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11-Abril-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias

EL DIA EN QUE ROMA SERA LA CIUDAD MÁS JOVEN DEL MUNDO

Presentada en el Vaticano la XV Jornada Mundial de la Juventud 2000

CIUDAD DEL VATICANO, 10 abril (ZENIT).- Esta mañana se celebró, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, la rueda de prensa de presentación de la XV Jornada Mundial de la Juventud 2000. El portavoz vaticano, Joaquín Navarro-Valls, recordó las palabras del Santo Padre: «No es el Papa el que ha ido a encontrarse con los jóvenes, sino que son los jóvenes los que han salido al encuentro del Papa en las diversas partes del mundo».

El cardenal James Francis Stafford, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, explicó que «las jornadas mundiales de la juventud son expresión del carisma especial de Juan Pablo II para comunicarse con los jóvenes, y se han revelado una de las "opciones proféticas" de su pontificado. Definidas por el Papa como "providenciales momentos de parada" en el camino de la fe de las jóvenes generaciones hacia el nuevo milenio cristiano, las Jornadas Mundiales han llegado a su décimoquinta edición. Como había prometido Juan Pablo II, han acompañado a los jóvenes hasta su cita con el bimilenario de la encarnación de Cristo, convirtiéndose en el corazón mismo del Gran Jubileo del Año 2000».

El presidente del Pontificio Consejo para los Laicos subrayó que «nunca como este año serán evidentes los significados tradicionales de la jornada mundial de la juventud: un momento fuerte de evangelización, tanto para los mismos jóvenes como para la Iglesia y para el mundo; una auténtica "epifanía" de la Iglesia joven. Un signo eficaz de comunión eclesial entre los jóvenes, entre estos y los obispos, entre los diversos grupos, movimientos y asociaciones; todos unidos en el mismo amor a la Iglesia y al mundo pero sobre todo a Jesucristo. Es un gran desafío de renovación para los jóvenes: ellos desean ser fuertes y auténticos, ser miembros activos de la Iglesia, construir una nueva sociedad; y Cristo los implica en un compromiso profundo que les hace misioneros del mundo contemporáneo».

El cardenal Camillo Ruini, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma y presidente de la Conferencia Episcopal italiana, precisó que a mediados de agosto «Roma será la ciudad más joven del mundo», y añadió que «las características de la Iglesia de Roma, abierta a la mundialidad y partícipe de la solicitud universal del Papa, su obispo, dan un significado especial a la acogida de los jóvenes peregrinos: cada uno de ellos deberá sentirse en Roma como en casa , huéspedes de una ciudad que es "patria común", donde no será difícil descubrir los lazos con la propia tierra de procedencia, encontrar personas que han salido de las mismas tierras y ahora residen en Roma, memorias vivas de santos y mártires que tanto tienen en común con la historia y la vida de las Iglesias de las que provienen los mismos jóvenes».

El cardenal Ruini indicó que «la Jornada representa para nosotros también una forma de realización del proyecto cultural de la Iglesia italiana. Acoger a los jóvenes en Roma y en Italia quiene decir encontrarse con todo lo que la fe cristiana ha sabido inspirar y realizar a través de los siglos: catedrales, obras de arte, testimonios de la fe que cada joven podrá admirar. Muy importante será para ellos también el encuentro con la cultura de nuestras familias, que es todavía mayoritariamente cristiana, a pesar de tantos desafios de la secularización. A su vez, los jóvenes romanos e italianos, las familias anfitrionas y toda nuestra ciudad, podrán recibir un fuerte estímulo del encuentro con estos jóvenes, que vienen a Roma movidos por la fe, por un sentido de fraternidad universal y por la confianza de poder realizar juntos algo positivo en su propia vida personal y en la de los pueblos».

Concluyó la presentación monseñor Cesare Nosiglia, presidente de la Comisión Italiana para la XV Jornada Mundial de la Juventud 2000. Ha dicho que «el patrimonio de la fe cristiana que los jóvenes han recibido en sus Iglesias locales necesita ser actualizado aquí en Roma, en contacto con la memoria viva de los apóstoles, los mártires y los santos que han vivido y dado la vida por Cristo. Aquí, en esta ciudad santuario, los jóvenes pueden vivir una experiencia de fe volviendo a las raíces, a las fuentes primitivas del cristianismo. Aquí reciben del Papa, sucesor de Pedro, el primero que confesó la fe en Jesucristo, Hijo de Dios, el mandato concreto de profesar, anunciar y vivir la fe de la Iglesia en su propia existencia de jóvenes para cambiar no sólo la propia vida a la luz del Evangelio, sino para descubrir la historia con la fuerza del amor que surge de la Cruz de Cristo y hacer el mundo más libre, pacífico y solidario».

 

 

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