Habla Jesús:

¿Y no tienes tal vez alguna alegría que contarme? ¿Por qué no me haces participe de ellas como buen amigo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y ha hecho sonreír tu corazón. Quizás has tenido agradables sorpresas. ¿Quizás han desaparecido ciertas angustias o temores por el futuro? ¿Has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado? Obra mía es todo esto y yo te lo he proporcionado.
Cómo me alegran los corazones agradecidos que como el leproso curado vuelven a darme las gracias, pero cómo me entristecen esos desagradecidos que como los 9 leprosos del Evangelio no vuelven a agradecer los beneficios recibidos. Recuerda que "quien agradece un beneficio obtiene que se le concedan muchos más". Dime un gracias siempre con todo tu corazón.
¿Tampoco tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A las personas humanas se les engaña fácilmente. A Dios no. Háblame pues con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte más a aquella ocasión de pecado? ¿De privarte de aquella revista, periódico, película, programa de habladuría que hace daño a tu alma? ¿De no leer más ese libro que excitó tu imaginación? ¿De no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma? ¿De guardar silencio cuando te venga la cólera, porque " las personas imprudentes dicen todo lo que sienten cuando están con mal genio, pero las personas prudentes se callan siempre cuando están de mal humor y saben desimular las ofensas que reciben.

Práctica: Apartaré ropas o alimentos para dar a los pobres.

 

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