Habla Jesús:

Dime por muchas personas una palabra si quiera, pero una palabra de amigo, palabra de corazón y fervorosa. Recuérdame que he prometido: "Todo es posible para quien tiene fe. Mi Padre dará cosas buenas a quienes se las pidan. Todo lo que pidáis a mi Padre en mi nombre, os lo concederá".

Me gustan los corazones generosos que llegan en cierto modo a olvidarse de sí mismos, para atender a las necesidades de los demás.

Así lo hizo mi Madre en Caná en favor de unos esposos en cuya fiesta e había acabado el vino. Me pidió un milagro y lo obtuvo. Así lo hizo aquella mujer cananea del evangelio la cual con tantos ruegos me suplicó que sacar de su hija el demonio y consiguió esa gracia especialísima.

Háblame pues con sencillez de los pobres a quienes quieres consolar, de los enfermos a quienes vez padecer, de los extraviados que anhelan volver al buen camino, de los amigos alejados que quisieras ver otra vez a tu lado de los hogares desunidos para los cuales deseas la paz.

Recuerda a Marta y a María cuando me suplicaron por su hermano Lázaro y obtuvieron su resurrección. Recuerda a Santa Mónica que después de rezarme durante treinta años por su hijo que era tan pecador, obtuvo que se convierta, y llegar a ser el gran San Agustín. No olvides a Tobías y su esposa que con sus oraciones obtuvieron que fuera enviado el Arcángel San Rafael a que defendiera a su hijo en el largo viaje, lo librara del demonio y de los demás peligros y lo devolviera sano, rico y muy feliz al lado de sus familiares.

Práctica: Visitaré a un enfermo, o ayudaré a un pobre.

Gozos (siguiente)


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