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Pelagia
(+ 468) y Tais (+ 348), penitentes
La antigüedad cristiana se alimentó con el encanto de
estas dos historias que de algún modo llevan al corazón
cristiano la añoranza de la inocencia perdida y animan a la
vuelta. Es un consuelo encontrar en la tierra los rastros de
quienes, habiendo sido presa del desarreglo, de la mala vida
que por algún tiempo juzgaron como buena, del desorden y la
lejanía de Dios, pues, mira... resulta que han sido gente que
se salva. Sí, son una gran luz en la oscuridad que alienta la
esperanza de los que somos más, de los pecadores. Estas
actitudes están personificadas en Pelagia y Tais.
Pelagia.
Se la presenta como una de las más insignes pecadoras del
mundo, allá por la segunda mitad del siglo V. En Antioquía -este
era el escenario de sus danzas sensuales y altaneras- se la
llamaba "Margarita" que es la traducción de "gema",
quizá porque, en ocasiones, lo único que cubría las carnes
de la extrahermosa eran collares de perlas.
Tuvo, en el marco de la Providencia, la suerte de toparse,
en el año 453, con Nono, anacoreta de Tabenas, sacado de allí
para hacerlo obispo de Edesa y trasladado a Heliópolis de
Siria, que por el momento participaba en un concilio
provincial convocado por Máximo. Bastó oírlo para que Dios
la moviera a sincera conversión, pidiera el bautismo y
cambiara sus danzas, sus máscaras y abalorios por la
penitencia. Termina el relato de su historia diciendo que murió
penitente en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, en el año
468, disimulando con un máscara su condición de mujer, habiéndose
hecho llamar Pelagio.
Tais.
Fue anterior a Pelagia en el tiempo y en los oficios. Se
educó como cristiana, pero la vida, sus encantos, el acoso de
los finos, el hambre de placer y el atractivo de las riquezas
estropearon tanto la acción de la gracia que pareció no
conocerla. Vive entre el lujo y la prostitución de Alejandría.
Refiere la narración que Pafnucio, el del desierto de
Tebaida, la recordaba de años atrás y sentía dolor, más
que quien tiene una astilla clavada en el cuerpo, por la
perdición y escándalo de la cristiana. Sus penitencias
dieron resultado. Provocó un encuentro con ella y fue el
instrumento de Dios para el cambio de Tais. Ahora está
deshecha en lágrimas, implora el perdón del maestro, le
ruega su oración impetrante, recurre a la misericordia de
Dios y pide que se le imponga penitencia. Muere penitente
reconciliada por los años 348 y se le honra en las Menologías
griegas tal día como hoy. Es patrona de Alejandría y se la
representa arropada con ricas y coloreadas sedas, con un
espejo, símbolo de la coquetería, y una gargantilla de
perlas que representan sus riquezas mal adquiridas.
Las dos son una delicada muestra que realza la misericordia
del Señor.
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