|
Hoy, 24 de junio, la
liturgia nos invita a celebrar la
solemnidad de la Natividad de San Juan
Bautista, cuya vida estuvo totalmente
orientada a Cristo, como la de su madre,
María. San Juan Bautista fue el
precursor, la "voz" enviada a anunciar
al Verbo encarnado. Por eso, conmemorar
su nacimiento significa en realidad
celebrar a Cristo, cumplimiento de las
promesas de todos los profetas, entre
los cuales el mayor fue el Bautista,
llamado a "preparar el camino" delante
del Mesías (cf. Mt 11, 9-10).
Todos los Evangelios
comienzan la narración de la vida
pública de Jesús con el relato de su
bautismo en el río Jordán por obra de
san Juan. San Lucas encuadra la entrada
en escena del Bautista en un marco
histórico solemne. También mi libro
Jesús de Nazaret empieza con el
bautismo de Jesús en el Jordán,
acontecimiento que tuvo enorme
resonancia en su tiempo.
De Jerusalén y de todas
las partes de Judea la gente acudía para
escuchar a Juan Bautista y para hacerse
bautizar por él en el río, confesando
sus pecados (cf. Mc 1, 5). La
fama del profeta que bautizaba creció
hasta el punto de que muchos se
preguntaban si él era el Mesías. Pero él
—subraya el evangelista— lo negó
decididamente: "Yo no soy el Cristo" (Jn
1, 20). En cualquier caso, es el primer
"testigo" de Jesús, habiendo recibido
del cielo la indicación: "Aquel sobre
quien veas que baja el Espíritu y se
queda sobre él, ese es el que bautiza
con Espíritu Santo" (Jn 1, 33).
Esto aconteció precisamente cuando Jesús,
después de recibir el bautismo, salió
del agua: Juan vio bajar sobre él al
Espíritu como una paloma. Fue entonces
cuando "conoció" la plena realidad de
Jesús de Nazaret, y comenzó a "manifestarlo
a Israel" (Jn 1, 31), señalándolo
como Hijo de Dios y redentor del
hombre: "Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo" (Jn
1, 29).
Como auténtico profeta,
Juan dio testimonio de la verdad sin
componendas. Denunció las transgresiones
de los mandamientos de Dios, incluso
cuando los protagonistas eran los
poderosos. Así, cuando acusó de
adulterio a Herodes y Herodías, pagó con
su vida, coronando con el martirio su
servicio a Cristo, que es la verdad en
persona.
Invoquemos su
intercesión, junto con la de María
santísima, para que también en nuestros
días la Iglesia se mantenga siempre fiel
a Cristo y testimonie con valentía su
verdad y su amor a todos.
* * *
Después del Ángelus
Este domingo, que
precede a la solemnidad de san Pedro y
san Pablo, en Italia se celebra también
la "Jornada de la caridad del Papa".
Queridos fieles italianos, os agradezco
vivamente la oración y el apoyo
solidario con que participáis en la
acción evangelizadora y caritativa del
Sucesor de Pedro en el mundo entero.
Saludo cordialmente a
los peregrinos de lengua española. Os
exhorto a vivir santamente, para que,
siguiendo la voz de san Juan Bautista,
el precursor, cuya festividad celebramos
hoy, podáis llegar con alegría al
Salvador, nuestro Señor Jesucristo, el
hijo de María. ¡Feliz domingo! |