|
VI
NIEGOWIC:
UNA PARROQUIA RURAL
Apenas llegado a Cracovia, encontré en la Curia Metropolitana el primer
"destino'', la llamada «aplikata». El arzobispo estaba entonces en Roma,
pero me había dejado por escrito su decisión. Acepté el cargo con
alegría. Me informé enseguida de cómo llegar a Niegowic y me preocupé
por estar allí el día señalado. Fui desde Cracovia a Gdow en autobús,
desde allí un campesino me llevó en carreta a la campiña de Marszowice y
después me aconsejó caminar a pie por un atajo a través de los campos.
Divisaba a lo lejos la iglesia de Niegowic. Era el tiempo de la cosecha.
Caminaba entre los campos de trigo con las mieses en parte ya
cosechadas, en parte aún ondeando al viento. Cuando llegué finalmente al
territorio de la parroquia de Niegowic, me arrodillé y besé la tierra.
Había aprendido este gesto de San Juan María Viarmey. En la iglesia me
detuve ante el Santísimo Sacramento; después me presenté al párroco,
Mons. Kazimierz Buzala, arcipreste de Niepolomice y párroco de Niegowic,
quien me acogió muy cordialmente y después de un breve coloquio me
mostró la habitación del vicario.
Así empezó el trabajo pastoral en mi primera parroquia. Duró un año y
consistía en las funciones típicas de un vicario y profesor de religión.
Se me confiaron cinco escuelas elementales en las campiñas
pertenecientes a la parroquia de Niegowic. Allí me llevaban en un
pequeño carro o en la calesa. Recuerdo la cordialidad de los maestros y
de los feligreses. Los grupos eran muy diversos entre sí: algunos bien
educados y tranquilos, otros muy vivaces. Aún hoy me sucede que vuelvo
con el pensamiento al recogido silencio que reinaba en las clases,
cuando, durante la cuaresma, hablaba de la pasión del Señor.
En ese tiempo la parroquia de Niegowic se preparaba para la celebración
del quincuagésimo aniversario de la Ordenación sacerdotal del párroco.
Como la vieja iglesia era ya inadecuada para las necesidades pastorales,
los feligreses decidieron que el regalo más hermoso para el homenajeado
sería la construcción de un nuevo templo. Pero yo fui trasladado pronto
de aquella agradable comunidad.
En San Florián de Cracovia
En efecto, después de un año fui destinado a la parroquia de San Florián
de Cracovia. El párroco, Mons. Tadeusz Kurowski, me encargó la
catequesis en los cursos superiores del instituto y la acción pastoral
entre los estudiantes universitarios. La pastoral universitaria de
Cracovia tenía entonces su centro en la iglesia de Santa Ana, pero con
el desarrollo de nuevas facultades se sintió la necesidad de crear una
nueva sede precisamente en la parroquia de San Florián. Comencé allí las
conferencias para la juventud universitaria; las tenía todos los jueves
y trataban de los problemas fundamentales sobre la existencia de Dios y
la espiritualidad del alma humana, temas de particular impacto en el
contexto del ateísmo militante, propio del régimen comunista.
El trabajo científico
Durante las vacaciones de 1951, después de dos años de trabajo en la
parroquia de San Florián, el Arzobispo Eugeniusz Baziak, que había
sucedido en el gobierno de la Archidiócesis de Cracovia al Cardenal
Sapieha, me orientó hacia la labor científica. Debí prepararme para la
habilitación a la enseñanza pública de la ética y de la teología moral.
Esto supuso una reducción del trabajo pastoral, tan querido por mí. Me
costó, pero desde entonces me preocupé de que la dedicación al estudio
científico de la teología y de la filosofía no me indujera a
"olvidarme'' de ser sacerdote; mas bien debía ayudarme a serlo cada vez
más.
|