San Eustaquio van Lieshout
Año 1943
|
Nació
en Aarle-Rixtel (Países Bajos), en la diócesis de Hertogenbosch, el 3 de
noviembre de 1890. Fue bautizado el mismo día, con el nombre de Humberto.
Era el octavo de once hermanos de una familia muy católica, en la que
cada día se rezaba el Ángelus y el rosario. Se asistía a la celebración
de la Eucaristía no sólo los domingos sino también muchas veces entre
semana. En casa había un ambiente de serenidad y trabajo, así como de
mucha solidaridad entre los hermanos. De niño, Humberto, asistió a la
escuela de las Hermanas de la Caridad de Schijndel y después a la del
maestro católico Harmelinck.
De carácter jovial y sociable, era muy apreciado tanto en casa como
fuera. Pronto sintió la llamada al sacerdocio, por lo cual quiso hacer
estudios secundarios, contra el parecer de su maestro, que no lo
consideraba dotado para ello. Su padre lo quería para las labores del
campo. Humberto logró, finalmente, que su padre le permitiera estudiar.
Fue a Gemert para asistir a la escuela secundaria y allí permaneció dos
años. Habiendo leído la biografía del padre Damián de Veuster, decidió
entrar en la congregación de los Sagrados Corazones. Ingresó en 1905 en
la escuela apostólica que esa congregación tenía en Grave y allí
continuó los estudios de secundaria. A pesar de las dificultades que
encontraba en los estudios, especialmente en las lenguas, se esforzó
mucho y los profesores lo animaron, dada su voluntad y su disposición
para la vida religiosa misionera.
Terminados los estudios secundarios, el 23 de septiembre de 1913, fue
admitido al noviciado, que en aquel tiempo se encontraba en Tremeloo (Bélgica).
Tomó el nombre de Eustaquio, con el que se le conoce desde entonces.
Ante la invasión alemana de Bélgica en aquel año, tuvo que regresar a su
casa. Esta situación duró poco tiempo y pudo continuar el noviciado en
los Países Bajos, haciendo su profesión temporal el 27 de enero de 1915
en Grave (Países Bajos) y la profesión perpetua el 18 de marzo de 1918
en Ginneken (Países Bajos). En 1916 concluyó los cursos de filosofía y
durante los años 1916-1919 hizo los estudios teológicos en Ginneken. Sus
profesores, admitiendo que no estaba muy dotado para las cuestiones
metafísicas, sin embargo consideraban que iba adquiriendo una buena
visión teológica y un buen criterio en las cuestiones de práctica
pastoral. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1919.
Ejerció el ministerio en su patria durante cinco años. El primer año lo
pasó en Vierlingsbeek como asistente del maestro de novicios. Los
superiores, motivados sobre todo por su piedad y estricta observancia de
la Regla, lo dedicaron al ámbito de la formación. Luego pasó dos años en
Maasluis en el servicio pastoral a los obreros del cristal que eran
valones de lengua francesa y se habían refugiado en los Países Bajos.
Con ellos demostró un gran celo apostólico, que fue reconocido por el
Estado belga, el cual lo condecoró por sus servicios a esa minoría.
Por último, durante dos años ejerció el ministerio en Roelofarendsveen
como vicario del párroco, p. Ignacio Herscheid. Aquí su actividad fue
muy intensa con las organizaciones parroquiales, así como en el
confesionario y en la asistencia a los enfermos. En el mes de diciembre
de 1924 fue enviado a España para aprender español, ya que en principio
pensaban destinarlo a una misión en Uruguay; sin embargo, después fue
enviado a Brasil. El padre Eustaquio deseaba ser misionero y ese deseo
se vio cumplido cuando se erigió la provincia de los Países Bajos y el
nuevo provincial, p. Norbert Poelman buscó una misión en América Latina
para la provincia naciente.
El p. Eustaquio llegó a Río de Janeiro el 12 de mayo de 1925. Trabajó
como misionero durante dieciocho años en Brasil, diez en Agua Suja, seis
en Poá y los dos últimos años de su vida, breves estancias en varias
casas de la Congregación: Río de Janeiro, Fazenda de San José de Río
Claro, Patrocinio, Ibiá y, por último, en Belo Horizonte como párroco de
Santo Domingo, donde murió el 30 de agosto de 1943.
El 23 de abril de 1925 partieron de Amsterdam el p. Norbert Poelman,
provincial, con los tres primeros misioneros para Brasil: Gilles van de
Boogaard, Eustaquio van Lieshout y Mathias van Roy. Llegaron el 12 de
mayo y tuvieron que esperar hasta el 15 de julio para tomar posesión de
la parroquia de Agua Suja, que actualmente se denomina Romaría, en la
diócesis de Uberaba, en la región conocida como "Triángulo Minero". La
parroquia tenía el santuario diocesano de Nuestra Señora de la Abadía.
En principio el p. Eustaquio colaboró como vicario, asumiendo la
atención pastoral de la parroquia de Nova Ponte y sus capillas.
Posteriormente, a partir del 2 de marzo de 1926, fue nombrado párroco de
Agua Suja. Era una parroquia donde la gente se dedicaba fundamentalmente
a la búsqueda del oro en las orillas del río Bagagem. Dada la
incertidumbre de los resultados de aquellos trabajos, la situación
económica y social era difícil. El p. Eustaquio se dedicó plenamente a
sus feligreses y trató de atenderlos tanto física como espiritualmente.
Su empeño por mejorar las condiciones humanas y religiosas de aquella
población dio buenos frutos. Especial dedicación prestó siempre a los
pobres y a los enfermos, produciéndose ya entonces algunas curaciones
por su medio.
El 15 de febrero de 1935 tomó posesión de la parroquia de Nuestra Señora
de Lourdes de Poá, en la región metropolitana de São Paulo. Recibió
también el encargo del cuidado pastoral del barrio de San Miguel
Paulista, actualmente sede de la diócesis. Si la parroquia de Romaría
era difícil no lo era menos la de Poá. A su llegada carecía de templo
parroquial, con problemas con las sectas espiritistas y bastante
indiferencia entre la gente. El p. Eustaquio se dedicó de nuevo con gran
celo a visitar a las familias, los enfermos, los pobres, los niños, así
como a la organización parroquial. A partir de 1937 su apostolado asumió
una connotación particular: el don de curación por intercesión de san
José. Especialmente orientó esta actividad a fortalecer la fe del pueblo
y a liberarla de la tendencia a la superstición. Es entonces cuando su
fama comenzó a extenderse por el país y de todos lados comenzaron a
llegar personas que querían verle y obtener por su medio el favor de la
curación. La afluencia de la gente era cada vez mayor, llegando a pasar
por Poá unas diez mil personas al día. Dadas las limitaciones de aquella
parroquia para admitir tanta gente, la autoridad civil comenzó a
intervenir y posteriormente los superiores se vieron obligados a
trasladar al p. Eustaquio. Una vez recibida la orden de sus superiores,
actuó prontamente y salió de Poá el 13 de mayo de 1941.
Los dos últimos años de su vida constituyeron una verdadera
peregrinación. En todos los sitios a donde llegaba, incluso tratando de
esconderse de la gente, había personas que lo buscaban para pedirle
ayuda, consuelo y curación. En Río de Janeiro permaneció unos quince
días y también allí hubo grandes concentraciones de personas que lo
buscaban. De nuevo fue trasladado, esta vez tratando de ocultar su
destino. De hecho permaneció con otro nombre, p. José, en la Fazenda de
Río Claro y allí se dedicó a la oración, a la lectura y también a
atender a los ochocientos colonos de la factoría. Algunos obispos y
sacerdotes, a pesar del carácter incógnito de este tiempo, le
solicitaron bendiciones y oraciones para los enfermos, cosa que realizó
con el permiso de sus superiores.
Del 13 de octubre de 1941 al 14 de febrero de 1942, fue enviado a
Patrocinio. Allí pudo ejercer de nuevo el apostolado en forma pública
con algunas condiciones. En cualquier caso también allí por su medio
hubo numerosas conversiones. Después fue trasladado a Ibiá, en Minas
Gerais, como párroco una vez más, ya que parecía que la situación se
había estabilizado. Después de tres meses en los que pudo ejercer
serenamente su actividad parroquial, los superiores creyeron conveniente
trasladarlo como párroco a Belo Horizonte, a la parroquia dedicada a los
Sagrados Corazones. Allí permaneció desde el 7 de abril de 1942 hasta su
muerte.
Además de todas las actividades parroquiales ordinarias, cada día
recibía a unas cuarenta personas en el confesionario, que llegaban a él
provistas de un billete, como habían dispuesto los superiores para
evitar concentraciones. Especialmente se ocupaba de las confesiones de
los enfermos. Ante las peticiones de otras parroquias, acudía con
presteza y escuchaba muchas confesiones. Ciertamente todos lo
consideraban un verdadero misionero y un santo.
El 20 de agosto, atendiendo a un enfermo de tifus exantemático, él mismo
contrajo la enfermedad. En principio se le diagnosticó una pulmonía,
pero después se constató que se trataba de esa grave enfermedad, que por
entonces era incurable. Consciente de la proximidad de su muerte y
habiendo pronosticado él mismo que se produciría en pocos días, se
preparó a ella con la oración y la recepción de los sacramentos. Los
testigos afirman la gran fortaleza con la que afrontó aquella situación
hasta el final. Sus últimas palabras, dirigidas al p. Gil, fueron:
"Padre Gil, ¡Deo gratias!"; diciendo esto, expiró.
Tomado del sitio web
www.vatican.va
|