JUAN PABLO II
DON Y MISTERIO
 

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II
LA DECISIÓN DE ENTRAR
EN EL SEMINARIO
 


En el otoño de 1942 tomé la decisión definitiva de entrar en el seminario de Cracovia, que funcionaba clandestinamente. Me recibió el Rector, P. Jan Piwowarczyk. El hecho debía quedar en la más absoluta reserva, incluso para las personas más allegadas. Comencé los estudios en la Facultad teológica de la Universidad Jaghellonica, también clandestina, mientras continuaba trabajando como obrero en la Solvay.

Durante el período de la ocupación el Arzobispo Metropolitano estableció el seminario, siempre de modo clandestino, en su residencia. Esto podía desencadenar en cualquier momento, tanto para los superiores como para los alumnos, severas represiones por parte de las autoridades alemanas. Permanecí en este seminario peculiar, al lado del amado Príncipe Metropolitano, desde septiembre de 1944 y allí pude estar junto con mis compañeros hasta el 18 de enero de 1945, el día -o mejor dicho, la noche- de la liberación. En efecto, fue durante la noche cuando la Armada Roja llegó a los alrededores de Cracovia. Los Alemanes, en retirada, hicieron explotar el puente Debnicki. Recuerdo aquella terrible detonación: la onda expansiva rompió todos los cristales de las ventanas de la residencia arzobispal. En aquel momento nos encontrábamos en la capilla para una celebración en la que participaba el Arzobispo. El día siguiente nos dimos prisa en reparar los daños.

Pero voy a volver a los largos meses que precedieron a la liberación. Como he dicho, vivía con otros jóvenes en la residencia del Arzobispo. Este nos había presentado desde el primer momento a un joven sacerdote, que sería nuestro Padre espiritual. Se trataba del P. Stanistaw Smolenski, doctorado en Roma y hombre de una gran espiritualidad; hoy es Obispo auxiliar emérito de Cracovia. El P. Smolenski comenzó con nosotros un trabajo regular de preparación para el sacerdocio. Al principio teníamos como superior sólo a un prefecto, el P. Kazimierz Klósak, que había realizado sus estudios en Lovaina y era profesor de filosofía. Por su ascesis y bondad suscitaba en todos nosotros una gran estima y admiración. Daba cuentas de su trabajo directamente al Arzobispo, del cual dependía también de modo directo, por lo demás, nuestro mismo seminario clandestino. Después de las vacaciones veraniegas del año 1945, el P. Karol Kozlowski, procedente de Wadowice, antiguo Padre espiritual del seminario en el período anterior a la guerra, fue llamado a sustituir al P. Jan Piwowarczyk como Rector del seminario en el que había transcurrido casi toda la vida.

Se completaban así los años de la formación del seminario. Los dos primeros, aquellos que en el curriculum de los estudios se dedican a la filosofía, los había cursado de modo clandestino, trabajando como obrero. Los años sucesivos, 1944 y 1945, fueron testigos de mi creciente dedicación en la Universidad Jaghellonica, aun cuando el primer año después de la guerra fue muy incompleto. El curso académico 1945/46 fue normal. En la Facultad teológica tuve la suerte de conocer algunos profesores eminentes, como el P. Wladyslaw Wicher, profesor de teología moral, y el P. Ignacy Rózycki, profesor de teología dogmática, el cual me introdujo en la metodología científica en teología. Hoy abrazo con un recuerdo lleno de gratitud a todos mis Superiores, Padres espirituales y Profesores, que en el período del seminario contribuyeron a mi formación. ¡Que el Señor recompense sus esfuerzos y sacrificios!

A comienzos del quinto año, el Arzobispo decidió que me trasladara a Roma para completar los estudios. Fue así como, anticipándome a mis compañeros, fui ordenado sacerdote el I de noviembre de 1946. Aquel año nuestro grupo era, naturalmente, poco numeroso: en total éramos siete. Hoy vivimos solamente tres. El hecho de ser pocos tenía sus ventajas: permitía estrechar lazos profundos de conocimiento recíproco y de amistad. Esto se podía decir también, de algún modo, de las relaciones con los Superiores y Profesores, tanto en el período de la clandestinidad como en el breve tiempo de los estudios oficiales en la Universidad.

Las vacaciones de seminarista


Desde el momento en que entré en contacto con el seminario comenzó para mí un nuevo modo de pasar las vacaciones. Fui enviado por el Arzobispo a la parroquia de Raciborowice, en los alrededores de Cracovia. He de expresar profunda gratitud al párroco, P. Jozef Jamróz, y a los vicarios de esa parroquia, que se convirtieron en compañeros de vida de un joven seminarista clandestino.

Recuerdo en particular al P. Franciszek Szymonek, que más tarde, en tiempos del terror estalinista, fue acusado y sometido a proceso con objeto de aleccionar a la Curia arzobispal de Cracovia: fue condenado a muerte. Por suerte, poco después fue absuelto. Recuerdo también al P. Adam Biela, un compañero del instituto de Wadowice de más edad que yo. Gracias a estos jóvenes sacerdotes tuve la posibilidad de conocer la vida cristiana de toda la parroquia.

Algún tiempo después, en el territorio del pueblo de Bienczyce, que pertenecía a la parroquia de Raciborowice, surgió un gran barrio llamado Nowa Huta. Pasé allí muchos días durante las vacaciones, tanto en el año 1944 como en el 1945, ya acabada la guerra. Permanecía mucho tiempo en la vieja iglesia de Raciborowice, que se remontaba aún a los tiempos de Jan Dugosz. Dedicaba muchas horas a la meditación paseando por el cementerio. Había traído a Raciborowice mi material de estudio: los volúmenes de Santo Tomás con los comentarios. Aprendía la teología, por decirlo así, desde el "centro" de una gran tradición teológica. Empecé entonces a escribir un trabajo sobre San Juan de la Cruz que continué después bajo la dirección del P Ignacy Rózycki, profesor en la Universidad de Cracovia apenas fue abierta de nuevo. Completé el estudio a continuación en el Angelicum, bajo la guía del P. Prof. Garrigou Lagrange.

El Cardenal Adam Stefan Sapieha


En todo nuestro proceso formativo hacia el sacerdocio ejerció un influjo relevante la gran figura del Príncipe Metropolitano, futuro Cardenal Adam Stefan Sapieha, para el cual tengo un recuerdo emocionado y agradecido. Su prestigio había crecido por el hecho de que, en el período de transición antes de la reapertura del seminario, habitábamos en su residencia y lo veíamos cada día. El Metropolitano de Cracovia fue elevado a la dignidad cardenalicia inmediatamente después del final de la guerra, a una edad ya muy avanzada. Toda la población acogió este nombramiento como un justo reconocimiento de los méritos de aquel gran hombre, que durante la ocupación alemana había sabido mantener alto el honor de la Nación, demostrando la propia dignidad de modo claro para todos. Recuerdo aquel día de marzo -estábamos en Cuaresma- cuando el Arzobispo regresó de Roma después de haber recibido el capelo cardenalicio. Los estudiantes levantaron en brazos su automóvil y lo llevaron durante un buen trecho hasta la Basílica de la Asunción en la Plaza del Mercado, manifestando de ese modo el entusiasmo religioso y patriótico que tal nombramiento cardenalicio había suscitado en la población.

 

 

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Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va