a mis necesidades. Es providente antes, incluso, de manifestar mis necesidades.

Su sabiduría llega de extremo a extremo de su creación y no sólo la mantiene en orden sino que la mantiene existiendo.

Un Dios inmutable y eterno me ama

Consideración:

Soy limitado en todo lo que hago y siempre estoy cambiando. Mi mente, mi cuerpo, mis ideas, mis gustos y disgustos, sabores, mi conocimiento están sujetos a numerosos cambios durante mi vida. Es difícil para mi mente comprender ligeramente la naturaleza de un ser que es inmutable.

El mismo misterio de la naturaleza inmutable y eterna de Dios me da una sensación de seguridad y estabilidad.

Mi debilidad y fragilidad caen en la nada a la luz de entender que soy amado por Dios Eterno.

Su naturaleza inmutable encuentra su gozo en permitirme participar de su Eternidad al hacer mi alma inmortal, adoptándome como hijo; por los méritos de Jesús, y prometiéndome que resucitaré al fin de los tiempos.

Puedo creer y poner toda mi confianza en mi Padre inmutable.

Oración: Oh Dios, aunque los momentos en mi vida se sucedan unos a otros y esté lleno de incertidumbre y de dudas, encuentro consuelo en tu inmutable Amor, Misericordia, Providencia y Bondad. No estás satisfecho con que sea receptor de estos atributos. Me los das como míos, tanto como deseo poseerlos, en esta vida y para toda la eternidad. Aunque cambie con frecuencia, dame serenidad en el alma para que pueda navegar en el mar con la tormenta, anclado a tu Amor inmutable y eterno.

Escritura

El Señor es el Dios Eterno que creó los confines de la tierra. No dejará ninguna labor, ni nada escapa a su sabiduría (Mal. 3:6).

Eras desde antes, estabas en la fundación de la tierra, los cielos son el trabajo de tus manos, todo perecerá, pero Tú continuarás. Todo será como ropas que deben ser cambiadas. Las cambiarás y tus Años nunca tendrán final. (Salmo 102).

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb. 13:6).

'Él ha impuesto un orden en las obras magníficas de Su Sabiduría, Él existe desde siempre y para siempre (Ecl. 42:21).

Dura eternamente, Tu Palabra, Yahvé, es inmutable en los cielos, tu fidelidad dura de generación en generación (Salmo 119:89,90).

Omnipresencia. Dios es inmanente. Dios está en todo y en mí. Trascendencia. Dios está sobre todo

OMNIPRESENCIA

El atributo más consolador de Dios luego de Su Amor es la realidad de Su Presencia en cualquier parte mediante Su Esencia y Su Presencia en mi alma a través de la gracia y la Eucaristía.

El amor exige el acompañamiento del amado y Dios está conmigo siempre.

Dios debe sostener todo lo que crea, comunica la existencia a toda la creación. Como esto es cierto, debe estar presente cuando opera y por lo tanto, incluso en un pecador, Dios reside en sustancia, de otra forma, el pecador dejaría de existir.

Para observar su Presencia en la naturaleza, su Poder le da la vida y la belleza, para llenarnos de asombro ante su Grandeza.

Mi Dios no está satisfecho con que vea su Presencia en todo lugar (Omnipresencia) sino que ha previsto estar en mi alma a través de su Gracia (Inmanencia).

INMANENCIA


Todo Dios vive en mí. Vive en mí de una forma puramente sobrenatural, en lo más profundo de mi alma.

Esta presencia de Dios va más allá del sostenimiento de mi alma. Su Presencia en mí es una presencia de Amor y de Amistad.

Mi alma, en estado de gracia, lleva a Dios dentro de ella. Le conozco mediante la Fe, confío en Él mediante la Esperanza y me posee por el Amor.

San Pablo me dice que Dios habita en mí como en un templo. Esta Presencia me eleva de mi nivel natural a un nivel sobrenatural. Es el regalo de todos los regalos: Tener a mi Creador en el alma. El Padre vive en mí, el Hijo vive en mí y el Espíritu Santo también vive en mí.

Su Poder mantiene mi existencia, pero su inmanencia va más allá y me da la oportunidad de vivir en Él y a través de Él.

Jesús dijo: "El Reino de los Cielos está dentro de ti" (Lc17:21), esto quiere decir que sólo tengo que ver en mi alma para encontrarlo.

Jesús prometió que si hago la voluntad del Padre, Él y el Padre morarán y se manifestará en mí( Jn. 14:21).

Me ofrece Su amistad íntima y una vida de paz y alegría al vivir dentro de la cámara secreta de mi alma.

Su Presencia dentro de mi alma está escondida porque es espiritual y los frutos de esa Presencia tienen el poder de transformarme en hijo de Dios.

El poder de esta cohabitación Divina puede hacerme una nueva persona. Lentamente puede desapegarme de aquellas faltas y cosas en mi vida que me rebajan y me alejan de reflexionar en Jesús.

San Pablo explicó esto bellamente cuando dijo "No está lejos de ninguno de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch. 17, 28).

La Presencia de Dios en mi alma mediante su Gracia me coloca en un nivel de amistad en relación con Dios. Se presenta como Padre, como Amigo, como Invitado. Una profunda conciencia, recordar esta maravillosa verdad en la mente, me da toda la fuerza y el poder necesario para superarme y para vivir una vida sobrenatural, glorificando al Padre dando fruto en el Hijo con la fuerza del Espíritu Santo.

A menudo puedo entrar al santuario de mi alma -ese lugar secreto- para hablar con Él como un amigo habla con otro. Adorarlo como Señor y Dador de vida, alabarlo como el Único que es Santo, agradecerle por levantarme de ser nada a ser un hijo de Dios y hacer reparación de mis pecados mediante el amoroso arrepentimiento. Puedo hacer todo esto en las profundidades de mi alma, sólo con Dios, cuando sea y donde sea pues Él se digna vivir en mí.

No necesito levantar mis ojos sino bajarlos hasta mi corazón. No necesito elevar mi voz sino sólo susurrar un acto de amor. No necesito mirar a mi alrededor sino dentro de mí para encontrarLo.

El está "más cerca de mí que el aliento y más cercano que las manos y pies". Soy un templo vivo en el cual Dios habita, para manifestar Sus perfecciones a mi prójimo. A menudo debo callar los desvaríos de mi imaginación, los deseos desordenados de mis sentidos y el egoísmo de mi voluntad y entrar al interior de mi alma donde la fe es la luz en la oscuridad, la confianza es la esperanza de las cosas por venir y el amor es la posesión de un poder que me hace santo.

Mi alma es como un diamante que los sufrimientos y las pruebas de la vida cortan de muchas formas. La luz de la gracia de Dios entra en ese diamante y refleja la belleza para que todos la contemplen.

El diamante y la luz son de diferente naturaleza, uno es limitado y finito; y la otra es ilimitada e infinita. Sin embargo, el diamante y la luz juntos brillan con tal esplendor que están pensados para estar juntos. Mirarlos es mirar sólo la luz.

Con Dios en mi alma y por su gracia, me convierto en lo que soy por naturaleza: Hijo de Dios.

Toda la belleza del mundo es fealdad comparada con un poquito de gracia, un poco de Dios en mí.

Jesús vivió y murió para que participara de las perfecciones de su Padre. Su amor y su bondad contemplaron el misterio de mi existencia desde antes de ella y decidieron que me querían para siempre con Él en el cielo.

Pero, ¿Cómo elevar tal criatura, yo, en algo que nunca hubiera soñado o en algo que nunca hubiera merecido? Dios ejerce su Omnipotencia y se volvió débil, para poder llenarme de Su inmanencia y volverme grande.

Él vive en mí y puedo reflejar su propia vida y perfecciones para glorificar al Padre cuyos ojos ven a Jesús en mi alma.

Para conservar su imagen clara y reflejándolo en mi alma, Se entrega a Sí mismo a mí en la Sagrada Eucaristía como alimento. Debo participar de Su naturaleza más y más cada día si quiero alcanzar el amor de Jesús y ser un hijo del Padre.

Es fácil entender a un Dios que está en todo lugar y que ha creado todo por su Poder y Sabiduría. Pero va más allá de mi entendimiento que su Omnipresencia se hizo violencia para convertirse en ser humano y hacerse como yo. Su inmanencia se confinó a en un pequeño huésped para ser mi comida. Su infinito Amor prepara mi alma para transformarla en Él.

Sólo Dios me deja y está en mí al mismo tiempo. Su presencia física ascendió al Cielo pero su inmanencia me da su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad en la Sagrada Eucaristía. Cada vez que recibo este sacramento, cuyo poder va más allá de mi comprensión, recibo a Dios. La piscina de mi alma se hace más brillante su Divino reflejo se hace más radiante.

Sabía que mi fe dudaría a veces y que necesitaría algo tangible a qué hablarle y a quién mirar. Por esa razón se me dio a Sí mismo en la milagrosa presencia de la Sagrada Eucaristía: Como un amigo que necesito, como la Compañía cuando estoy solo, como la fuerza cuando estoy débil, como la fuente de alegría cuando estoy triste, como la paz en medio de la vorágine de la vida, como la fuerza para ayudarme a seguir adelante y la confianza para la lucha que está por venir.

Me ha dado Su Presencia en las Escrituras, para guiarme a lo largo del camino de la vida, para dirigirme por la senda correcta, para revelarme Sus atributos, Su Hijo y Su Espíritu, para alimentar mi alma con Su Palabra, para animarme cuando las cosas van mal, para mostrarme Su Voluntad, para asegurarme Su Perdón, para darme esperanza cuando todo parece perdido, para decirme lo mucho que Él me ama y para atisbar el Reino y la Gloria por venir.

Sería fácil si todos los que me encuentro fuesen como Cristo, pero esto no es así, y aún así Jesús me dice que todo lo que le hago a mi prójimo se lo hago a Él. La presencia de Dios en mi hermano es tan real que Él cuenta como hechas a Sí mismo, las cosas que le hago a mi hermano.

Debo ver Su Presencia en todos. En el pecador permanece en Esencia por el hecho de que le mantiene en existencia. En los cristianos permanece mediante la Gracia. No puedo juzgar cómo Dios está en mi prójimo pues yo sólo juzgo por apariencias mientras que Dios juzga el corazón.

Una cosa que debo tener en cuenta es que debo tratar a mi hermano como si tratase a Dios porque su Presencia, ya sea en esencia o por la Gracia, es infinita y Santa; y mi conducta debe determinar Su imagen en el alma de mi hermano en vez de fijarme en sus limitaciones.

TRASCENDENCIA


Así como empiezo a ver su Presencia en todo lo que me rodea y en el universo, en su Palabra, en mi hermano, en la Eucaristía y en mí mismo; debo entender también que aunque Dios está en todo lo que ha creado, todo lo que ha creado no es Dios. Está sobre todo como ser supremo.

Sólo el Hijo del Padre y Su Espíritu comparten Su naturaleza en igualdad y todo y todos los demás son reflejos de Sus atributos -creados para darle gloria y difundir Su Bondad.

No importa cuánto sepamos de Dios, Él trasciende todo mi conocimiento de Él. Mi conocimiento de Él nunca será total.

Por toda la eternidad continuará recibiendo nuevas luces y conocimientos sobre Él, que llenarán mi alma con asombro y la maravillarán.

Sin importar mi concepto sobre sus perfecciones, su misericordia y su bondad, todo será poco en comparación a lo que realmente es. Debo usar los símbolos en las palabras e imágenes para describir la trascendencia que mi mente no puede entender. Mi intelecto nunca estará satisfecho, nunca descansará mi conocimiento de Dios, porque Él trasciende todas las imágenes y palabras. Es infinito en todas sus perfecciones.

Mi idea de misericordia no es Su misericordia, mis ideas son de necesidades limitadas, como yo que soy limitado. Su misericordia está más allá de cualquier concepto humano. Si pudiera mantener esto en mente cuando fallo, nunca me sentiría descorazonado o desesperanzado.

Su Bondad no es mi bondad, porque mi bondad es limitada. Su Bondad es infinita, ilimitada, pura y absoluta.

Dios trascenderá todo lo que sé sobre Él y así será por toda la eternidad.

Es un pensamiento hilarante darse cuenta de que nunca podré agotar sus atributos o su infinitud. Estoy llamado a participar en estas perfecciones en el grado que yo desee. En el eterno ahora debo verlo en su maravilla, debo llenarme con su Amor, y debo aprender los nuevos y emocionantes misterios, nunca antes conocidos, sin agotar nunca la Fuente donde brota mi beatitud.

A diferencia de los héroes de la tierra, que siempre quedan cortos para mis ideales, Dios trascenderá eternamente todo lo que espero de Él. Si poseyera todo el conocimiento de Dios amasado por todas las grandes mentes y santos del mundo, sería sólo el inicio de lo que debo aprender.

Lo que hace que Dios sea Dios, es el hecho que va más allá de todo lo que pueda conocer sobre Él, y aún así, se revela a Sí mismo de manera verdadera, de manera que puedo participar en su misma Naturaleza.

Su poder cumple lo imposible, y su infinita Trascendencia me cubre con su Bondad. Viene a mí en su Inmanencia y me transforma en Jesús a través de Su Espíritu de Amor.

Un Dios que está presente en todo y que lo trasciende todo me ama

Consideración:

Debo hacer un esfuerzo para ser más consciente de la Presencia de Dios en todo lugar. Debo ver a Dios en su naturaleza y en su creación. Hay muchos vestigios de su Poder y de su Ser en todo lo que me rodea, pero seguirán perdidos mientras sea ciego a su existencia y belleza.

Puedo ser absorbido por mis propios problemas y dificultades al punto que la belleza y la paz a mi alrededor se pierdan en una masa de nubes imaginarias que me tienen encerrado en un pequeño mundo.

Debo mirar más allá de lo visible y ver la realidad invisible. Mi vida debe tener otra dimensión -una dimensión espiritual- para poder ver a Dios y su creación juntos y no separadamente.

La presencia de Dios en mi alma debe ser objeto de mi especial atención. No debo permitir que el misterio de esta presencia y mi incapacidad de entender cómo vive en mí, me prevengan de obtener el fruto de su maravillosa presencia. Humildemente debo volcar mi alma a adorar, para que el Padre viva en mí constantemente engendrando al Hijo y que del Padre y del Hijo proceda el Espíritu Santo. Debo vaciarme de mí, recordando durante todo el día, que todo el cielo vive en mí.

Esta presencia en mi hermano debe ser una ayuda para tratarlo como si tratase a Dios, pero necesitaré fuerza para ver a Dios en todos, y su presencia en la Eucaristía me dará más e Jesús para que sea paciente, amable y cercano.

Cuando veo su Trascendencia y las muchas formas en las que se presenta a mí, me doy cuenta del infinito amor que tuvo el poder de rebajarse a mi nivel, rodearme con omnipotencia, elevarme y sostenerme en sus brazos de cuidados paternales.

Oración: Señor y Padre, tu Hijo Jesús me da una prueba tangible de Tu Presencia en mi alma al darme a Sí mismo en la Sagrada Eucaristía. A través de los dones de Tu Espíritu, permite que esa Presencia dé fruto y que pruebe a mi hermano que Jesús es Señor.

Escritura

¿Dónde puede escapar de tu Espíritu? Dónde puedo evitar tu Presencia? Aunque escalase los cielos, estás allí también. Si volase al amanecer, o al horizonte del mar, tu mano todavía me guiaría, tu mano derecha me sostendría (Salmo139:7-10)

* * *

Debo pedir al Padre para que les dé otro Paráclito que se quede siempre con ustedes, el Espíritu de Verdad, lo conocen porque está con ustedes. Él está en ustedes.

Ese día entenderán que Yo estoy en el Padre, ustedes en Mí y Yo en ustedes (Jn. 14:17-21).

Haz tu morada en Mí como hago morada en ti. Como una rama no puede dar frutos por sí sola sino que debe estar pegada a la vid, tampoco ustedes darán frutos si no se quedan en mí (Jn. 15:3-5).

* * *

¡Alto sobre las naciones, Yahvé!

¡Su gloria trasciende los cielos!

¿Quién es como Yahvé, nuestro Dios?

¡Entronado tan alto, necesita ver el cielo y la tierra! (Salmo. 113:4-6).

Podríamos decir tanto y aún así quedarnos cortos, para ponerlo en breve, "ÉL ES TODO".

¿Dónde encontraremos suficiente poder para glorificarlo a Él, dado que Él es el Uno, el que está sobre todas sus criaturas, el Señor que inspira todo, grandioso, maravilloso en Su Poder? (Ec 43:27-29)

SU TIERNA JUSTICIA

Debo recordar que la justicia de Dios está en armonía con su misericordia. La justicia del hombre es dura y ruda, pero no así la de Dios.

Su Justicia exige Su Misericordia. Soy afortunado si el hombre me juzga con misericordia, pero Dios es Justo porque es misericordioso y es misericordioso porque es Justo.

Sabe de qué estoy hecho, sabe lo difícil que es ser hombre y los obstáculos que me impiden seguirlo a veces. Sabe que la luz y la gracia que he tenido y todos los talentos que me ha dado, sabe de mis circunstancias y mi inteligencia; y me juzga a la luz de la verdad perfecta. Me conoce mejor que yo mismo y su Justicia toma todo ésto en cuenta

San Francisco de Sales dijo alguna vez que prefería el juicio de Dios que el de su amada madre.

Como mi vida entera está ante Él, Su Justicia Le previene de castigarme inmediatamente después de la caída. Pacientemente espera apilando gracia sobre gracia, saliendo y llamándome a una vida mejor, a pesar de que mi debilidad a menudo lo decepcione.

Me ha dado libre albedrío y Su Justicia debe dejarme decidir y escoger, aún cuando mi elección no sea para mi bien. Pero la misma Justicia que me da libertad para hacer la elección equivocada está cubierta con Misericordia y saca todo el mal que mi debilidad podría haber sacado de mí.

Porque Dios es Justo, es que es compasivo. Me conoce tan perfectamente que Su Justicia demuestra compasión cuando mi prójimo, que sólo ve el exterior, está listo para condenarme. Su Justicia me excusa, me corrige y pacientemente espera hasta que mi vacilante voluntad se una a Él.

Su Justicia me da todo lo que necesito para vivir y lograr mi salvación. Si la vida y la sociedad me han quitado esos derechos y libertades, su Justicia me compensará por ellos en su Reino.

Aquellos que han sido privados de la vista verán cosas en el Reino que otros nunca llegarán a ver.

Pienso en Helen Keller (una mujer ciega y sordomuda que vivió a finales del siglo XIX y mediados del XX, que se convirtió en ejemplo a seguir para todos) y me doy cuenta de lo hermosa que es su Justicia para ella. Aunque en su vida ella no pudo ver, escuchar o hablar, cuando llegó al Cielo, el primer rostro que vio fue el de Dios, la primera voz que oyó fue la de Dios, la primera palabra que dijo clara y nítidamente fue "Dios".

Por difícil que haya sido su vida, la alegría del éxtasis en los momentos de éxito deben haberle hecho pensar en que los sufrimientos bien valían la pena.

Jesús me aseguró estos cuando me dio las bienaventuranzas. La Justicia del Padre le dará el Reino a los pobres de espíritu y a los perseguidos, a los puros de corazón y a los que trabajan por la paz se les llamará hijos de Dios, los amables heredarán la tierra, los que sufren serán consolados, los hambrientos y sedientos serán saciados y los misericordiosos tendrán misericordia. Verdaderamente su justicia hará todas las cosas correctas.

Su Justicia será generosa con aquellos a quienes se les ha dado poco, pero exigirá más a aquellos a quienes se les ha dado mucho.

Debo dejarle todos los juicios a Él. Yo sólo veo el exterior de mis hermanos y aunque piense que mi hermano pudiera ser mejor si tuviese más luces, Dios sabe la cantidad exacta de luz que él puede aceptar y Su Justicia califica a cada cual de acuerdo con su Voluntad siempre Sabia y Amorosa.

Dios no le exige al hombre que recibe un talento que produzca diez más, sería más Gloria para Él si así fuera, está satisfecho con que ese talento produzca intereses.

Cuando me desvío del camino correcto y su Justicia me llama a corregirme, siempre lo hace con amor y por amor. Todo lo que permite o toma de mí, lo hace por mi bien. Para purificarme y para mostrarme su amor y su perdón.

Tal vez pueda ver los rayos del sol otra vez para tener una idea de su Justicia. Los rayos del sol tienen distintos efectos en las cosas que tocan. Es la reacción del objeto la que genera el efecto, el rayo es igual. Los rayos endurecen algunos materiales y suavizan otros, alguno se solidifican y otros se derriten. Los rayos son los mismos, pero los efectos son los que varían.

Dios no pone un hombre en el cielo y otro en el infierno. Su Justicia desea que todos los hombres se salven; pero, así como brilla sobre todos los hombres y les provee en sus necesidades, los dirige en el camino; cada hombre responde de manera distinta. Algunos devuelven amor por amor, otros dan treinta, sesenta y cien de vuelta; pero otros rechazan amar a los demás excepto a sí mismos. Los constantes rayos de sol brillan en sus almas pero su orgullo les impide a amar a otros excepto a ellos mismos. Son autosuficientes pero rechazan los cálidos rayos de sol del amor de Dios y su Providencia.

Dado que Dios les ha dado a estas almas el libre albedrío, su Justicia exige que ellos puedan escoger o rechazar la única fuente de alegría y amor. Por eso algunos se salvan y otros no. Su amor desea que todos se salven, pero su Justicia no interfiere con el libre albedrío.

Soy afortunado porque su misericordia me cubre, siempre lista a olvidar y perdonar sólo con mi arrepentimiento y si me abandono en sus brazos providentes.

Un Dios tierno y justo me ama

Consideración:

Pensaré con frecuencia en su tierna Justicia y confiaré en sus juicios. Me entiende perfectamente y sé que puedo confiar en Él para que vea lo bueno que he logrado y aplique las correcciones que mis faltas y pecados merecen.

Como devolución de su Justicia perfecta para mí, estaré atento a no juzgar a mi hermano porque nunca podré estar seguro de sus motivos.

Las malas acciones de otros llegan a mi alma y necesitan de mis oraciones y de la luz de la Misericordia de Dios. Trataré de entender que soy capaz de todo mal y que sólo la gracia de Dios me protege de eso.

No canonizaré a los buenos ni condenaré a los malos, dejaré que la Justicia y la Misericordia de mi Padre amoroso recompensen a los otros de acuerdo a sus obras.

Oración: Santo y Justo Dios, me acojo a tu tierna Misericordia. Me conoces por completo y descanso contento con saber que cuando me juzgues, serás tú quien lo haga: Justo, Santo y Misericordioso.

Escritura

No le ofrezcan sobornos, no lo aceptará

No pongas tu fe en un sacrificio no virtuoso ya que el Señor

es juez

Quien no respeta a las personalidades

Él no muestra respeto de las personalidades en detrimento

de un hombre pobre

Él escucha la plegaria de la parte herida

No ignora las súplicas del huérfano o de la viuda mientras escucha su historia, las oraciones del hombre humilde que alcanzan las nubes

.... y el Señor no será lento

.... tampoco será dilatorio en su nombre

.... hasta que haya dado a cada cual según sus acciones y según sus intenciones, hasta que haya juzgado los casos de su gente y les permita regocijarse en su Misericordia.

La Misericordia es bienvenida en tiempos difíciles

como las nubes de lluvia en tiempos de sequía

(Ecles. 35:11-26)

OMNISCIENCIA (Dios lo sabe todo)

Dios conoce todas las cosas de manera perfecta. Conoce los pensamientos de cada ángel y de cada ser humano que ha creado o que va a crear, todos al mismo tiempo.

No existe el pasado ni el futuro en Dios. Todo es presente para Él. Lo ve todo clara, total y precisamente.

En este momento ve mi vida entera con todos sus deseos y ambiciones. Me conoce individualmente y no como parte de la inmensa humanidad. Me conoce tan íntimamente que sería imposible conocerme mejor. Mis aspiraciones secretas están ante Él y todos mis demás deseos que nunca he expresado en palabras.

También conoce todo lo que haría en toda posible circunstancia y en cada etapa de mi vida. No hay nada que me concierne que escape a su total conocimiento. Su conocimiento no solo es de mis acciones en las distintas circunstancias sino también todos mis pensamientos. Me conoce de cabo a rabo y aún así me ama. Me pregunto si podría tener un amigo que me ame con estas condiciones.

El Amor de Dios no depende de su conocimiento de mis cualidades. Su conocimiento perfecto de mí ejercita su Misericordia y su Bondad; y su Amor por mí es gratuito. Me ama por mí mismo porque conoce mis necesidades perfectamente.

Debo recordar la omnisciencia de Dios cuando medito en la vida de Cristo. Cada evento en la vida del Maestro está presente ante el Padre. Si pienso en Jesús en el Huerto de Los Olivos y lo veo en la soledad del alma, el Padre ve ese evento como me ve en este momento.

En la mente de Dios, su conocimiento de cada evento y mi presencia ahora, son todos uno al mismo tiempo. Como esto es verdad, puedo recordar esa escena, arrodillarme ante Él, tomar su mano, mirar en sus ojos llorosos y decirle que Lo amo.

¡Maravilla de maravillas! Me vio como soy y fue confortado por mi amor.

Debo recordar esto cuanto enfrente una situación difícil. Puedo volver y unir mi dolor y mis sufrimientos a los Suyos; y saber que fue confortado y luego es glorificado ahora por mi paciencia y gozo en el sufrimiento.

Es cierto que el infinito conocimiento de Dios de toda su creación no interfiere con su relación personal conmigo.

Me conoce como si no conociera a nadie más, y este conocimiento no disminuye porque conoce a millones y millones de otras personas.

No puedo pensar en más de una cosa al mismo tiempo, y si tratase, terminaría confundido y cansado. Es un pensamiento reconfortante saber que mi Dios posee todo el conocimiento al punto de que nada absolutamente puede ser añadido, y que él conoce todo sin confusiones ni fatiga.

¡Un Dios que lo sabe todo me ama!

Consideración:

Hallaré alegría al darme cuenta de que mi Padre conoce todo lo que hay que conocer. Jesús tomó parte de este conocimiento y sin embargo permitió que se le enseñara el oficio de carpintero por una de sus criaturas. El Espíritu Santo también toma parte de este conocimiento y aún así me da la capacidad y sólo cosas que puedo entender.

Esta es una lección maravillosa para mí. Dios, que conoce todas las cosas, es tan paciente con mi pequeño conocimiento y no espera más de lo que ha dado, es paciento incluso cuando ese poco no es utilizado.

Debo estar atento para no hacer sentir nunca a nadie inadecuado ni estúpido en mi presencia, especialmente si su coeficiente intelectual es inferior al mío. Tampoco debo rendirle pleitesía a aquellos cuyo conocimiento es grande, porque es sólo una partícula del conocimiento de Dios.

Oración: Padre que conoces todo, dame todo el conocimiento que necesito para ser cada vez más como Jesús. Permite que el Espíritu me enseñe cómo ser humilde, amable y paciente, para que el reflejo de tu Hijo sea más brillante en mi alma.

Escritura

Yahvé, tu me sondeas y tú me conoces

Sabes si voy de pie o sentado, calas mis pensamientos

Esté dormido o despierto, tú los conoces, tú sabes cada detalle de mi conducta.

Las palabras aún no están en mi lengua

Y tú ya las sabes completas

Yahvé, tú lo sabes todo

Estás cerca y estás lejos de mí, me sostienes con tu mano. Tu conocimiento está más allá de mi entendimiento, a una altura que mi mente no puede entender.

(Salmo 139:1-6)

Ha llegado hasta la profundidad del corazón

y ha visto sus maneras torcidas

porque el Altísimo conoce todo lo que existe, y ha visto los signos de los tiempos.

Declara lo que fue pasado y lo que será, y descubre los rastros de las cosas escondidas. Ni un pensamiento se le escapa.

(Ec. 42:18,20)

UNIDAD

Para entender a Dios en el grado más pequeño, debo mirarlo en partes; es decir, Dios es Amor, Dios es Misericordia, Dios es Providencia, pero en realidad, Dios es Uno. Él es todas esas cosas al mismo tiempo.

Cuando es misericordioso, es amante, providente, compasivo y sabio.

Cuando es providente, es misericordioso, amante, sabio y compasivo.

Es Uno es su naturaleza aunque está formado por Tres Personas. Es Uno en esencia y no hay nadie como Él.

Yo soy muy complejo. Estoy hecho de un cuerpo y de un alma. Mi cuerpo tiene muchas partes y cada una es diferente. Mi cabeza no son mis pies y mis pies no son mis brazos.

Mi alma, espiritual, también es compleja. Tengo varias facultades y atributos. La memoria, el entendimiento y la voluntad son facultades de mi alma. La compasión, la amabilidad y la misericordia son los atributos que poseo, pero en ninguno de estos casos podría decir, soy amabilidad o misericordia o etc. Simplemente poseo algún grado de estos atributos.

Es lo mismo con las facultades del alma: mi memoria no es mi voluntad, mi voluntad no es mi entendimiento. Cada una es distinta, cada una ejerce su propia función y cada una influencia mi vida de modo distinto. Ninguna de estas es el alma en sí misma, son sólo facultades del alma.

Nunca podría decir de mí, como sí puedo hacerlo con Dios, que soy amor. No, el amor me posee. Y de la misma manera tendría que hacer con las demás facultades como la compasión, la misericordia, la providencia, la sabiduría, etc.

Dios en su infinita bondad me permite compartir sus atributos y mientras más me parezca a Jesús, más tendré esas facultades. Serán mi posesión, y la fuente de esas facultades siempre será Dios, porque Él habita en mí.

Yo soy dependiente de Dios para todas las cosas, y mis necesidades son complejas, mientras que Dios es absolutamente Uno. No posee estos atributos. Él ES atributos. Constituyen Su mismo Ser. No es amante, es Amor; no es providente, es Providencia; no es sabio; es Sabiduría. Estas cualidades, llamadas atributos, no están en Dios ni son de Dios. Sus infinitas perfecciones son su misma sustancia.

Es difícil para mi mente finita comprender, pero la verdad es que Su amor, justicia, misericordia, bondad, sabiduría, etc. Todos son distintos nombres para su Esencia. Su divinidad.

Dios contiene en Uno todas las perfecciones de Su Ser. Todas las perfecciones en cada criatura que alguna vez nación están en Dios como una perfección. Siempre es el Ser amoroso, hermoso, gracioso y sabio.

Miro esas cosas separadamente porque Dios afecta mi vida de distintas maneras. Cuando estoy necesitado, es providente; cuando caigo, es misericordioso; cuando me siento solo, su presencia me conforta. Pero es un sólo Dios en esencia quien se manifiesta de muchas formas para cuidar de mí.

Dios es Uno y comparte su Ser conmigo porque Su Hijo Jesús me mereció este privilegio con su Vida, Muerte y Resurrección. Me envió su propio Espíritu para que llenara mi alma y para participar de sus maravillosos atributos.

Ser llamado a compartir la misma naturaleza de Dios, por su gracia, es verdaderamente un regalo de regalos. Puedo glorificar a Dios uniendo mi voluntad a la Suya, manifestándole a mi hermano la providencia de Dios, su amor, su amabilidad, su compasión y su misericordia que vive en mí.

En Dios no hay diferencia entre lo que Él es y lo que hace. Su infinito intelecto abraza toda la verdad a un tiempo.

Es simple y no tiene complicaciones. No puede haber error en Dios y no hay sucesión de pensamientos, sólo un pensamiento que lo envuelve todo.

Su voluntad, también, es un solo acto, siempre bueno, y sólo permitiendo que el mal actúe para obtener un bien mayor.

Imagina que existe un millón de océanos en un solo lugar. Está hecho de millones de gotas y sigue siendo un solo océano. No puedes decir que el agua es un montón de gotas separadas. La diferencia entre esta masa de agua y Dios es que por más gotas que me dé su océano de atributos, nunca se ve disminuido. Siempre es el mismo pero yo puedo crecer y crecer. Puedo recibir una gota de misericordia y compasión y tener amor y bondad.

No necesito ser desalentado porque las buenas cualidades que poseo son imperfectas. Mi alegría consiste en Sus perfecciones, no las mías. Mi felicidad descansa en ver Su ser absoluto, inmutable y no mis virtudes cambiantes. Mi serenidad está segura mientras contemplo el océano tranquilo y profundo de Su Inmensidad.

LETANÍA DE LOS ATRIBUTOS DIVINOS

Esencia Divina, que únicamente es santa, me inclino ante Tu Ser. Déjame compartir Tu Santidad.

Unidad y Simplicidad Divina, en quien no hay complejidad, hazme simple y sincero.

Eternidad Divina, sin principio y sin fin, dadora de inmortalidad, permíteme pasar al cielo contigo.

Bondad Divina, difusora de Ti en todos, hazme bueno y amable.

Sabiduría Divina, que diseñó la anchura y profundidad de la creación, hazme lo suficientemente sabio como para ver tu forma detrás de todo.

Poder Divino, creador y sustento de todas las cosas por un acto de Tu Voluntad, dame fuerza para lograr las cosas que quieres que yo haga.

Divina Providencia, cuyo manto cubre cada faceta de mi vida con amoroso cuidado, dame la confianza perfecta en que podré luchar por las necesidades de hoy sin preocuparme por mañana.

Conocimiento Divino, de quien nada se esconde y que nada olvida, déjame penetrar los misterios de Tu Ser para que pueda compartir Tu Vida.

Inmanencia Divina, que penetras todas las cosas y te rebajas para vivir en mí, déjame irradiar Tu Divina Inmensidad, que llena y contiene todas las cosas.

Divina Infinitud, que abraza todas las perfecciones posibles, permíteme compartir tus perfecciones para que mi hermano pueda verte en mí.

Divina Verdad, en quien no hay sombra de decepción, hazme sincero y honesto en mi trato con los demás.

Divina Luz, en quien todas las cosas son visibles, ilumina mi alma para que no viva en la oscuridad.

Divina Inmensidad, que llenas y contienes todas las cosas, poséeme por entero y que pueda ser todo para todos los hombres

Misericordia Divina, infinita e inconmensurable, déjame perdonar y olvidar con amor y compasión.

Paz Divina, siempre tranquila y serena en medio de la borrasca, permíteme mantener un espíritu tranquilo y ser lo suficientemente fuerte como para aceptar las adversidades con paz.

Alegría Divina, quien eres la fuente toda felicidad, dame esa alegría que ningún hombre me pueda quitar.

Divina Justicia, que juzgas todo a la luz de la verdad con ojos de misericordia, permite que no juzgue a mi hermano sino que le dé el beneficio de la duda.

Divina Inmutabilidad, siempre la misma e inmutable, haz que no sea vacilante y que no deje el camino de la santidad

Divina Omnipresencia, detrás de mí, delante de mí y alrededor de mí, permite que vea Tu Rostro para que toda tu creación me hable de tu belleza.

Divina Compasión, paciente y comprensiva, permíteme ser compasivo con las necesidades de mi hermano y le dé mi amor y mis obras.

¡Oh gran Dios! en quien todas las perfecciones son infinitas e inmutables, Te adoro, te alabo, te glorifico y te amo. Mi corazón rebosa de alegría al contemplar tu belleza y esplendor. Me regocijo porque eres perfecto y santo; deseo participar en tus perfecciones al grado que pueda darte la máxima gloria.

Deseo olvidarme en la contemplación de Tus atributos, y Te pido que me llenes con estas perfecciones cada día más y más, que pueda irradiarlas e irradiar a Tu hijo a través de tu Espíritu Santo

Amén

 

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