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FERIAS
DE ADVIENTO
del 17 al 24 de diciembre
El
tiempo de Adviento tiene un cambio importante a partir de la octava
anterior a la Navidad, pues tanto en la Liturgia de las Horas como en la
Eucaristía se celebra ya sólo el acontecimiento dela venida en la carne
del Hijo de Dios, leyéndose los llamados «evangelios de la infancia de
Jesús» junto con pasajes proféticos alusivos a los evangelios de cada
día. En las oraciones se pide generalmente la plena participación en el
misterio de la encarnación del Señor mediante la vida sacramental que
comenzó en el bautismo y se acrecienta en la Eucaristía.
22 de diciembre
« ¡Portones! alzad los dinteles; que se alcen las antiguas compuertas: va
a entrar el Rey de la Gloria. » (Antífona
de Entrada, Cf.
Sal 23, 7)
«
Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí. »
(Antifona de
Comunión, Lc 1, 46.49)
Reflexión
«"Puer natus est
nobis, filius datus est nobis" (Is 9,5).
En las palabras del profeta Isaías, proclamadas en la primera Lectura,
se encierra la verdad sobre la Navidad, que esta noche revivimos juntos.
Nace un Niño. Aparentemente, uno de tantos niños del mundo. Nace un Niño
en un establo de Belén. Nace, pues, en una condición de gran penuria:
pobre entre los pobres.
Pero Aquél que nace es "el Hijo" por excelencia: Filius datus est nobis.
Este Niño es el Hijo de Dios, de la misma naturaleza del Padre.
Anunciado por los profetas, se hizo hombre por obra del Espíritu Santo
en el seno de una Virgen, María.
Cuando, dentro de poco cantemos en el Credo "... et incarnatus est de
Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est", todos nos
arrodillaremos. Meditaremos en silencio el misterio que se realiza: "Et
homo factus est"! Viene a nosotros el Hijo de Dios y nosotros lo
recibimos de rodillas.
"Y la Palabra se hizo carne" (Jn 1,14). En esta noche extraordinaria la
Palabra eterna, el "Príncipe de la paz" (Is 9,5), nace en la mísera y
fría gruta de Belén.
"No temáis, dice el ángel a los pastores, en la ciudad de David, os ha
nacido un Salvador: el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). También nosotros,
como los pastores desconocidos pero afortunados, corramos para encontrar
al que cambió el curso de la historia.
En la extrema pobreza de la gruta contemplamos a "un niño envuelto en
pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2,12). En el recién nacido inerme
y frágil, que da vagidos en los brazos de María, "ha aparecido la gracia
de Dios, que trae la salvación para todos los hombres" (Tt 2,11).
Permanezcamos en silencio y adorémosle!»
(Misa de Medianoche,
Homilía de S.S. Juan Pablo Navidad, 24 de diciembre de 2003).
Oración
Señor y Dios
nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al
anunciárcelo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has
transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad,
concédenos siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con
humildad de corazón. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén. |