En alabanza de la bondad


Cuando los historiadores observen retrospectivamente a este siglo XX verán, principalmente, dos grandes cosas: adelantos en la ciencia y gran pecado. En ningún otro momento, el hombre ha dado semejantes zancadas gigantescas hacia adelante y retrocedido al mismo tiempo. El aspecto de este fenómeno, que deja perplejo, es que pasa inadvertido para tantos. Con respecto a nuestro balance retrospectivo, hemos ido más allá en los años pero, hemos alcanzado niveles animales. Al mismo tiempo, nos hemos atrevido con una tecnología en la que se puede apretar un botón y dirigir un misil a miles de kilómetros, enviar voces a distancia en los haces de un láser y fotografiar desde satélites.

El impacto de semejante adelanto-retrógrado viviente, rasga y echa a un lado la identidad de la naturaleza humana que Dios nos ha dado. Nos parecemos a computadoras, intelectualmente, y a animales, emocionalmente. Somos como niños jugando. Sólo la diversión está comprometida en nuestra meta. Cuando la diversión se ha ido, o bien cambiemos juegos o dejamos nuestros manejos con una aburrida mala cara a la espera de la próxima ilusión por venir.

El letargo es otro mal de nuestros días. Hay muchos que no son culpables de hacer algo malo, sino muy culpables por pecados de omisión, no hacen el bien o cosas buenas, ni palabras atentas, ni pensamientos compasivos ni actitudes esperanzadoras que podrían haber tenido, hacia su vecino. Esto promueve una falta de celo por la Iglesia y el Reino de Dios. A primera vista uno podría pensar que esto no es importante, pero es. Sin este poder interno que nos hace esmerados en los hechos, incansables en nuestros esfuerzos para cambiar, firmes en nuestros principios cristianos, nuestra fe y nuestra moral, estamos expuestos y somos vulnerables a toda clase de tentación mundana, doctrina falsa y deseo malo. Somos como "cañas agitadas por el viento," sin propósito, meta o celo.

San Pablo bosqueja una imagen gráfica de lo que pasa cuando nos permitimos seguir en esta moda apática y sin objeto.

"Ellos conocieron a Dios y aún así, rechazaron honrarlo y darle gracias como Dios; en cambio hicieron cosas sin sentido, fuera de lógica y sus mentes vacías se oscurecieron. Cuanto más sabios se creyeron, más tontos se volvieron". (Rom. 1:20,21) Las consecuencias de la inercia espiritual son trágicas y San Pablo vio estos resultados así como los vemos hoy. "Dios los abandonó," (les dijo a los romanos), "a sus prácticas sucias, a pasiones degradantes, a comportamientos monstruosos y estúpidos en toda clase de depravación, codicia, envidia, malicia, hombres que cambiaron el contacto sexual natural y se consumieron con pasión entre ellos mismos, difamadores, rebeldes a los padres ... los cuales, conociendo la sentencia de Dios, que quienes tales cosas hacen son dignos de muerte, no sólo los hacen, sino que aplauden a quienes las hacen". (Rom. 1:26,32)

Esta carta de Pablo parece el periódico de hoy. Los tiempos no han cambiado, pero sí debía de haber cambiado. Los seres humanos todavía insisten en mantenerse en un nivel degradante de desenfrenadas pasiones y vicios, pero Dios anhela hacer ahora lo mismo que antes: inspirar al cristiano para ir contra las tendencias de hoy y ser virtuoso.

El hombre del mundo actual, pregona que el pecado y su práctica, es una parte del vivir moderno, pero eso no es moderno. Se regresa a Adán, Eva y la tentación por desear conocer y experimentar lo malo. El problema con este viejo engaño es que el conocimiento del mal eclipsa el deseo por el bien. El mal, lentamente adorna el alma con finos hilos de seda de indulgencia por uno mismo. Mientras cada hilo toma dominio, es sólo cuestión de tiempo para que el alma quede sorda, muda y ciega a la virtud, a la bondad y a Dios. Es así que el resto de la carta de Pablo se convierte en realidad porque ellos son "sin cerebro, honor, amor o piedad."

El hombre puede y racionaliza sus pecados. Encuentra razones para toda su debilidad, inventa excusas que primero calmen y después apaguen su conciencia. Él culpa a Dios, a la sociedad, a la educación y al entorno de su proceder equivocado. Si su conciencia le permite sobrevivir a esta barrera de razonamiento, se permite entonces la amplia excusa de vivir los conceptos modernos de moralidad y superioridad intelectual por encima de aquéllos que vivieron antes que él. Este último tipo de excusa, suministra el soplo de muerte final a su conciencia. La aceptación del pecado por la mayoría, conduce al alma dentro de los ilimitados dominios de la propia indulgencia. El respeto humano, razón ésta imperfecta, se rechaza para avanzar la aceptación social. Todas esas flaquezas que fueron una vez controladas por la oración y la gracia de Dios, abatieron el alma como un tornado en un vacío campo turbulento, rondando y rondando, extirpando las flores de la virtud, el fruto de trabajo duro y la tierra de bondad. El alma se vuelve un laberinto de sueños arruinados, de torcidas metas y aplastadas ambiciones. Es ahora que el alma se esclaviza, finalmente, por desenfrenadas pasiones y el silencio oscuro de desesperadas caídas.

"Cuando la autoindulgencia está trabajando," Pablo escribió a los Gálatas, "los resultados son obvios: fornicación, grosera indecencia e irresponsabilidad sexual; idolatría y hechicería; feudos y discusiones, celos, mal genio y riñas; discordias, facciones, codicia, embriaguez, orgías y cosas similares". (Gal. 5:19-21) Aquí vemos a la naturaleza humana en su peor expresión, en cada inclinación por placer. No pensamos, a menudo, en desacuerdos, discordias, mal genio, riñas y celos como una debilidad de la autoindulgencia, sino cuando miremos más estrechamente encontramos al egoísmo, como la base de estos pecados. Nos volvemos engreídos, tercos, demandantes y dominantes. Esto es poner énfasis y aprecio en la satisfacción de nuestros propios sentimientos y razonamientos y querer acaparar, completamente, las tres facultades del alma, dentro de sí mismos, dejando a Dios y al vecino fuera. ¿Cuál es el remedio para semejante condición de corazón y alma? ¿Es posible en este mundo de autoindulgencia tomar una posición contra la tendencia general? Sí, Jesús vino para este mismo propósito. El Espíritu que Él nos envió y la gracia que Él mereció por nosotros, pueden darnos el valor y la fuerza para resistir al mundo y a todas sus tentaciones.

San Pablo, cuando le habló a los Colosenses sobre su impureza, codicia y malos deseos les dijo, "ésta es la manera en que ustedes vivían cuando fueron rodeados por pueblos que hacían la misma cosa, pero ahora, ustedes de entre todos los pueblos, deben dejar estas cosas: el enfado, el mal carácter, el rencor, el lenguaje injurioso y la conversación sucia ... Ustedes han dejado su comportamiento viejo con su ego viejo, y han obtenido un nuevo ego que progresará hacia el conocimiento que se renueva en la imagen de su Creador". (Col 3:7-11)

Qué grande es la misericordia de Dios. Él no sólo nos busca para arrepentirnos, sino, nos da una completa y nueva creación dentro de nuestras almas. Tal cambio lo produce la chispa del arrepentimiento, el alma se desarrolla dentro de una clara imagen de su Creador, desde una vida de aflicción, desesperación, esclavitud y culpa, a una de alegría, confianza, libertad y autodominio. La oscuridad cede a la luz, la pasión a la virtud, la tristeza a la alegría.

Somos bien conscientes del efecto del mal en nuestras almas. Quizás necesitamos meditar en la necesidad de la bondad, así podemos escoger el rumbo correcto y cumplir el propósito de nuestra creación.

Memoria Limpia - Pureza De Corazón

La facultad del alma que llamamos Memoria es una de las que más trabaja por el mundo, la carne y el diablo. La Memoria es como una computadora que guarda todo aquello que atraviesa los cinco sentidos. Toma estas impresiones y las intensifica por la imaginación y los resultados pueden ser trágicos, si no estamos discerniendo. Jesús les dijo a Sus discípulos, "es desde adentro, de los corazones de los hombres que surgen las malas intenciones: fornicación, robo, asesinato, adulterio, indecencia, orgullo, necedad. Todas estas malas cosas vienen de adentro y hacen sucio a un hombre". (Mr. 7:17-23)

Debemos tener mucho cuidado con lo que permitimos entrar en esta computadora, porque no puede borrarse fácilmente. Hoy el mundo no ha dejado nada abierto para alcanzar el dominio del nivel de memoria de cada hombre, mujer y niño. Dondequiera uno va, hay una barrera de maldad que busca ser guardada en la memoria.

Carteleras, avisos, televisión, periódicos, radios y canciones cada vez más y más engranan hacia "la irresponsabilidad sexual, la violencia, el prejuicio, la desobediencia y la rebelión". Todo lo cual se guarda en la memoria, siempre listo para que el Enemigo lo saque, lo ponga ante nosotros y nos tiente a actuar, más al nivel de animal, que al nivel de la razón. Si nuestra Fe en Dios es débil, nuestra esperanza vacila y nuestro amor por Él, se enfría. Nos volvemos presa fácil para los ataques del mundo, la carne y el diablo. Ésta es la razón por la que tantos hombres, destinados a ser hijos de Dios, descienden a niveles degradantes, viven sólo para el placer y raramente hacen aquello que ES razonable. Jesús describió esta condición cuando El nos pidió que juzgáramos a un árbol por sus frutos. "Las palabras de un hombre manan de aquello que llena su corazón. Un hombre bueno deduce cosas buenas de su archivo de bondad; un hombre malo deduce cosas malas de su archivo de maldad". (Mat. 12:34-37)

Como niños de Dios, es nuestro feliz privilegio irradiar la bondad de nuestro Padre. Esto hace necesaria la obligación de ver que nada entre en la facultad creada a Su imagen, que de alguna forma destruya o tergiverse esa imagen.

Nuestra Memoria debe ser compasiva hacia aquellos que nos han herido para que no alberguemos resentimientos, libre de cualquier recuerdo que nos haga perder nuestro propio control. Tal como el frasco vacío, que sólo puede verter con lo que, a su vez, le hemos llenado, nuestros principios cristianos y nuestra fidelidad en seguir a Jesús llenarán esta facultad de cosas buenas tal como pensamientos de perdón, comprensión compasiva y pureza de corazón. La esperanza reemplazará a la desesperación y la alegría a la tristeza, el aire fresco de la gracia de Dios sustituirá el hedor asqueroso del mal, así como la basura de malos pensamientos se desintegra ante el fuego de Su Amor.

Intelecto Limpio - Pureza de Mente

Lo que sea con que nosotros nutrimos a nuestra Memoria es absorbido por nuestro Intelecto. La razón separa, divide, analiza, forma opiniones y toma decisiones. Aquí determinamos nuestros valores y prioridades. Si nos permitimos solamente mantenernos en un nivel de Memoria, entonces nuestros valores descienden, casi a un nivel de "instinto" o fijamos nuestras metas en valores populares, insignificantes o imaginarios. Vemos todo desde una perspectiva egoísta; juzgando a cada cosa solamente por su efecto sobre nosotros, trabajando para nuestro propio bien y teniendo poco o nada de estima para nuestro vecino. Cruelmente, la desobediencia y la descortesía toman posesión de una facultad que nos fue dada por Dios para elevarnos sobre lo animal. Como resultado, el hombre puede hacer cosas que los animales sin razón, nunca harían.

Jesús vino para que pudiéramos vivir en un nivel más alto, el nivel de Fe. Él se volvió hombre y padeció la crueldad de otros hombres, para que nosotros nos alzáramos por encima de este mundo y siguiéramos en Sus pasos. Él quiere que vivamos, no por las cosas que nosotros vemos, sino por las cosas que nosotros no vemos. Él nos dijo que Su Padre era nuestro Padre; Su Espíritu vive en nuestras almas. Su Amor está preparando un lugar para nosotros en la Casa de Su Padre.

No necesitamos tenerle miedo a las pruebas, el sufrimiento, la pobreza o el dolor porque Él las tuvo todas y las venció. Él nos dio las Bienaventuranzas para seguir y estas se alzan sobre nuestra razón humana. Él nos dijo que el "pobre en espíritu poseería un reino" mientras la razón humana dice que ellos no poseen nada. Él dijo el "manso heredará la tierra" pero la razón dice que ellos la pierden y sólo el violento posee la tierra. Él prometió que aquéllos que "se lamenten a causa de sus pecados serían confortados" pero la razón dice que no es útil llorar por lo pasado. Aquéllos que tienen sed por la santidad serían satisfechos, Él lo dijo a los apóstoles, pero la razón humana dice que es mejor buscar ganancia terrenal, en el aquí y el ahora.

Al "misericordioso" se le prometió misericordia y al "puro de corazón" la visión de Dios, pero la razón humana dice que usted puede exagerar el perdón y la pureza es una virtud del pasado.

Él tuvo a los "pacificadores" en alta estima, los llamó "los hijos de Dios" pero la razón humana llama "entrometidos o necios" a quienes se involucran en el negocio de otras personas.

Para el mundo, la más "irrazonable beatitud de todas es aquella donde Jesús espera a Sus seguidores para "regocijarse y alegrarse cuando ellos sean perseguidos y abusados por Su causa pero su premio, sería grande en el Cielo". (Mat 5:1-12) El mundo no puede aceptar una pérdida como ganancia. Es fácil ver que si nosotros vivimos, exclusivamente por la razón humana, nos hundiremos profundamente a través de mil razones legítimas para vivir una esclavizada vida miserable. Sólo esas Beatitudes gloriosas nos levantan por encima de nuestra razón humana, a la libertad de hijos de Dios.

Un intelecto limpio, Pureza de voluntad

Mientras nuestra Memoria nos presenta el qué escoger y nuestro Intelecto discierne cómo y por qué, es la Voluntad, la que logra, realiza y hace. Este poder puede decir sí o no, incluso a Dios. Es un poder imponente, dado por un Dios Imponente. Cuando la Voluntad va, el alma va y eso es por que nosotros vemos a Jesús que, constantemente, nos dirige al logro de la Voluntad del Padre por encima de la nuestra. Su propia vida sólo fue vivida para hacer la Voluntad del Padre. Él anunció que la voluntad es Su "alimento". Él estaba ansioso por cumplirla y nos dijo, una y otra vez, que Él "sólo hizo lo que Él observó al Padre hacer y sólo dijo lo que Él oyó al Padre decir". (Jn. 5:19, 8:28)

Él nos prometió que si nosotros hiciéramos la sagrada y perfecta Voluntad del Padre, seríamos como "madre, hermano y hermana" para Él. (Mat. 12:50) Él no nos obligará a que le demos esta preciada posesión, Él la quiere de nosotros, libremente y por amor. Es solamente el mundo, la carne y el Enemigo que acostumbran a usar la fuerza para poseer nuestra Voluntad. Para lograr esto, el mundo usa las tentaciones, la carne usa las pasiones y el Enemigo usa el engaño. Todas estas seducciones son poderes que presionan y fuerzan la voluntad del hombre en dirección del mal. La mente está confundida e imposibilitada para ver, claramente, la opción correcta. Sólo Dios le permite al hombre escoger libremente, presentándolo con gracia, luz y amor, todo lo cual produce la claridad del pensamiento y de la mente, tan necesarios para una elección prudente. Hay mucha confusión, ansiedad y frustración presentes en el alma, cuando la voluntad es influenciada a través de mal.

El logro de esa Voluntad Santa no siempre es fácil, no fue así, incluso para Jesús. Sin embargo aunque dificultoso, podemos ciertamente, estar seguros que es menos difícil que la frustración de escoger cualquier otra voluntad. La opción del mal sobre el bien siempre es más penosa, que el dolor momentáneo, del autodominio.

Fuimos creados por causa del Amor, a través del Amor y con la finalidad de amar. Estamos fuera de lugar y no encajamos cuando intentamos ser algo distinto de lo que fuimos creados: seres buenos, amorosos, alegres, compasivos, bondadosos, comprensivos, puros y santos "santos como nuestro Padre celestial es santo". Creceremos en Esperanza mientras nuestra Memoria esté llena de misericordia y creceremos en Fe mientras nuestro Intelecto esté lleno de humildad. Entonces, nuestra Voluntad, unida a la Suya, crecerá en Amor " brillando virtuosa como el sol en el Reino de su Padre" (Mat.13:43).

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Cortesía de:
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