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Ante todo deseo renovar mi
agradecimiento al Señor por el viaje apostólico a Brasil,
que realicé del 9 al 14 de este mes; al mismo tiempo,
doy las gracias a todos los que me acompañaron con su
oración. Como sabéis, el motivo de mi visita pastoral
fue la inauguración de la V Conferencia general del
Episcopado latinoamericano y del Caribe. Pero antes de
ese gran acontecimiento eclesial, me encontré con la
comunidad católica brasileña. Muchos fieles acudieron,
con esa ocasión, a la metrópoli de São Paulo,
especialmente para la canonización del primer beato
nativo de Brasil: fray Antonio de Santa Ana Galvão.
Hablaré más ampliamente de este viaje el miércoles
próximo, durante la audiencia general. Mientras tanto,
os invito a seguir rezando por la Conferencia que se
está celebrando en Aparecida y por el camino del pueblo
de Dios que vive en América Latina.
Un motivo ulterior de reflexión y de
oración nos lo brinda hoy la celebración anual de la
Jornada mundial de las comunicaciones sociales, cuyo
tema es: «Los niños y los medios de comunicación: un
desafío para la educación». Los desafíos educativos del
mundo actual a menudo están relacionados con la
influencia de los medios de comunicación social, que
compiten con la escuela, con la Iglesia e, incluso, con
la familia.
En este contexto, es esencial una
adecuada formación en el uso correcto de esos medios:
los padres, los maestros y la comunidad eclesial están
llamados a colaborar para educar a los niños y a los
muchachos a saber seleccionar y a formar una actitud
crítica, cultivando el gusto por lo que es estética y
moralmente válido. Pero también los medios de
comunicación deben contribuir a este compromiso
educativo, promoviendo la dignidad de la persona humana,
el matrimonio y la familia, las conquistas y las metas
de la civilización.
Los programas que inculcan violencia y
comportamientos antisociales o vulgarizan la sexualidad
humana son inaceptables, mucho más si se proponen a los
menores. Por tanto, renuevo mi llamamiento a los
responsables de la industria de los medios de
comunicación y a los agentes de la comunicación social,
para que salvaguarden el bien común, respeten la verdad
y protejan la dignidad de la persona y de la familia.
Queridos hermanos y hermanas, en algunos
países se celebra hoy la solemnidad de la Ascensión del
Señor, que la liturgia recordó el jueves pasado. Jesús
resucitado vuelve al Padre, así nos abre el camino a la
vida eterna y hace posible el don del Espíritu Santo.
Como entonces los Apóstoles, también nosotros, después
de la Ascensión, nos recogemos en oración para invocar
la efusión del Espíritu, en unión espiritual con la
Virgen María (cf. Hch 1, 12-14). Que su
intercesión obtenga para toda la Iglesia un renovado
Pentecostés.
Después del Regina Caeli
Llamamiento del Papa en favor de la
paz en Oriente Próximo
Los enfrentamientos entre facciones
palestinas en la franja de Gaza y el lanzamiento de
cohetes contra los habitantes de las ciudades israelíes
cercanas, ante los cuales se reaccionó con la
intervención armada, están provocando un sangriento
deterioro de la situación, que consterna.
Una vez más, en nombre de Dios, pido que
se ponga fin a esta trágica violencia, mientras deseo
expresar mi cercanía solidaria a las probadas
poblaciones palestina e israelí, asegurándoles mi
recuerdo en la oración.
Apelo al sentido de responsabilidad de
todas las autoridades palestinas para que, mediante el
diálogo y con firmeza, reanuden el arduo camino del
entendimiento, neutralizando a los violentos. Invito al
Gobierno israelí a la moderación y exhorto a la
comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para
que se vuelva a la negociación. Que el Señor suscite y
sostenga a los agentes de paz.
* * *
Saludo con afecto a los peregrinos de
lengua española. En particular a los fieles de la
parroquia Virgen del Carmen, de Onda. En este domingo de
la Ascensión del Señor a los cielos, renovamos nuestra
fe en Jesús, que nos ha abierto el camino que conduce a
la patria celeste. Al mismo tiempo, como los primeros
discípulos, reunidos con María en el cenáculo, esperamos
la llegada del Espíritu Santo, que nos dará fuerza para
ser testigos de Cristo resucitado en el mundo ¡Que Dios
os bendiga! |