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10-Febrero-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
EL JUBILEO DE LOS ENFERMOS COMIENZA CON UN CONGRESO DE AGENTES SANITARIOSEstudia la identidad y desafíos del profesional católico de la salud CIUDAD DEL VATICANO, 9 feb (ZENIT).- Para los médicos, enfermeros, farmacéuticos y hombres y mujeres de Iglesia que trabajan en el mundo de la salud, el Jubileo de los enfermos ya ha comenzado. Las celebraciones, que concluirán el próximo domingo, han dado inicio hoy en Roma con un congreso de estudio y oración en el que los profesionales del mundo de la salud quieren redescubrir su propia «identidad» de cristianos y comprender así los «desafíos» que plantea el mundo sanitario a inicios del tercer milenio. Para el médico, enfermero o farmacéutico que se dice cristiano existe un imperativo imprescindible: «poner a Cristo en el centro de la medicina en todas sus acepciones». Lo subrayó esta mañana en su saludo de apertura de estas Jornadas de estudio y reflexión el presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, el arzobispo Javier Lozano Barragán. Frente a las tendencias que quieren «globalizar» la salud y sus problemáticas, como si fueran cuestiones simplemente económicas, «nosotros proponemos --afirmó monseñor Barragán-- un nuevo modelo de "hacer" medicina, que tenga como meta, como finalidad, como horizonte únicamente a Cristo». Ante un mundo, añadió, que en demasiadas ocasiones ve cómo es destruida la armonía, el prelado consideró que es necesario responder con la radicalidad de la solidaridad cristiana. Más tarde, los participantes en el encuentro internacional se dividieron en cuatro categorías --obispos responsables de pastoral sanitaria, médicos, enfermeros y farmacéuticos-- para discutir el tema de la «identidad» y de los «desafíos» que plantea actualmente la realidad en la que ofrecen su servicio. En la tarde de hoy, comenzaron a ofrecer sus propuestas durante un foro colectivo. El profesor Domenico Di Virgilio, presidente de la Asociación Italiana Médicos Católicos, explica que conjugar hoy día la fidelidad al Evangelio con la del juramento de Hipócrates es algo decisivo para la asistencia médica. «En un mundo en el que los parámetros son los económicos y los de la eficacia, los católicos no podemos dejar de reivindicar el parámetro del saber compartir, de la participación personal en los sufrimientos de quienes nos son confiados y, por tanto, de la capacidad de servir armonizando la preparación científica y tecnológica con un comportamiento ético. No podemos dejar de pensar que nuestro objetivo es el hombre, quien vive un momento muy particular de su vida, el sufrimiento». El profesor Di Virgilio, ante el avance de las tecnologías en el campo bioético, recuerda el viejo aforismo: «no todo se debe hacer todo lo que se puede hacer». «La fe y la Iglesia no obstaculizan el proceso tecnológico y científico. El Santo Padre lo repite continuamente. Pero esto significa que el progreso tecnológico no puede ser como un río que acaba desbordándose. Necesita una guía. Bienvenido sea el progreso si está orientado al bien y a la calidad de la vida del hombre». Sor Bertilla Iacovone, directora de la Escuela de enfermeros profesionales del Hospital de San Juan de Roma explicaba: «En el hospital constatamos que sólo domina el sufrimiento. Se habla del propio dolor, de la propia enfermedad. Algunos hablan de desgracias. He aprendido que el hombre no pide nada, pero se espera mucho, especialmente de nosotros que le asistimos. Nosotras, las religiosas, ofrecemos profesionalidad, pero sobre todo ese espíritu de entrega que nos lleva a estar con ellos. Una sonrisa está bien, pero es importante saber meterse en su pellejo, comprender su soledad. Con frecuencia son abandonados a su suerte: en ese momento hay que intervenir, pues es entonces cuando el sufrimiento se hace más doloroso». Una alumna filipina de sor Bertilla, sor Anabel Mamón, añade: «Nosotras estamos formadas precisamente para asistir a los enfermos y en el lecho de la enfermedad vemos a Cristo crucificado. El enfermo no necesita muchos discursos o palabras. Los tratamientos y las tecnologías vienen muy bien, pero si el enfermo se queda solo, a pesar de las tecnologías, sigue siendo un enfermo solo. ¿Qué es lo que busca entonces el enfermo? Busca sobre todo una persona que le entienda, que esté a su lado, que le ayude en ese momento. Nosotros también recibimos mucho al ofrecer ayuda, pues aprendemos a ofrecernos».
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