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Desde hace algunos días ha comenzado el mes de mayo, que
para muchas comunidades cristianas es el mes mariano por excelencia.
Como tal, se ha convertido a lo largo de los siglos en una de las
devociones más arraigadas en el pueblo, y lo valoran cada vez más los
pastores como ocasión propicia para la predicación, la catequesis y la
oración comunitaria.
Después del concilio Vaticano II, que subrayó el papel
de María santísima en la Iglesia y en la historia de la salvación, el
culto mariano ha experimentado una profunda renovación. Y al coincidir,
al menos en parte, con el tiempo pascual, el mes de mayo es muy propicio
para ilustrar la figura de María como Madre que acompaña a la comunidad
de los discípulos reunidos en oración unánime, a la espera del Espíritu
Santo (cf. Hch 1, 12-14). Por tanto, este mes puede ser una
ocasión para volver a la fe de la Iglesia de los orígenes y, en unión
con María, comprender que también hoy nuestra misión consiste en
anunciar y testimoniar con valentía y con alegría a Cristo crucificado y
resucitado, esperanza de la humanidad.
A la Virgen santísima, Madre de la Iglesia, deseo
encomendar el viaje apostólico que realizaré a Brasil del 9 al 14 de
mayo. Como hicieron mis venerados predecesores Pablo VI y Juan Pablo II,
presidiré la inauguración de la Conferencia general del Episcopado
latinoamericano y del Caribe, la quinta, que tendrá lugar el próximo
domingo en el gran santuario nacional de Nuestra Señora Aparecida,
en la ciudad homónima. Pero antes iré a la cercana metrópoli de São
Paulo, donde me encontraré con los jóvenes y los obispos del país y
tendré la alegría de inscribir en el catálogo de los santos al beato
fray Antonio de Santa Ana Galvão.
Es mi primera visita pastoral a América Latina, y me
preparo espiritualmente para encontrarme con el subcontinente
latinoamericano, donde vive casi la mitad de los católicos de todo el
mundo, muchos de los cuales son jóvenes. Por eso ha sido denominado el "continente
de la esperanza": una esperanza que concierne no sólo a la Iglesia,
sino a toda América y al mundo entero.
Queridos hermanos y hermanas, os invito a orar a María
santísima por esta peregrinación apostólica y, en particular, por la V
Conferencia general del Episcopado latinoamericano y del Caribe, para
que todos los cristianos de esas regiones se sientan discípulos y
misioneros de Cristo, camino, verdad y vida. Los desafíos del momento
presente son numerosos y múltiples; por eso es importante que los
cristianos se formen para ser "levadura" de bien y "luz" de santidad en
nuestro mundo.
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Después del Regina Caeli
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española,
especialmente a los fieles de las parroquias de Calahorra, Alfaro,
Logroño, Burgos, Villarcayo y Santander. En este mes mariano
encomendemos a la intercesión maternal de la Virgen María, bajo la
advocación de Nuestra Señora de la Aparecida, mi próximo viaje a Brasil
con motivo de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano y
del Caribe. ¡Feliz domingo! |