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Carta de Pepe Alonso para el mes de Febrero

Miami, febrero del 2015

Querida familia. En esta ocasión quisiera compartir con ustedes un tema al que pocas veces le damos la importancia capital que encierra para nuestra vida cristiana: las riquezas. Abrámonos a un cambio en nuestro concepto de las riquezas.

Primeramente, veamos una de las enseñanzas mas revolucionarias de Jesús, más desafiantes. Tiene que ver con lo que la mayoría de los humanos buscan: riqueza y prosperidad. Rara vez los gobiernos terrenales prohíben a sus ciudadanos que acumulen tesoros terrenales. No obstante, Jesús sí lo hace. Nuestro Rey nos ha mandado: “No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban. Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar.” Mateo 6.19–20.

¿Cómo? ¿No puedo acumular tesoros aquí en la tierra? ¿Por qué no? Jesús explica: “Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Mateo 6.21. Jesús no permitirá que sus súbditos lo releguen a un segundo plano en sus vidas. De hecho, él continuó diciendo: “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero.” Mateo 6.24.

¿Significa eso que debemos renunciar a nuestros empleos o dejar nuestros negocios? No necesariamente. Jesús explicó: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o que beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6.25–33.

Jesús no dijo que no podemos proveer cosas materiales para nosotros mismos y para nuestras familias. Pero sí dijo que tenemos que buscar primeramente el Reino de Dios. Nuestros empleos y nuestros negocios tienen que ser relegados a un segundo plano si queremos permanecer en su reino.

¿Y qué nos promete Jesús si primeramente buscamos su reino? ¿Prosperidad material? No. Él simplemente nos promete que Dios proveerá nuestras necesidades primordiales.

Ahora, aquí viene el gran cambio de valores. Cuando se trata de las posesiones materiales, el reino de Dios no sólo tiene leyes diferentes, sino que todos sus valores son completamente diferentes. “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” Lucas 6.20. La mayoría de nosotros nos hemos vuelto tan insensibles a las “Bienaventuranzas” que ni siquiera notamos la declaración revolucionaria y radical de Jesús en este versículo.

¿Es una bendición ser pobre? ¿Cuántos de nosotros creemos eso? Quiero decir, ¿cuántos realmente creemos eso? Por ejemplo, cuando pasamos por la casa de un cristiano pobre, acaso decimos en nuestro corazón: “¡Qué bendición! Fíjese cuánto Dios ha bendecido a esa familia.” Seamos honestos. Muy pocos de nosotros decimos algo así. Eso es porque realmente no creemos en nuestro corazón que la pobreza es una bendición. San Pablo nos da una gran luz para entender esto: “Es verdad que la religión es un buen negocio, pero en otro sentido, si gracias a ella nos conformamos con lo que tenemos. Pues al llegar al mundo no trajimos nada, y al dejarlo tampoco nos llevaremos nada. Conformémonos entonces con tener alimento y ropa. Los que quieren ser ricos caen en tentaciones y trampas; un montón de ambiciones locas y dañinas los hunden en la ruina hasta perderlos. Debes saber que la raíz de todos los males es el amor al dinero. Algunos, arrastrados por él, se extraviaron lejos de la fe y se han torturado a sí mismos con un sinnúmero de tormentos.” 1 Timoteo 6.6–10.

Analicemos la diferencia entre el pobre del Reino en contraste con el pobre mundano.

¿Quiere decir que si soy pobre automáticamente estoy en una posición favorable con Cristo? No. Porque ser pobre en sí no es suficiente. Podemos ser pobres y no por eso estar buscando primeramente el reino. En el Sermón del Monte, él dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” Mateo 5.3. Esa expresión de “pobres en espíritu” no se usa en ninguna otra parte de la escritura. Muchos comentaristas modernos piensan que significa “humildes”. Tal vez sea así.

Sin embargo, uno de los Padres de la Iglesia, Clemente de Alejandría, la interpretó de una forma muy diferente. Él entendía que Jesús estaba diciendo: “Bienaventurados los que son pobres en sus almas”.

Es decir, aquellos que, sin importar cuánto posean, sea mucho o poco, tienen sus almas desligadas de las cosas materiales. El hecho es que una persona puede ser pobre en lo material, pero ser muy codiciosa en espíritu. De hecho, la gran mayoría de los pobres de este mundo no son “pobres en espíritu”. El enfoque de sus almas no es el reino, sino las riquezas.

La pobreza de los mundanos no es algo que ellos escogen. Muchos pobres mundanos tienen sus corazones enfocados en obtener más cosas materiales. Ellos envidian a los ricos y a la clase media. De hecho, su deseo por las riquezas es tan fuerte que a menudo se endeudan para comprar lo que no pueden pagar. Algunos pobres mundanos son tramposos y hasta roban. Generalmente están atrasados en los pagos que se han comprometido a saldar. Este tipo de personas es capaz de abandonar la ciudad con tal de no pagar sus cuentas o declararse en bancarrota para que sus acreedores tengan que cargar con el muerto. Los pobres mundanos a veces están tan a favor del consumo de cosas llamativas como los ricos. O sea, ellos desean usar la ropa más elegante o manejar un auto llamativo. Lo cierto es que ellos son amantes del dinero al igual que los ricos.

Otro tipo de pobre mundano es simplemente el holgazán o irresponsable. Estas personas pueden dedicar poco tiempo a percibir ingresos, lo cual puede ser loable. Sin embargo, terminan siendo una carga para los demás; su iglesia, padres, amigos o el gobierno. Ahora bien, yo no me refiero a las personas que no pueden trabajar, como es el caso de los ancianos, los enfermos y los discapacitados. A menudo los holgazanes no tienen dinero porque lo derrochan en bebidas, juegos, cigarros, drogas y cosas por el estilo. Esos pobres mundanos que profesan ser cristianos hacen muy poco por el reino. Ellos no trabajan por las riquezas, pero tampoco trabajan para Cristo.

En cambio, la pobreza de los súbditos del reino sí es algo escogido. Algunos de los pobres del reino son cristianos que anteriormente fueron ricos, pero dieron su riqueza para ayudar a los necesitados. Otros ya eran pobres y siguen siendo pobres por decisión propia. Los pobres piadosos no son simplemente pobres en lo externo, sino también internamente. Los planes de su corazón tienen su enfoque en el reino, no en cómo adquirir más riquezas. Los pobres del reino no envidian a los más prósperos, ya que ellos de verdad creen que ser pobre es una bendición. En ese caso, ¿por qué envidiar a los ricos? Al fin y al cabo, son los ricos quienes se están perdiendo una bendición.

Los pobres del reino no son holgazanes, sino gente trabajadora. Según sus circunstancias, puede ser que ellos tengan que trabajar a tiempo completo para suplir las necesidades de sus familias. “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” 2 Tesalonicenses 3.10. Ellos saben bien que las escrituras enseñan: Pero sea que trabajen a tiempo completo o no, también trabajan duro para el reino.

Los pobres del reino no son codiciosos. Ellos no compran cosas que no puedan pagar, ni tampoco adquieren bienes de consumo a crédito. Ellos hacen frente a sus compromisos, porque su “Sí” es “Sí” y su “No” es “No”. Los pobres del reino no viven a expensas de sus padres, amigos, o instituciones de bienestar social. Ellos no son una carga para los demás.

¿Puede un rico ser  “pobre de espíritu”?

Teóricamente, una persona puede tener una relativa abundancia de los bienes de este mundo y aun así ser “pobre en espíritu”. O sea, la riqueza es su siervo, no su amo. Pablo es un buen ejemplo de alguien que fue “pobre en espíritu”. Tal y como les dijo a los filipenses: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” Filipenses 4.11–12. Ya fuera que tuviera mucho o poco, Pablo siempre estuvo desligado de sus bienes materiales. Él no vacilaba en renunciar a ellos cuando surgía la necesidad.

Además, todos debemos entender que es extremadamente difícil ser rico y a la vez “pobre en espíritu”. Obviamente, mientras más cosas tengamos que renunciar, más difícil nos será soltarlas. Podemos convencernos a nosotros mismos de que aún somos “pobres en espíritu”, pero no vamos a engañar a Jesús. Él sabe dónde está nuestro tesoro, aun cuando nosotros mismos no lo sabemos.

Termino invitándote, que nos mantengas en tus oraciones, y que a la vez nos continúes ayudando económicamente para que esta Misión EWTN continúe llevando el Esplendor de la Verdad hasta los últimos confines de la tierra. El Señor sabrá retribuirte con toda clase de bendiciones celestiales.

Tu hermano en Cristo Jesús.

Pepe