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Semana
3:
SABADO
« ¡Portone! alzad los dinteles; que se alcen las antiguas compuertas: va
a entrar el Rey de la Gloria. »
(Antífona
de Entrada, Sal 23, 7)
« ¡Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
porque el poderoso ha hecho obras grandes por mi. »
(Antífona
de Comunión, Lc 1, 46-49)
Reflexión
"Populus, quí
ambulabat in tenebris, vidit lucem magnam - El pueblo que caminaba en
las tinieblas vio una luz grande" (Is 9, 1).
Todos los años escuchamos estas palabras del profeta Isaías, en el
contexto sugestivo de la conmemoración litúrgica del nacimiento de
Cristo. Cada año adquieren un nuevo sabor y hacen revivir el clima de
expectación y de esperanza, de estupor y de gozo, que son típicos de la
Navidad.
Al pueblo oprimido y doliente, que caminaba en tinieblas, se le apareció
"una gran luz". Sí, una luz verdaderamente "grande", porque la que
irradia de la humildad del pesebre es la luz de la nueva creación. Si la
primera creación empezó con la luz (cf. Gn 1, 3), mucho más
resplandeciente y "grande" es la luz que da comienzo a la nueva
creación: ¡es Dios mismo hecho hombre!
La Navidad es acontecimiento de luz, es la fiesta de la luz: en el Niño
de Belén, la luz originaria vuelve a resplandecer en el cielo de la
humanidad y despeja las nubes del pecado. El fulgor del triunfo
definitivo de Dios aparece en el horizonte de la historia para proponer
a los hombres un nuevo futuro de esperanza.
(Misa de Medianoche,
Homilía de S.S. Juan Pablo Navidad,
24 de diciembre de 2001).
Oración
Señor Dios,
que con la venida de tu Hijo has querido redimir al hombre sentenciado a
muerte; concede a los que van a adorarlo, hecho niño en Belén,
participar de los bienes de su redención. Por Nuestro Señor
Jesucristo. Amén. |