Ioannes Paulus PP. II
Dives in misericordia
sobre la Misericordia Divina

1980.11.30


NOTAS

1. Ef 2, 4.



2. Cfr. Jn 1, 18; Heb 1, 1 s.



3. Jn 14, 8 s.



4. Ef 2, 4 s



5. 2 Cor 1, 3.



6. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 22: A.A.S. 58 (1966), p. 1042.



7. Cfr. ib.



8. 1 Tim 6, 16.



9. Rom 1, 20.



10. Jn 1, 18.



11. 1 Tim 6 16.



12. Tit 3, 4.



13. Ef 2, 4.



14. Cfr. Gén 1, 28.



15. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 9: A.A.S. 58 (1966), p. 1032.



16. 2 Cor 1, 3.



17. Mt 6, 4. 6. 18.



18. Cfr. Ef 3, 18; además Lc 11, 5-13.



19. Lc 4, 18 s.



20. Lc 7, 19.



21. Lc 7, 22 s.



22. 1 Jn 4, 16.



23. Ef 2, 4.



24. Lc 15, 11-32



25. Lc 10, 30-37.



26. Mt 18, 23-35.



27. Mt 18, 12-14; Lc 15, 3-7



28. Lc 15, 8-10.



29. Mt 22, 38.



30. Mt 5, 7.



31. Cfr. Jue 3, 7-9



32. Cfr. 1 Re 8, 22-53



33. Cfr. Miq 7, 18-20.



34. Cfr. Is 1, 18; 51, 4-16.



35. Cfr. Bar 2, 11-3, 8.



36. Cfr. Neh 9.



37. Cfr. p. ej. Os 2, 21-25 y 15; Is 54, 6-8.



38. Cfr. Jer 31, 20; Ez 39, 25-29.



39. Cfr. 2 Sam 11, 12, 24, 10.



40. Job passim.



41. Est 4, 17k ss.



42. Cfr. p. ej. Neh 9, 30-32; Tob 3, 2-3. 11-12; 8, 16-17; 1 Mac 4, 24.



43. Cfr. Ex 3, 7 s.



44. Cfr. Is 63, 9.



45. Ex 34, 6.



46. Cfr. Num 14, 18; 2 Par 30, 9; Neh 9, 17; Sal 86 (85), 15; Sab 15, 1; Eclo 2, 11; Jl 2, 13.



47. Cfr. Is 63, 16.



48. Cfr. Ex 4, 22.



49. Cfr. Os 2 3.



50. Cfr. Os 11, 7-9; Jer 31, 20; Is 54, 7 s.



51. Sal 103 (102) y 145 (144).



52. Al definir la misericordia los Libros del Antiguo Testamento usan sobre todo dos expresiones, cada una de las cuales tiene un matiz semántico distinto. Ante todo está el término hesed, que indica una actitud profunda de « bondad ». Cuando esa actitud se da entre dos hombres, éstos son no solamente benévolos el uno con el otro, sino al mismo tiempo recíprocamenre fieles en virtud de un compromiso interior, por tanto también en virtud de una fidelidad hacia sí mismos. Si además hesed significa también « gracia » o « amor », esto es precisamente en base a tal fidelidad. El hecho de que el compromiso en cuestión tenga un carácter no sólo moral, sino casi jurídico, no cambia nada. Cuando en el Antiguo Testamento el vocablo hesed es referido el Señor, esto tiene lugar siempre en relación con la alianza que Dios ha hecho con Israel. Esa alianza fue, por parte de Dios, un don y una gracia para Israel. Sin embargo, puesto que en coherencia con la alianza hecha Dios se habia comprometido a respetarla, hesed cobraba, en cierto modo, un contenido legal. El compromiso juridico por parte de Dios dejaba de obligar cuando Israel infringía la alianza y no respetaba sus condiciones. Pero precisamente entonces hesed, dejando de ser obligación jurídica, descubría su aspecto más profundo: se manifiesta lo que era al principio, es decir, como amor que da, amor más fuerte que la traición, gracia más fuerte que el pecado.

Esta fidelidad para con la « hija de mi pueblo » infiel (cfr. Lam 4, 3. 6) es, en definitiva, por parte de Dios, fidelidad a sí mismo. Esto resulta frecuente sobre todo en el recurso frecuente al binomio hesed we'emet (=gracia y fidelidad), que podría considerarse una endíadis (cfr. por ej. Ex 34, 6; 2 Sam 2, 6; 15, 20; Sal 25 [24], 10; 40 [39], 11 s.; 85 [84], 11; 138 [137], 2; Miq 7, 20). « No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino más bien por el honor de mi nombre » (Ez 36, 22). Por tanto también Israel, aunque lleno de culpas por haber roto la alianza, no puede recurrir al hesed de Dios en base a una justicia legal; no obstante, puede y debe continuar esperando y tener confianza en obtenerlo, siendo el Dios de la alianza realmente « responsable de su amor ». Frutos de ese amor son el perdón, la restauración en la gracia y el restablecimiento de la alianza interior.

El segundo vocablo, que en la termenología del Antiguo Testamento sirve para definir la misericordia, es rahamim. Este tiene un matiz distinto del hesed. Mientras éste pone en evidencia los caracteres de la fidelidad hacia sí mismo y de la « responsabilidad del propio amor » (que son cartacteres en cierto modo masculinos ), rahamin, ya en su raíz, denota el amor de la madre (rehem= regazo materno). Desde el vínculo más profundo y originario, mejor, desde la unidad que liga a la madre con el niño, brota una relación particular con él, un amor particular. Se puede decir que este amor es totalmente gratuito, no fruto de mérito, y que bajo este aspecto constituye una necesidad interior: es una exigencia del corazón. Es una variante casi « femenina » de la fidelidad masculina a sí mismo, expresada en el hesed. Sobre ese trasfondo psicológico, rahamim engendra una escala de sentimientos, entre los que están la bondad y la ternura, la paciencia y la comprensión, es decir, la disposición a perdonar.

El Antiguo Testamento atribuye al Señor precisamente esos caracteres, cuando habla de él sirviéndose del término rahamim. Leemos en Isaías: « ¿Puede acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría » (Is 49, 15). Este amor, fiel e invencible gracias a la misteriosa fuerza de la maternidad, se expresa en los texos véterotestamentarios de diversos modos: ya sea como salvación de los peligros, especialmente de los enemigos, ya sea también como perdón de los pecados —respecto de cada individuo así como también de todo Israel— y, finalmente, en la prontitud para cumplir la promesa y la esperanza (escatológicas), no obstante la infidelidad humana, como leemos en Oseas: « Yo curaré su rebeldía y los amaré generosamente » (Os 14, 5).

En la terminología del Antiguo Testamento encontramos todavía otras expresiones, referidas diversamente al mismo contenido fundamental. Sin embargo, las dos antedichas merecen una atención particular. En ellas se manifiesta claramente su original aspecto antropomórfico: al presentar la misericordia divina, los autores bíblicos se sirven de los términos que corresponden a la conciencia y a la experiencia del hombre contemporáneo suyo. La terminología griega usada por los Setenta muestra una riqueza menor que la hebraica: no ofrece, pues, todos los matices semánticos propios del texto original. En cada caso, el Nuevo Testamento construye sobre la riqueza y profundidad, que ya distinguía el Antiguo.

De ese modo heredamos del Antiguo Testamento —casi en una síntesis especial— no solamente la riqueza de las expresiones usadas por aquellos Libros para definir la misericordia divina, sino también una específica, obviamente antropomórfica « psicología » de Dios: la palpitante imagen de su amor, que en contacto con el mal y en particular, con el pecado del hombre y del pueblo, se manifiesta como misericordia. Esa imagen está compuesta, además del contenido más bien general del verbo h nan, también por el contenido de hesed y por el de rahamim. El término hanan expresa un concepto más amplio; significa, en efecto, la manifestación de la gracia, que comporta, por así decir, una constante predisposición magnánima, benévola y clemente.

Además de estos elementos semánticos fundamentales, el concepto de misericordia en el Antiguo Testamento está compuesto también por lo que encierra el verbo hamal, que literalmente significa « perdonar (al enemigo vencido) », pero también « manifestar piedad y compasión » y, como consecuencia, perdón y remisión de la culpa. También el término hus expresa piedad y compasión, pero sobre todo en sentido afectivo. Estos términos aparecen en los textos bíblicos más raramente para indicar la misericordia. Además, conviene destacar el ya recordado vocablo 'emet, que significa en primer lugar « solidez, seguridad » (en el griego de los LXX: « verdad ») y en segundo lugar, « fidelidad », y en ese sentido parece relacionarse con el contenido semántico propio del término hesed.



53. Sal 40, 11; 98, 2 s.; Is 45, 21; 51, 5. 8; 56, 1.



54. Sab 11, 24.



55. 1 Jn 4, 16.



56. Jer 31, 3.



57. Is 54, 10.



58. Jon 4, 2. 11; Sal 145, 9; Eclo 18, 8-14; Sab 11, 23-12, 1.



59. Jn 14, 9.



60. En ambos casos se trata de hesed, es decir de la fidelidad que Dios manifiesta al propio amor hada su pueblo; fidelidad a las promesas, que precisamente en la maternidad de la Madre de Dios encontrarán su cumplimiento definitivo (cfr. Lc 1, 49-54).



61. Lc 1, 66-72. También en este caso se trata de la misericordia con el significado de hesed, en cuanto en las frases siguientes, en las que Zacarías habla de las « entrañas misericordiosas de nuestro Dios », se expresa claramente el segundo significado, el de rahamim (traducción latina: viscera misericordiae), que identifica más bien la misericordia divina con el amor materno.



62. Cfr. Lc 15, 11-32



63. Lc 15, 18 s.



64. Lc 15, 20



65. Lc 15, 32



66. Cfr. Lc 15, 3-6



67. Cfr. Lc 15, 8 s.



68. 1 Cor 13, 4-8.



69. Cfr. Rom 12, 21.



70. Cfr. Liturgia de la Vigilia pascual: « Exsultet ».



71. Act 10, 38.



72. Mt 9, 35.



73. Cfr. Mc 15, 37; Jn 19, 30.



74. Is 53, 5.



75. 2 Cor 5, 21.



76. Ib.



77. Credo nicenoconstantinopolitano.



78. Jn 3, 16.



79. Cfr. Jn 14, 9.



80. Mt 10, 28.



81. Flp 2, 8.



82. 2 Cor 5, 21.



83. Cfr. 1 Cor 15, 54 s.



84. Cfr. Lc 4, 18-21.



85. Cfr. Lc 7, 20-23.



86. Cfr. Is 35, 5; 61, 1-3



87. 1 Cor 15, 4.



88. Ap 21, 1.



89. Ap 21, 4.



90. Cfr. ib.



91. Ap 3, 20.



92. Cfr. Mt 24, 35.



93. Cfr. Ap 3, 20.



94. Mt 25, 40.



95. Mt 5, 7.



96. Jn 14, 9.



97. Rom 8, 32.



98. Mc 12, 27.



99. Jn 20, 19-23.



100. Cfr. Sal 89 (88), 2.



101. Lc 1, 50.



102. Cfr. 2 Cor 1, 21 s.



103. Lc 1, 50.



104. Cfr. Sal 85 (84), 11.



105. Lc 1, 50.



106. Cfr. Lc 4, 18.



107. Cfr. Lc 7, 22.



108. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, 62: A.A.S. 57 (1965), p. 63.



109. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 10: A.A.S. 58 (1966), p. 1032.



110. Ib.



111. Mt 5, 38.



112. Cfr. Jn 14, 9 s.



113. Ib.



114. Cfr. 1 Cor 11, 26; aclamación en el « Misal Romano ».



115. Jn 3, 16.



116. 1 Jn 4, 8.



117. Cfr. 1 Cor 13, 4



118. 2 Cor 1, 3.



119. Rm 8, 26.



120. Mt 5, 7.



121. Cfr. Mt 25, 34-40.



122. Cfr. 1Cor 13, 4.



123. Cfr. Lc 15, 11-32.



124. Cfr. Lc 15, 1-10.



125. Pablo VI. Enseñanzas al Pueblo de Dios (1975), p. 482 (Clausura del Año Santo, 25 diciembre 1975).



126. Mt 5, 38.



127. Cfr. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 40: A.A.S. 58 (1966), p. 1057 ss. Pablo VI, Exhort. Apost. Paterna cum benevolentia, esp. nn. 1 y 6: A.A.S. 67 (1975), p. 7-9; 17-23.



128. Cfr. 1 Jn 2, 16.



129. Mt 6, 12.



130. Ef 4, 2; cfr. Gal 6, 2.



131. Mt 18, 22.



132. Cfr. Lc 15, 32.



133. Cfr. Is 12, 3.



134. Mt 10, 8.



135. Cfr. Heb 5, 7.



136. Cfr. Sab 11, 24; Sal 145 (144), 9; Gén 1, 31.



137. Lc 23, 34.



138. Cfr. 1 Cor 4, 1.



139. Mt 5, 7.



140. Cfr. Jn 14, 9.

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Notas      

Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va