15 de julio
San Buenaventura
Religioso. Cardenal. Escritor.
Año 1274
San Buenaventura:
pide a Nuestro Señor que nosotros
lo amemos como lo amaste tú.
Nació en Bañoreal, cerca de Vitervo (Italia) en 1221.
Un nombre profético
Se llamaba Juan, pero dicen que cuando era muy pequeño
enfermó gravemente y su madre lo presentó a San Francisco, el
cual acercó al niñito de cuatro meses a su corazón y le dijo:
"¡BUENA VENTURA!"que significa: "¡BUENA SUERTE. BUEN EXITO!". Y el
niño quedó curado. Y por eso cambio su nombre de Juan por el de Buenaventura. Y en
verdad que tuvo buena suerte y buen éxito en toda su vida.
Un doctor muy especial
En agradecimiento a
San
Francisco su benefactor,
se hizo religioso franciscano. Estudióo en la universidad de París, bajo la dirección
de famoso maestro Alejandro de Ales, y llegó a ser uno de los más grandes sabios de su
tiempo. Se le llama "Doctor seráfico", porque "Serafín" significa
"el que arde en amor por Dios" y este santo en sus sermones, escritos y
actitudes demostró vivir lleno de un amor inmenso hacia Nuestro Señor. Los que lo
conocieron y trataron dicen que todos sus estudios y trabajos los ofrecía para gloria de
Dios y salvación de las almas. A sus clases concurrían en grandes cantidades gente de
todas las clases sociales y sus oyentes afirmaban que mientras hablaba parecía estar
viendo al invisible.
Su inocencia y santidad de vida eran tales que su maestro,
Alejandro de Alex, exclamaba "Buenaventura parece que hubiera nacido sin pecado
original".
Escrúpulos peligrosos. Él no veía en si mismo sino faltas y
miserias y por eso empezó a padecer la enfermedad de los escrúpulos, que consiste en
considerar pecado lo que no es pecado. Y creyéndose totalmente indigno empezó a dejar de
comulgar. Afortunadamente la bondad de Dios le concedió un valor especial, y observó en
visión que Jesucristo en la Santa Hostia se venía desde el copón en el cual el
sacerdote estaba repartiendo la Sagrada Comunión, y llegaba hasta sus labios. Con esto
reconoció que el dejar de comulgar por escrúpulos era una equivocación.
Escritor famoso. Buenaventura, además de dedicarse muchos
años a dar clases en la Universidad de París donde se formaban estudiantes de filosofía
y teología de muchos países, escribió numerosos sermones y varias obras de piedad que
por siglos han hecho inmenso bien a infinidad de lectores. Una de ellas se llama
"Itinerario del alma hacia Dios". Allí enseña que la perfección cristiana
consiste en hacer bien las acciones ordinarias y todo por amor de Dios. El Papa Sixto IV
decía que al leer las obras de San Buenaventura se siente uno invadido de un fervor
especial, porque fueron escritas por alguien que rezaba mucho y amaba intensamente a Dios.
Una noticia muy alagadora. San Buenaventura fue nombrado
Superior General de los Padres Franciscanos, y el Papa le concedió el título de
Cardenal. Y aunque era famoso mundialmente por su sabiduría, sin embargo seguía siendo
muy humilde y se iba a la cocina a lavar platos con los hermanos legos (dicen que la
noticia de su nombramiento como Cardenal le llegó mientras estaba un día lavando platos
en la cocina) y Fray Gil, uno de los hermanos legos más humildes, le preguntó un día:
"Padre Buenaventura, ¿un pobre ignorante como yo, podrá algún día estar tan cerca
de Dios, como su Reverencia que es tan inmensamente sabio?"
El gran sabio le respondió: "Oh mi querido Fray Gil: si
una pobre viejecita ignorante tiene más amor de Dios que Fray Buenaventura, estará más
cerca de Dios en la eternidad que Fray Buenaventura". Al oír semejante noticia, el
humilde frailecito empezó a aplaudir y a gritar: "Ay Fray Gil borriquillo de Dios,
aunque seas más ignorante que la más pobre viejecita, si amas a Dios más que Fray
Buenaventura, estarás en el cielo más cerca de Dios que el gran Fray Buenaventura".
Y de pura emoción se fue elevando por los aires, y quedó allí suspendido entre cielo y
tierra en éxtasis. Es que había escuchado la más halagadora de las noticias: que el
puesto en el cielo dependerá del grado de amor que hayamos tenido hacia el buen Dios.
La simpatía de San Buenaventura
Este gran doctor, que por 17 años fue Superior General de los
Padres Franciscanos y recorrió el mundo visitando las casas de su comunidad y animando a
todos a dedicarse a la santidad, y que fue el hombre de confianza del Sumo Pontífice para
resolver muchos casos difíciles, y que dirigió en nombre del Papa el Concilio de Lyon y
tuvo el honor de que la oración fúnebre el día de su entierro la hiciera el mismo Sumo
Pontífice, tenía una cualidad especialísima: una exquisita bondad en su trato, una
amabilidad que le ganaba los corazones, un modo conciliador que lo alejaba de los
extremos, de la extrema rigidez que amarga la vida de los otros y de la relajación que
deja a todos seguir por el camino del mal sin corregirlos. Sus virtudes preferidas eran la
humildad y la paciencia, y la meditación frecuente en la pasión y muerte de Cristo lo
llevaba a esforzarse por cumplir aquel consejo de Jesús: "Aprended de mi que soy
manso y humilde de corazón". Su crucifijo lo tenía totalmente desgastado de tanto
besarle las manos, los pies, la cabeza y la herida del costado. Su amor a la Virgen María
era intenso y por todas partes recomendaba el rezo del Angelus (o de las tres Aves
Marías).
Un santo elogia a otro santo. A San Buenaventura le
recomendaron que escribiera la biografía de su gran protector
San Francisco de Asís (la
cual resulto muy hermosa) y dicen que cuando estaba redactándola, llegó a visitarlo el
sabio más famoso de su tiempo, Santo Tomás de Aquino, el cual al asomarse a su celda y
verlo sumido en la contemplación y como en éxtasis, exclamó: "dejemos que un santo
escriba la vida de otro santo", y se fue. Así que estos dos sabios tan famosos no se
trataron en vida pero se admiraron mutuamente.
Muerte solemne. En el año 1274 se celebro el concilio de Lyon
(o reunión de todos los obispos católicos del mundo). Terminando el Concilio con gran
éxito, todo dirigido por San Buenaventura, por orden del Sumo Pontífice, el santo
sintió que le faltaban las fuerzas, y el 15 de julio de 1274 murió santamente asistido
por el Papa en persona. Todos los obispos del Concilio asistieron a sus funerales y caso
único en la historia, el Santo Padre ordenó que todos los sacerdotes del mundo celebran
una misa por el alma del difunto.
Un elogio muy especial. El Papa Inocencio V predicó la
homilía en el entierro de San Buenaventura y dijo de él: "Su amabilidad era tan
grande que empezar a tratarlo era quedar ya amigos de él para siempre. Y su unción al
predicar y escribir era tan admirable, que escucharlo o leer sus escritos, era ya empezar
a sentir deseos de amar a Dios y conseguir la santidad". Bello elogio en verdad.
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