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21-Febrero-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias

«LA IGLESIA TIENE NECESIDAD DEL ARTE, EL ARTE NECESITA A LA IGLESIA»

Hablan grandes artistas en un Simposio sin precedentes celebrado en Roma

CIUDAD DEL VATICANO, 20 feb (ZENIT).- El encuentro de más de tres mil artistas venidos de todo el globo a Roma ha sorprendido a los organizadores. El Jubileo de pintores, escultores, poetas, arquitectos... no sólo ha servido para que Juan Pablo II relanzara el diálogo entre la Iglesia y el mundo artístico, sino también para hacer un examen de conciencia sobre la misma capacidad que en estos momentos tiene el arte para transmitir valores que superen los inmediatos intereses comerciales. En este sentido, el Simposio internacional que organizaron los artistas católicos el viernes pasado, pocas horas después de su encuentro con el Papa, es sumamente interesante.

El arte necesita experimentar a Dios «En el nacimiento de la idea que más tarde se convertirá en belleza --dijo en el simposio Venancio Blanco, escultor español que ha desempeñado funciones directivas en las Academias de Arte españolas de Madrid y Roma-- se advierte sencillamente la mano misteriosa del Omnipotente, que se acerca al artista y le inspira claridad para concebir la obra de arte».

«Sentir la esencia de la idea --añadió-- supone percibir un temblor misterioso sin posible definición. Es en este momento cuando el artista tiene la sensación de estar más próximo al Creador. Un sentir especial que le infunde un estado de ánimo difícil de expresar. Un gozo extraordinario que sirve de estímulo y provoca en el artífice la necesidad de transmitirlo a la materia».

Arte y belleza: el problema de hoy Por su parte Emilia Nadal, pintora portuguesa, subrayó el drama de gran parte del arte de hoy: «El artista y lo bello es un tema tabú, en un momento en que predomina una orientación nihilista en la crítica de arte, que está alimentando una estética de fealdad y violencia, y que reprime la belleza y lo religioso en la obra de los artistas».

«El hombre todo lo recibe del Creador, hasta el punto de haber sido creado a su imagen y semejanza. De este modo se transforma en creatura-creante, dijo André Gence, pintor francés. Por tanto, indicó «un artista creador no puede ser un no creyente. El es poeta de Dios. La poesía es un modo de hacer y un modo de ser». «La oración es, pues, un acto poético en el que todo parte de la mirada. "Lo que hemos visto, tocado, nosotros os lo anunciamos", no se cansan de repetir los apóstoles tras recibir el Espíritu Santo».

Arte y culto El padre Marco Ivan Rupnik, jesuita, pintor-mosaicista, de Eslovenia, señaló que el culto está íntimamente unido a la creación artística. «En el culto se cumple la revelación de Dios y se realiza, también, la respuesta del hombre». Citó a Pavel Florenskij, que ha sintetizado toda esta inmensa realidad del misterio afirmando que «la verdad revelada es el amor y el amor realizado es la belleza». «La belleza --añadió el jesuita esloveno-- como Iglesia, como una comunidad de hijos que en el Hijo vuelven al Padre. La belleza como humanidad penetrada por el amor. La belleza como asunción del mundo en el amor». «Si el arte se convierte sólo en expresión del artista --opina Rupnik-- , se llega a la incomunicación. Cuando en el arte se apaga la comunicación se apaga el arte propiamente dicho. La gran alternativa que nos viene propuesta hoy, sobre todo gracias al diálogo con las Iglesias de Oriente, es la de entender el Arte y la creación artística como un servicio a la realidad que pertenece a todos, es decir, a Aquel en el cual todos se pueden reconocer. El Arte volviendo a ser un servicio a la Belleza se convertirá en un único canto con la liturgia a la que está unida en una misma llamada». «El arte contemporáneo --concluyó-- se aproxima a otra liturgia, que es la penitencial. El arte contemporáneo es una confesión del hombre. Pero al mismo tiempo este arte en apariencia tan desacralizante, incluso deshumanizante, desnudo, crudo, falsificado, podría ser denominado sacro, en cuanto hace palpable el corazón humano y el corazón es sagrado e inviolable».

Iglesia y arte Monseñor Friedhalm Hofmann, obispo auxiliar de Colonia y él mismo artista él mismo, indicó que el arte «trata de la experiencia, la apropiación e interpretación del mundo y de la vida. Por este motivo, la Iglesia tiene necesidad del arte. El arte aborda sobre todo, la situación y la pregunta por el futuro del hombre». Citó a Paul Klee que hace notar cómo el arte no nos restituye las cosas visibles, pero sí las hace visibles. «El arte encierra lo inexpresable en la forma». Por eso, «la Iglesia tiene necesidad del arte --añadió-- , pues tiene la obligación de hacer percibir lo invisible del mundo de Dios. Pero también el arte tiene necesidad de la Iglesia, ya que la religión representa la fuente por excelencia de inspiración del arte. En este sentido, se pueden enriquecer recíprocamente en la comprensión del hombre».

Según monseñor Hofmann este diálogo entre la Iglesia y el Arte, hoy se puede producir a dos niveles: «El hombre de hoy está especialmente abierto a la dimensión estética. Su receptividad respecto a lo bello le puede llevar --por medio de los bienes culturales de la Iglesia-- al estupor, transmitiéndole de este modo experiencias trascendentes. Puede suceder que, en la época de la "cultura-acontecimiento", el diálogo sea más percibido a nivel de los hechos que de la doctrina. En el encuentro entre los hombres orientados a los acontecimientos determinados por el hombre y el "acontecimiento de la Iglesia", orientado por el contrario hacia Dios --en el arte, en la literatura y en la música-- se da la posibilidad de un contacto profundo y de una renovada experiencia de fe, para la "nueva evangelización" que tanto agrada al Sumo Pontífice».

Iglesia y arquitectura Desde el campo de la Arquitectura, llegó a los asistentes la voz de Austin Winkley, del Reino Unido, que se centró en los alejados. «Todos sienten la necesidad de la arquitectura, que es un edificio construido por nuestra sed espiritual y nuestra creatividad hacia un mundo de belleza ideal», manifestó. «La arquitectura de las iglesias genera un "espacio sagrado", partiendo de una mezcla de materiales cuidadosamente seleccionados con el trabajo de artistas y artesanos impregnados del culto, de la oración y de la música del Pueblo de Dios», añadió. Estos lugares invitan, no sólo a las comunidades locales sino también a los alejados a gustar y ver lo que la Iglesia ofrece amorosamente a todos, a través de las diversas formas de la presencia de Cristo en la Casa de Dios», concluyó Winkley.

¿El arte? Iluminar la profundidad del corazón humano Y quedó para el final el hermoso testimonio del compositor mundialmente conocido Ennio Morricone, un verdadero genio de la música, multipremiado y conocido sobre todo por las bandas musicales de filmes inolvidables que han entrado ya en la historia del cine. Morricone, pidió modestamente palabras prestadas a otros genios de la música o la pintura como Bach, Kandinsky o Schumann. Del segundo ha traído una cita que pareciera escrita hoy. «Los periodos en los que el arte no tiene grandes hombres --dice Kandinsky--, en los que falta el pan metafórico, son períodos de decadencia espiritual (...). Es estas épocas silenciosas y ciegas los hombres dan importancia sólo al éxito exterior, se preocupan únicamente de los bienes materiales, y saludan como una gran empresa el progreso técnico, que aprovecha y sólo puede aprovecharse del cuerpo. Las energías espirituales son infravaloradas si no ignoradas. Los pocos que tienen ideales y sentido crítico son escarnecidos o considerados anormales. Las raras almas que saben permanecer adormecidas y sienten un oscuro deseo de espiritualidad, de conocimiento y de progreso, infunden una nota de tristeza y de añoranza en el chabacano coro material».

Hace casi un siglo que se dijeron estas palabras, subraya Morricone. «No hay que añadir nada a una diagnosis tan inmisericorde», subraya. Kandinsky esperaba quizá, dice el compositor, «una nueva espiritualidad cuya llegada salvífica no se cumplió nunca, dejando en cambio paso a un siglo XX funesto y materialista, como no lo fueron los siglos más oscuros de nuestra historia».

Morricone hizo luego una llamada a interrogarse sobre el papel que desempeñan los medios expresivos. Esto debe llevar implícitamente a preguntarse «por el papel que hemos desempeñado y dónde podemos haber fallado individualmente» y, sobre todo, «preguntarse qué ulterior compromiso personal pueda traducirse en la búsqueda y en la comunicación de una interioridad y de una auténtica espiritualidad que se demuestran cada vez más necesarias e inrrenunciables para que el arte, que es un acto comunicativo, no quede reducido en objeto estético estéril. A menos que no queramos quedar varados voluptuosamente en la arena de la forma en sí misma, del arte por el arte, del hermetismo para iniciados, de manera que los contenidos y la transmisión de un sentimiento acaben por ser bagaje accesorio y sacrificable respecto a las cuestiones formales».

«Personalmente --testimonió el maestro-- no creo, nunca he creído en la prioridad, en la soberanía de la forma: no creo, en otras palabras, que sólo una cantata sagrada o un himno litúrgico posean la fuerza y los requisitos para acercarse a Dios. Creo más bien que la adopción de una forma deba ser funcional y subordinada a lo que Kandinsky llama "principio de la necesidad interior".».

«La revelación de la divinidad --concluyó Morricone-- no es prerrogativa exclusiva del "corpus" de la música sacra y de las fórmulas musicales litúrgicas, sino que todo el arte puede estar más bien "al servicio de lo divino", por decirlo con Kandinsky. Decía Robert Schumann que "iluminar la profundidad del corazón humano es la tarea del artista". Me sería difícil encontrar palabras más sencillas y verdaderas».

Enzo, un poeta de La Spezia, en Liguria, confesaba al final del Jubileo de los artistas a Zenit: «El Padre Eterno lo ha arreglado todo para que yo tenga que quedarme en Roma el día de la misa del Papa. Pensaba volver a casa y verlo por TV, porque el hotel me resulta caro, pero hubo huelga de trenes... Ha sido una experiencia única en la Basílica llena de luz... Las vísperas en Santa María sopra Minerva, deliciosas. Y, en el simposio, hubo de todo pero, en conjunto, muy interesante». Enzo, al que encontramos en la visita a las Catacumbas de Domitilla ayer sábado, volvió a su empleo de funcionario en una ciudad portuaria, con un soplo cálido en su corazón de poeta.

 

 

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