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10.
Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal
de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo
especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley
a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes
indicaciones éticas.
En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un
proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el
parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente
su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del
propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad
es un acto gravemente inmoral.
En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia de una
ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse a ella
por los medios que le sean posibles, dejando pública constancia de su
desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar testimonio de la verdad.
Si no fuese posible abrogar completamente una ley de este tipo, el
parlamentario católico, recordando las indicaciones dadas en la Encíclica
Evangelium Vitæ, « puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas
encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos
negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública », con la
condición de que sea « clara y notoria a todos » su « personal absoluta
oposición » a leyes semejantes y se haya evitado el peligro de escándalo.(18)
Eso no significa que en esta materia una ley más restrictiva pueda ser
considerada como una ley justa o siquiera aceptable; se trata de una
tentativa legítima, impulsada por el deber moral, de abrogar al menos
parcialmente una ley injusta cuando la abrogación total no es por el momento
posible.
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