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Carta de Pepe Alonso para el mes de Septiembre

Miami, septiembre del 2015

Un saludo en el Nombre del Señor.

Mi deseo es que, al recibir estas breves lineas, recibas a su vez la paz de Cristo, la paz que el mundo no nos puede dar, la paz que encontramos al hacer la voluntad de Dios para con nosotros.

Hoy quisiera tomar unos momentos de tu ajetreada vida para que, juntos, reflexionemos en cuanto a como estamos empleando esta vida que Dios nos concede.

Para esto, me voy a valer de un principio enumerado hace muchos siglos por un gran santo: San Benito (480- +547), quien nos dejo la máxima de Ora et labora. Orar y trabajar.

Muchos se preguntan: ¿son contradictorias ambas acciones? ¿es posible?. Hay cristianos que dicen que están “tan ocupados” que no tienen ningún tiempo para orar. Otros, los super-místicos, dicen que no pueden trabajar porque están muy absortos en sus “oraciones”, y como el negrito del batey del Merengue dicen que: “ Porque el trabajo para mí es un enemigo, el trabajar yo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Los dos extremos son igual de falsos e incorrectos. Veamos.

La oración y el trabajo son la forma en que Dios nos pide vivir la vida, en términos prácticos. Pero es importante ampliar el sentido de ambos términos, ya que llegado un punto oración y trabajo se funden hasta  formar un mismo dialogo con Dios.

Orar no es sólo el acto de dedicar un espacio de nuestra vida diaria para dialogar con Dios en forma directa, o por medio de sus intercesores (la Virgen María, los ángeles y  los santos). Si bien es cierto que las oraciones que cada uno de nosotros realiza son la base del diálogo con Dios, no olvidemos que la Santa Misa es la oración perfecta. Tener la Presencia Eucarística del Señor es un regalo que no podemos desaprovechar: debemos buscar expandir nuestra necesidad del Cuerpo de Jesús más allá del día domingo, ya que El no nos pone limitaciones a darse en forma diaria a nosotros.

Pero orar tiene un sentido más amplio aún: Dios espera que tengamos conciencia práctica de Su Presencia durante todo nuestro día, ya que El se manifiesta desde lo pequeño hasta lo grande. Cuando tomamos conciencia durante el día de que una tentación se apodera de nosotros (¡y ocurre muy a menudo!) debemos detenernos y ver la situación desde los ojos de Dios. Ese simple gesto es una poderosa oración al Señor. Si además podemos hacer en ese instante una oración interior (yo suelo rezar un Ave María, a San José, al  mi ángel de la Guarda, etc.), entonces tendremos un doble gesto de unión con la Voluntad Divina, la Voluntad de Dios.

¿Cuántas veces al día podemos, de este modo, pensar en Dios?. Una vez más, Dios no nos pone límites, somos nosotros los que acotamos nuestras acciones. Si llegamos al extremo de poder vivir repitiendo muchas veces al día los pensamientos hacia Dios, o las invocaciones a Su ayuda, nos daremos cuenta que empezamos a vivir en unión con Dios. Y de a poco nuestra vida empezará naturalmente a cambiar, ya que será muy difícil caer en las tentaciones que irreversiblemente el mundo nos pone en el camino, como prueba. De este modo, tendremos una vida de completa oración, ya que tener a Dios presente es orar, y es una oración muy poderosa para nuestra sanación interior,

¿Pero qué hacemos primordialmente nosotros durante el día?. ¡Trabajamos!. Nuestra vida cotidiana es trabajo. De este modo, si tenemos a Dios presente, orar se transforma en trabajar y trabajar se transforma en orar.

Para aquellos a quienes por sus responsabilidades de trabajo o estudio solo tienen algunos breves espacios disponibles para la oración formal, va la tranquilidad de saber que trabajar con Dios presente, ¡es orar también!.

Y para aquellos que dedican más tiempo del día a la oración, y por sus limitaciones personales sienten que contribuyen poco a las cosas cotidianas del mundo, va la tranquilidad de saber que orar con el corazón es trabajar. ¡y nada menos que para la Viña del Señor!.

De este modo se unen el trabajo y la oración, ya que cuando se vive para y por Dios, conscientes de Su Presencia en lo cotidiano, entregándonos totalmente a El, todo lo que se hace es un diálogo permanente con el Señor.

Así, conscientes vivamente de la acción sensible de Dios en cada acto de nuestra vida, orar es trabajar y trabajar es orar.

¡Ora y labora, la unión perfecta de nuestra vida a la Voluntad de Dios, la unión indisoluble a los corazones de Jesús y María!.

Ahora bien, analiza lo siguiente por un momento: La primera vez que la Biblia hace mención del trabajo lo hace en Génesis 2:5: "ni había hombre que labrara el suelo." En este versículo existen dos aspectos muy importantes que quiero utilizar para explicar por qué la disciplina es necesaria para la oración: En primer lugar, el versículo nos habla sobre el origen del trabajo: El trabajo es creación de Dios; y en segundo lugar, encontramos una definición clara de lo que es trabajo: "labrar la tierra". También podemos decir que trabajo es "cultivar la tierra".

Antes de la creación del hombre el trabajo no existía. Existía solamente en la mente de Dios. El trabajo aparece por primera vez en la tierra con la creación del hombre. Génesis 2:15: "Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrara y cuidara." El trabajo y el hombre son dos aspectos de la creación de Dios que no pueden existir por separados. A la existencia del hombre pertenece no sólo Dios sino también el trabajo. Así como el hombre necesita su cuerpo para poder existir; necesita también el trabajo.

Deseo, pues, tomar estos aspectos concretos de la creación de Dios y de la existencia humana para definir en una forma general el trabajo. Trabajo es la ocupación sabia e inteligente labrar, cultivar con la creación de Dios, la tierra. Por la creación de Dios no solamente entendemos la realidad que nos rodea sino también el mismo ser humano. Trabajo no es solamente cultivar la tierra -agricultura-, sino también cultivar al hombre y todo lo que tiene que ver con su realidad, con su existencia.

El hombre cultiva no sólo la tierra sino también su existencia en general. El se cultiva a sí mismo o a su prójimo (educación). El hombre y la mujer cultivan a sus hijos (familia). El ser humano cultiva sus capacidades y dones naturales.

El trabajo relaciona al hombre no sólo consigo mismo, sino también con la realidad que lo rodea. A través del trabajo, el ser humano se pone en contacto con la creación de Dios, es decir, con todo los aspectos que implica la creación de Dios: la forma y la transforma. El trabajo le fue dado al hombre para que su existencia en el planeta Tierra fuera posible. A la dimensión de la existencia del ser humano pertenece no solamente el cuerpo, el alma y el espíritu, sino también el trabajo.

Cultivar la relación con el Creador del Mundo es también trabajo. De aquí podemos deducir con toda claridad que orar es trabajar. Orar es trabajo que le dedicamos a la relación con nuestro Dios. Cultivar nuestra relación con Dios, no sólo implica orar, sino todos los aspectos de una vida cristiana: Oración, Iglesia, estudio de la Palabra, servicio al prójimo, crecimiento espiritual.

En la oración ofrecemos a nuestro Dios y Redentor parte de nuestro trabajo. Cuando buscamos comunicación con nuestro creador, traemos a su presencia parte de nuestro trabajo: una ofrenda viva de olor grato para Dios. En este sentido entendemos Génesis 4:3 y 4 : "Pasó algún tiempo, y Caín  hizo a Yahvé una ofrenda  de los frutos del suelo. También Abel hizo una ofrenda de los primogénitos de su rebaño y de la grasa de los mismos.”

Más claro no canta un gallo. Recuerda: Ora con fe, trabaja con entusiasmo y vive con alegría.

Para terminar te pido que consideres más que nunca el brindarnos tu ayuda económica. Ofrece a Dios de lo que te ha dado, por tu trabajo, el te retribuirá el ciento por uno, y nosotros, por nuestra parte oraremos por ti y los tuyos, por lo que te animo a que con tu donación nos incluyas tus intenciones de oración.

¡Que Dios te bendiga con abundancia!

Pepe Alonso