Dios nuestro Padre  

24-Febrero-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias

JUAN PABLO II VIAJA ESPIRITUALMENTE LA CUNA DE ABRAHAM

Dios entra en la historia por la fe de quien creyó «contra toda esperanza»

CIUDAD DEL VATICANO, 23 feb (ZENIT).- Ha sido un viaje único en este pontificado. La soñada peregrinación de Juan Pablo II por los lugares de la Revelación comenzó esta mañana con un primer sabor de primavera Romana entre la columnata de Bernini y la sala de las audiencias generales del Vaticano llena hasta los topes de peregrinos. En estos dos escenarios resonaron los ecos lejanos de Ur de los Caldeos, la antigua localidad desde la que Abraham partió hacia la tierra prometida.

Un día antes de su viaje al Monte Sinaí (Egipto), el Santo Padre, como había anunciado la semana pasada, viajó espiritualmente a los lugares que pisó «nuestro Padre en la fe». El acto se convirtió en un sugerente cruce de pasajes sagrados y de imágenes, escogidos incluso en sus detalles por el mismo pontífice.

Todo comenzó con el saludo del obispo de Roma en varios idiomas a los 12 mil peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro y terminó con la rememoración de las actuales tierras iraquíes en la Sala de las Audiencias. De todos modos, las personas que no pudieron entrar pudieron seguir la celebración a través de pantallas gigantes.

En directo con Irak El encuentro alcanzó particular emoción al unirse a Roma vía satélite los cristianos iraquíes que se encontraban reunidos en la catedral de San José de Bagdad. Se trataba del último acto de la preparación inmediata de la peregrinación jubilar que harán esos católicos a la Ciudad Eterna el próximo 18 de marzo, guiados por el patriarca de Babilonia de los Caldeos, Raphael I Bidawid.

La protagonistas del acontecimiento: la fe del padre Abraham, quedó subrayada en sus momentos más destacados. Desde el exilio obediente de Ur, por voluntad de Dios, en búsqueda de una tierra desconocida, hasta su culmen, cuando Dios le pide del sacrificio del único hijo, Isaac, simbolizado por una piedra de altar colocada en la sala de las audiencias. Una fe total, madura, profética. La historia de la salvación recibió misteriosamente un empuje decisivo con la adhesión voluntaria de este hombre a la voluntad de Dios.

Pero el viaje de Abraham --dijo el Santo Padre en la homilía-- representa algo mucho más importante que un simple éxodo a través de las milenarias rutas migratorias de los antiguos pastores. «La tierra hacia la que se encamina el hombre guiado por la voz de Dios no pertenece exclusivamente a la geografía de este mundo. Abraham, el creyente que acoge la invitación de Dios, es aquel que se mueve en la dirección de una tierra prometida que no está aquí».

Contrata toda esperanza Sin embargo, no era suficiente que la fe del padre de una multitud de pueblos y naciones se apoyara únicamente en este acto de obediencia. Dios, después de haber concedido al anciano patriarca la alegría de la paternidad, le pide una sublimación en el ofrecimiento del sacrificio de su hijo Isaac. Este es «el culmen de la fe de Abraham», afirma Juan Pablo II, «una prueba dramática que ponía directamente en discusión su fe».

«En ese instante trágico desde el punto de vista humano, en el que estaba a punto de dar el golpe mortal a su hijo, Abraham no dejó de creer --explicó el sucesor de Pedro--. Es más, su fe en la promesa de Dios alcanzó el culmen. Pensaba: "Dios es capaz de hacer resucitar a los muertos"».

Al igual que el abandono de la propia tierra, Ur, el significado del sacrificio de Isaac también va más allá de un simple gesto de obediencia. Es «una analogía de acontecimiento salvífico de la muerte y de la resurrección de Cristo». La tradición, recuerda el pontífice, asegura que el lugar en el que Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac está íntimamente ligado a la aceptación de Dios Padre aceptó del ofrecimiento de su Hijo, Jesús. De este modo, inconscientemente, Abraham «introduce en cierto sentido a todos los creyentes en el designio eterno de Dios, en el que se realiza la redención del hombre».

Esta es la lección perenne que después de cinco milenios nos sigue llegando hasta nosotros. Una lección que San Pablo recogió con estas palabras: «Tuvo fe, esperando contra toda esperanza».

 

HOME - NOTICIAS - FE - TELEVISIÓN - RADIO - BIBLIOTECA - GALERÍA _- GENERAL