Carta del Diácono 
Bill Steltemeier
 


Nota:  El Diácono Bill Steltemeier, Presidente de la Junta de Directores de EWTN, se ocupará de escribir los mensajes para esta sección mientras la Madre Angélica se restablece.


"Mira a Nuestra Señora, esa mujer magnífica…Nuestra dulce Madre pasó por la oscuridad del valle de la muerte una y otra vez para darnos un ejemplo a ti y a mí. Ese es el tipo de fe que Nuestro Señor espera de nosotros; ese tipo de abandono total." – Madre M. Angélica

Mayo, 2012

Querida familia:

No hay momento en la vida que no necesitemos el amor de una madre.  Ya sea en el vientre de nuestra mamá donde dependemos totalmente de ella o cuando llegamos al ocaso de nuestros días, el amor de una madre es una de las necesidades básicas de la vida.  No importa la edad o lo conscientes que estemos de esta necesidad, aún cuando vamos en busca de nuestra propia independencia…No existe un momento en la vida que no necesitemos el amor de una madre. 

El amor de una buena madre nos acompaña durante nuestros días escolares,  los años rebeldes de la adolescencia y nos acompaña en todos los caminos de la vida, pero nadie ha tenido una madre perfecta excepto el Señor.  Algunos han sufrido por tener madres abusadoras o negligentes.  Otros han sufrido la muerte de sus mamás a una temprana edad o por diversas razones crecieron sin conocer a sus madres.   Cualquiera que sea el caso, una cosa es cierta: Aún la mejor de las madres no es perfecta.

Habiendo dicho esto, vuelvo a mi pensamiento inicial: No hay momento en la vida que no necesitemos el amor de una madre.  En palabras más precisas: No hay momento en la vida que no necesitemos el amor de la Madre de Jesús…de la Inmaculada Madre de Dios…y Madre nuestra… ¡MARÍA!  Ella más que satisface nuestra necesidad del amor materno y su amor es verdaderamente perfecto.  Su amorosa solicitud nos acompaña cada instante de nuestra vida, usualmente de una manera silenciosa, pero siempre poderosa.  Desde la cruz Jesús nos dio a su Madre.  ¡Nos ama tanto que la quiso compartir con nosotros!  ¿No vemos lo mucho que nos ama Jesús? 

Esta necesidad que tenemos de conocer y vivir acompañados del amor materno es algo que Jesús mismo comprendió profundamente.  Experimentó el consuelo maternal hasta el último momento de su vida.  Cuando colgaba en la cruz vio a su Santísima Madre allí parada junto al Él.  Ella nunca lo abandonó y tampoco jamás nos abandonará.  ¡Los amo, familia!

En Jesús y María,

Diácono Bill Steltemeier
Jefe de la Junta de Directores de EWTN

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