
San Ezequiel
Profeta
(598 a. de C.)
Ezequiel significa: "Dios es fuerte".
Oración
San Ezequiel profeta,
pídele a Dios que nunca se nos vayan a olvidar los males que nos pueden venir si
desobedecemos las leyes del Señor y que siempre recordemos con gran provecho los inmensos
bienes que vamos a conseguir si permanecemos fieles al amor de nuestro Dios y obedecemos
sus divinos mandatos.
Historia
Ezequiel era hijo de
un sacerdote y él también fue sacerdote (recuerden que en el Antiguo Testamento en
Israel los sacerdotes se casaban). Fue el profeta encargado por Dios para animar al pueblo
cuando los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia.
Durante 22 años predicó al pueblo de Israel en el desierto. Dios le avisó que muchos no
le iban a hacer caso: "No querrán hacerte caso a ti porque tampoco quisieron hacerme
caso a Mí, porque tienen cabeza orgullosa y corazón terco. Pero no les tengas miedo,
pues yo te doy una voluntad aún más fuerte que la de ellos y tan dura como el
diamante", dijo el Señor.
Al principio Ezequiel predicó en Jerusalén, avisando a las gentes que si no dejaban su
vida de pecado vendrían terribles castigos y la destrucción de la ciudad. No le hicieron
caso y llegó el rey Nabucodonosor y destruyó la ciudad de Jerusalén y se llevó
prisioneros y desterrados a sus habitantes. Incluyendo a Ezequiel.
En el desierto este gran profeta mantiene viva la fe de los deportados y los anima
constantemente a confiar en Dios. Les enseña que este castigo no significa que Dios los
haya abandonado, sino que los quiere purificar y volver mejores.
Dios le habló a Ezequiel por medio de visiones muy misteriosas. Junto al río Quebar se
le aparece el Señor en un carro de fuego llevado por cuatro seres vivientes los cuales
tenían forma de león, de toro, de águila y de hombre (el león significaba valor, el
toro, la fuerza, el águila, la elevación hasta muy alto, y el hombre, la inteligencia).
Esto significaba que toda la creación representada por los cuatro seres, le servirá y le
obedecerá al Creador.
Dios también le presentó en visión un campo lleno de esqueletos. Le mandó darles una
bendición, y los esqueletos se llenaron de carne. Le ordenó darles otra bendición y los
cuerpos adquirieron vida y resucitaron. Y Dios le dijo: "Esto es lo que voy a hacer
con mi pueblo. Ahora están como muertos y desamparados, pero yo les daré nueva vida y
los llenaré de bendiciones".
En otra visión Ezequiel contempló que una carroza bellísima donde viajaba la gloria de
Dios se alejaba de Jerusalén y se dirigía hacia Babilonia. Con esto el Señor le
anunciaba que iba a abandonar por un tiempo a esta famosa ciudad y así sucedió. Unos
años después Jerusalén fue destruida. Más tarde vio el profeta que la carroza con la
gloria de Dios volvía otra vez a Jerusalén. Con esto se le anunciaba que la ciudad santa
iba a ser reedificada otra vez y allí se le seguiría dando gloria a Dios. Y así
sucedió. El pueblo desterrado volvió a Tierra Santa y en Jerusalén se volvió a
construir el templo y a darle allí gloria al Señor.
A Ezequiel se le murió la esposa y Dios le dijo: "No llores ni lleves luto, porque
con esto les quiero avisar que cuando les destruyan la ciudad no les van a dar tiempo para
dedicarse a lamentaciones". Todo sucedió de esa manera.
Un día le dijo Dios: "Échate al hombro el bulto con toda tu ropa y tus utensilios
de trabajo y sal por la ciudad como quien viaja para el destierro. Y si alguno te pregunta
qué significa eso, les dirás que eso es lo que a ellos les va a suceder si siguen
pecando: tendrán que irse al destierro con sus ropas y sus utensilios al hombro".
Todo sucedió después, tal cual como Dios se lo había anunciado.
En una visión le dijo el Señor: "Le voy a mostrar cómo será en el futuro la
religión verdadera de mi pueblo". Y le mostró un río pequeño. El agua apenas
llegaba hasta las rodillas y se podía atravesar fácilmente hasta el otro lado. Luego el
río creció y el agua ya llegaba hasta la cintura. El río siguió creciendo y ya el agua
llegaba hasta el cuello y era difícil atravesarlo. Al fin el río creció tan
inmensamente que no se podía atravesar. Y sus aguas refrescantes regaron todos los campos
de las orillas los cuales se llenaron de árboles llenos de muy buenos frutos y llegaron
las aguas al Mar Muerto (que es super salado y espeso y no tiene vida de ninguna clase) y
cambiaron aquellas aguas y las volvieron muy aptas para la vida, y se llenaron de peces. Y
Dios le explicó que este iba a ser el futuro de la Santa Religión: iría creciendo poco
a poco hasta regar el mundo entero y llenar todas las regiones de frutos de buenas obras y
convertir aquello que antes era maldad y daño, en algo provechoso y lleno de bondad. Y
así ha sucedido, gracias a Dios. La religión crece cada día más y más, y sus frutos
de virtudes y de obras buenas, son maravillosos. Y muchos ambientes que eran como el Mar
Muerto se volvieron llenos de vida espiritual, gracias a la religión.
Las gentes decían desanimadas: "Nuestros antepasados fueron los que cometieron las
maldades y ahora somos nosotros los que las tenemos que pagar". Pero Dios le dijo a
Ezequiel: "No es así como dicen. Cada uno paga por sus propias maldades". Y le
añadió una noticia muy importante: "Si uno que era malo se vuelve bueno se
olvidarán sus antiguas maldades y se le premiará por la vida virtuosa que empieza a
vivir. Pero si uno que era bueno se vuelve malo, se olvidará lo bueno que hizo antes y se
le castigará por sus maldades". |