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Esta
es la santa patrona de Alsacia (una provincia muy famosa de Francia,
que tiene como capital a Estrasburgo). En aquellas tierras se ha
tenido enorme devoción a Santa Otilia, por más de 1,000 años. Y
su historia es bien interesante.
El
señor feudal que gobernaba Alsacia en el siglo VII era Aldarico.
Era un pagano recién convertido al catolicismo, y no muy bien
convertido aún.
Aldarico
deseaba mucho tener un hijo varón, pero he aquí que lo que le
nació fue una hija, y ciega. El hombre se llenó de cólera y
mandó que su hija fuera expulsada muy lejos de su castillo. La
pobre niña fue llevada a un lejano convento de religiosas, las
cuales la educaron lo mejor que pudieron, en la religión de Cristo.
La
niña crecía ciega pero he aquí que un día llegó al convento el
obispo San Erardo, el cual había tenido un sueño en el que se le
ordenaba que fuera a esa casa de religiosas y bautizara a una niña.
Le presentaron a la cieguita y el santo al bautizarla le puso el
nombre de Otilia, que significa: "luz de Dios". Y al
administrarle el sacramento le dijo: "que se te abran los ojos
de tu cuerpo, como se te han abierto los ojos de tu alma", y la
niña recobró milagrosamente la vista.
El
santo obispo fue donde el papá de Otilia a pedirle que la aceptara
en su casa ya que era hija suya, pero el otro no quería de ninguna
manera. Afortunadamente el hijo varón y hermano menor de Otilia,
Hugo, intercedió ante su padre, y éste aunque de muy mala gana,
permitió que la muchacha volviera al castillo, pero más como
sirvienta que como hija.
Y
sucedió que Aldarico empezó a notar que su hija era tan santa, tan
caritativa, tan bondadosa con todos, que se encariñó grandemente
con ella y la quiso con un amor fraternal que nunca antes había
sentido.
Y
el papá se propuso casarla con un gran señor alemán para que
llegara a ser una princesa muy importante. Él no sabía que Otilia
cuando estaba viviendo con las religiosas se había propuesto
dedicar su vida entera a la oración y a las obras buenas, y a ser
una religiosa. Cuando ella supo que su padre estaba resuelto a
obligarla a casarse, se vistió de sirvienta, y así disfrazada
huyó del palacio; un barquero la llevó al otro lado del inmenso
río y ella siguió huyendo por los campos.
Aldarico
envió a sus soldados a buscarla por todas partes y cuando la joven
vio que se acercaban ya sus perseguidores pidió a Dios que la
protegiera, y vio en una roca una hendidura, y ahí se escondió y
nadie logró verla.
Entonces
su padre, lleno de remordimientos por su actitud, mandó publicar un
decreto por medio del cual perdonaba a su hija y le permitía que se
hiciera religiosa. Ella al oír tal noticia volvió al castillo y
Aldarico le regaló un convento en una alta montaña para que se
fuera allá con las demás jóvenes que quisieran ser religiosas. Y
allí se fundó el convento de Otilburg.
Otilia
y sus compañeras se dedicaron a la oración, a los trabajos
manuales y a atender a los centenares de pobres que llegaban a pedir
ayuda. Otilia se dedicaba a socorrer a los enfermos más repugnantes
y abandonados. Y fundó un hospital para ellos.
Al
fin, Aldarico al darse cuenta de la gran santidad de su hija dispuso
con su anciana esposa vivir los dos como monjes y convirtieron su
castillo en un convento, dirigido por Otilia. Y allí murieron
piadosamente. La santa se dedicó a ofrecer misas, limosnas y
oraciones por el alma de su padre, y tiempo después en una visión
le fue dicho que por sus misas y oraciones y obras de caridad, el
alma de Aldarico lograba salir del purgatorio.
Después
de dedicarse por muchos años a la oración y a prestar ayudas a
enfermos y pobres, Otilia descansó en paz en el año 720. En su
sepulcro empezaron a obrarse milagros, y toda aquella región de
Alsacia la proclamó como patrona.
Todos
los emperadores alemanes desde Carlo Magno (año 800) le rindieron
homenaje.
El
papa San León IX y el Rey Ricardo I de Inglaterra fueron en
peregrinación a visitar su tumba.
Todavía
se conserva una fuente de agua que la santa hizo brotar con su
oración, cuando en el convento no había nada para beber. Y con esa
agua se bañan los ojos muchos enfermos de la vista y consiguen
admirables curaciones.
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