Julio 13
San Enrique
Emperador
Año 1024
En verdad que es difícil encontrar gobernantes
de una santidad como la de este gran Emperador.
Que Dios nos mande muchos jefes de nación como San Enrique.
Enrique significa: "Jefe Poderoso"
Este es el único emperador declarado santo por la Iglesia Católica.
Tuvo la gran suerte de pertenecer a una familia sumamente religiosa. Su
hermano Bruno fue obispo. Su hermana Brígida fue monja. La otra hermana, Gisela, fue la
esposa de un santo, San Esteban, rey de Hungría. Y la mamá de Enrique lo confió desde
muy jovencito bajo la dirección de otro fervoroso personaje, San Wolfgan, obispo de
Ratisbona, el cual lo educó de la mejor manera que le fue posible.
Un aviso que lo llevó a la santidad:
Al poco tiempo de haberse muerto su gran maestro, San Wolfgan,
vio Enrique que se le aparecía en sueños y escribía en una pared esta frase: "Después
de seis". Él se imaginó que le avisaban que dentro de seis días iba a morir y
se dedicó con todo su fervor a prepararse para bien morir. Pero pasaron lo seis día y no
se murió. Entonces creyó que eran seis meses los que le faltaban de vida, y dedicó ese
tiempo a lecturas espirituales, oraciones, limosnas a los pobres, obras buenas a favor de
los más necesitados y cumplimiento exacto de su deber de cada día. Pero a los seis meses
tampoco se murió. Se imaginó que el plazo que le habían anunciado eran seis años, y
durante ese tiempo se dedicó con mayor fervor a sus prácticas de piedad, a obras de
caridad y a instruirse ejercer lo mejor posible sus oficios, y a los seis años... lo que
le llegó no fue la muerte sino el nombramiento de Emperador. Y este aviso le sirvió
muchísimo para prepararse sumamente bien para ejercer tan alto cargo.
Emperador Guerrero.
Enrique cumplió lo que su nombre significa en alemán: jefe
poderoso. Pues empezó siendo simplemente rey (o gobernador) de un departamento del
sur de Alemania, Baviera. Y allí ejerció su autoridad con agrado de todos , llegando a
ser enormemente estimado por su pueblo. Pero de pronto se murió el Emperador Otón III,
su primo, sin dejar herederos, y entonces los principes electores juzgaron que ningún
otro estaba mejor preparado para gobernar Alemania y a las naciones vecinas que el buen
Enrique, tan apreciado por sus súbditos. Y llegó así a aquel altísimo cargo.
Pero por todas partes estallaban revueltas y revoluciones, y el nuevo
emperador tuvo que organizar un poderoso ejército para ir calmando a los revoltosos. Y
resultó ser un gran guerrero. Dominó las revueltas nacionales y las de Polonia y se hizo
respetar por todos los países vecinos.
Liberador del Papa.
Y sucedió que en Roma un anticristo se atrevió a quitarle el
puesto al Papa Benedicto VIII. Éste pidió auxilio a Enrique, el cual con un fortísimo
ejército invadió a Italia, derrotó a los enemigos del Pontífice y le restituyó su
alto cargo. En premio por todo esto, el Papa Benedicto lo coronó solemnemente en Roma
como Emperador de Alemania, Italia y Polonia.
Enrique el piadoso.
La gente lo llamaba así porque en todas partes lo que buscaba
era extender la religión y hacer que las gentes amaran más a Nuestro Señor.
Para conceder como esposa a su hermana Gisela, al rey Esteban de Hungría
le puso como condición a dicho mandatario que propagara el catolicismo por todo su reino,
lo cual cumplió Esteban de manera admirable.
Por todas partes levantaba templos, construía conventos para religiosos
y apoyaba a cuantos se dedicaban a evangelizar. A los templos les regalaba cálices,
ornamentos y demás objetos para que el culto resultara muy solemnemente, y dejaba
donaciones para que celebraran misas por sus intenciones.
En su viaje a Italia se sintió sumamente enfermo y se fue en
peregrinación a Monte Casino, y allá rezando con toda fe a San Benito consiguió su
curación.
Reunía a los obispos y sacerdotes para estudiar los métodos que
consiguieran una mayor santidad para el clero. Delante de los obispos se arrodillaba con
toda humildad, como cualquier sencillo creyente.
Padre de los pobres y amigo del pueblo.
Pocos gobernantes que hayan gozado de una manera tan
extraordinaria de cariño de su pueblo, como San Enrique. Un día, a un empleado que le
aconsejaba tratar con crueldad a los revoltosos, le respondió: "Dios no me dio
autoridad para hacer sufrir a la gente, sino para tratar de hacer el mayor bien
posible."
Fue un verdadero padre para sus súbditos. La fama de su bondad corrió
pronto por toda Alemania e Italia, ganándose la simpatía general. En sus labores
caritativas le ayudaba su virtuosa esposa, Santa Cunegunda, mujer ejemplarísima en todo.
Buscador de la paz.
Decía siempre que lo que más deseaba para su nación,
después de la fe, era la paz. Con los gobernantes vecinos trató de conservar muy buenas
relaciones de amistad, y a los súbditos revoltosos, fácilmente los perdonaba y volvían
a ser sus amigos. Pocos gobernantes han logrado ganarse como Enrique el amor de sus
gobernados, y la gente bendecía a Dios por haberle concedido un mandatario tan
comprensivo.
Murió el 13 de julio del año 1024, y poco antes de morir contó a sus
familiares que con su esposa Santa Cunegunda había hecho voto de virginidad, y que
habían vivido siempre como dos hermanos.