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17-Febrero-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
JUAN PABLO II, PEREGRINO A LA CUNA DE ABRAHAMTexto integral del discurso del Papa en la audiencia general CIUDAD DEL VATICANO, 16 feb (ZENIT).- Juan Pablo II irá a Irak, más en concreto a Tal al Muqayyar, donde se encuentra Ur de los Caldeos, la cuna de Abraham, el hombre con el que «la salvación de Dios comenzó a caminar por los senderos de la historia humana». Dado que la situación por la que atraviesa este país no le ha permitido realizar su sueño, el pontífice ha decidido de todos modos realizar una peregrinación espiritual. Estas son las palabras con las que anunció la sorpresa esta mañana durante la tradicional audiencia general de los miércoles. * * * 1. Después de la apertura de la Puerta Santa en las cuatro basílicas de Roma, avanzamos ahora a gran velocidad en el itinerario eclesial de conversión y reconciliación propuesto por le Jubileo. Como es sabido, uno de los aspectos espirituales más significativos y profundos del Jubileo es la peregrinación, signo de la condición misma de todo ser humano en cuanto «homo viator». Como subrayé en la bula de convocación del Jubileo «es un ejercicio ascético laborioso, de arrepentimiento por las debilidades humanas, de constante vigilancia de la propia fragilidad y de preparación interior a la conversión del corazón (cf. «Incarnationis mysterium», 7). Este significado interior de la peregrinación es profundizado ulteriormente y completado por los contenidos de fe y de espiritualidad que emanan de los lugares sagrados, que por antigua tradición son meta de peregrinaciones individuales y comunitarias. De hecho, al igual que el tiempo, también el espacio está caracterizado por particulares intervenciones salvíficas de Dios y, precisamente por esto, algunos lugares pueden favorecer un contacto peculiar con lo divino «Cf. Carta sobre la peregrinación, n. 2). 2. Consciente de estos contenidos espirituales fundamentales de la peregrinación, he decidido visitar, en el marco de las celebraciones jubilares, las tierras que han quedado marcadas de manera particular por las intervenciones de Dios en la Historia de la salvación. En las próximas semanas, por tanto, si Dios quiere, me dirigiré en peregrinación a algunos lugares particularmente ligados a la encarnación del Verbo de Dios. Mi deseo era visitar en primer lugar Ur de los Caldeos (cf. Carta sobre la peregrinación, 5), la actual Tal al Muqayyar en el sur de Iraq, lugar de origen de Abraham, quien después se trasladó con su familia a Jarán (cf. Génesis 11,31), donde según la narración bíblica recibió la Palabra del Señor que le invitaba a dejar su tierra y a ponerse en camino hacia el país que le indicaría (cf. Génesis 12, 1-3). Con aquella invitación, Abraham se convirtió en instrumento de un designio de salvación que habría abrazado al futuro pueblo de la Alianza, es más, a todos los pueblos del mundo. Él obedeció y se puso en camino. La salvación de Dios comenzó a caminar con él por los caminos de la historia humana. 3. Por eso, es importante «seguir las huellas de Abraham» para redescubrir los vestigios de la presencia amorosa de Dios junto al hombre y revivir la experiencia de fe de aquel al que san Pablo calificará como padre de todos los que, circuncidados o no, creen (cf. Romanos 4, 11-12). Gracias a su fe traducida en opciones concretas y a veces incluso dramáticas, como el hecho de abandonar la seguridad que da la propia tierra o el sacrificio del único hijo Isaac, Abraham obtuvo esa justicia que lo hizo amigo de Dios, adhirió plenamente al plan divino para él y para su descendencia, convirtiéndose en padre de una multitud de creyentes. Por eso, caminando «tras las huellas de Abraham», se aprende a evaluar en concreto las exigencias de una actitud de fe auténtica y se experimenta el dinamismo de la iniciativa divina, que tendrá en Cristo su punto de llegada. Conscientes de la propia relación inseparable con el antiguo pueblo de la Alianza, los cristianos reconocen en Abraham «el padre en la fe» por antonomasia e imitan con alegría su ejemplo, poniéndose en camino «tras sus huellas». 4. Por estas consideraciones, en nombre de toda la Iglesia, hubiera querido ir a rezar y a reflexionar en el lugar, Ur de los Caldeos, desde donde partió Abraham. Dado que no ha sido posible, quiero realizar al menos espiritualmente una peregrinación así. Por ello, el miércoles próximo reviviremos juntos en una celebración especial que se tendrá en el aula Pablo VI los momentos más destacados de la experiencia de Abraham, sabiendo muy bien que no sólo reconocen al grande Patriarca quienes se sienten orgullosos de su descendencia física, sino también todos aquellos que experimentan su descendencia espiritual. Después de esta primera meta, será posible continuar con el espíritu lleno de gratitud hacia las demás etapas por las que se ha desarrollado la Historia de la salvación, comenzando por el Monte Sinaí, donde Moisés tuvo la revelación del Nombre Santísimo de Dios y fue introducido en el conocimiento de su misterio. Os invito ya desde ahora a acompañarme con la oración en mi peregrinación a los lugares relacionados con la Historia de la salvación, que tendrá lugar el miércoles próximo, con la celebración especial dedicada a Abraham, padre de todos los creyentes.
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