JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 29 de septiembre de 2004
Las nupcias del Rey
1. "Recito mis versos a un rey". Estas palabras, con las que se
abre el salmo 44, orientan al lector sobre el carácter fundamental de este
himno. El escriba de corte que lo compuso nos revela enseguida que se trata de
un carmen en honor del soberano israelita. Más aún, recorriendo los versículos
de la composición, nos damos cuenta de estar en presencia de un epitalamio, o
sea, de un cántico nupcial.
Los estudiosos se han esforzado por identificar las coordenadas históricas del
salmo basándose en algunos indicios -como la relación de la reina con la ciudad
fenicia de Tiro (cf. v. 13)-, pero sin llegar a una identificación precisa de la
pareja real. Es relevante que en la escena haya un rey israelita, porque esto ha
permitido a la tradición judía transformar el texto en canto al rey Mesías, y a
la tradición cristiana releer el salmo en clave cristológica y, por la presencia
de la reina, también en perspectiva mariológica.
2. La liturgia de las Vísperas nos propone usar este salmo como oración,
articulándolo en dos momentos. Ahora hemos escuchado la primera parte (cf. vv.
2-10), que, después de la introducción ya evocada por el
escriba autor del texto (cf. v. 2), presenta un espléndido retrato del soberano que está
a punto de celebrar su boda.
Por eso, el judaísmo ha reconocido en el salmo 44 un canto nupcial, que exalta
la belleza y la intensidad del don de amor entre los cónyuges. En particular, la
mujer puede repetir con el Cantar de los cantares: "Mi amado es para mí,
y yo soy para mi amado" (Ct 2, 16). "Yo soy para mi amado y mi amado es
para mí" (Ct 6, 3).
3. El perfil del esposo real está trazado de modo solemne, con el recurso a todo
el aparato de una escena de corte. Lleva las insignias militares (Sal 44,
4-6), a las que se añaden suntuosos vestidos perfumados, mientras en el fondo
brillan los palacios revestidos de marfil, con sus salas grandiosas en las que
suena música (cf. vv. 9-10). En el centro se encuentra el trono, y se menciona
el cetro, dos signos del poder y de la investidura real (cf. vv. 7-8).
Al llegar aquí, quisiéramos subrayar dos elementos. Ante todo, la belleza del
esposo, signo de un esplendor interior y de la bendición divina: "Eres el más
bello de los hombres" (v. 3). Precisamente apoyándose en este versículo la
tradición cristiana representó a Cristo con forma de hombre perfecto y
fascinante. En un mundo caracterizado a menudo por la fealdad y la descortesía,
esta imagen es una invitación a reencontrar la via pulchritudinis en la
fe, en la teología y en la vida social para ascender a la belleza divina.
4. Sin embargo, la belleza no es un fin en sí misma. La segunda nota que
quisiéramos proponer se refiere precisamente al encuentro entre la belleza y la
justicia. En efecto, el soberano "cabalga victorioso por la verdad y la
justicia" (v. 5); "ama la justicia y odia la impiedad" (v. 8), y su cetro es
"cetro de rectitud" (v. 7). La belleza debe conjugarse con la bondad y la
santidad de vida, de modo que haga resplandecer en el mundo el rostro luminoso
de Dios bueno, admirable y justo.
En el versículo 7, según los estudiosos, el apelativo "Dios" podría dirigirse al
rey mismo, porque, habiendo sido consagrado por el Señor, pertenecería en cierto
modo al ámbito divino: "Tu trono, oh Dios, permanece para siempre". O podría
ser una invocación al único rey supremo, el Señor, que se inclina sobre el rey
Mesías. Ciertamente, la carta a los Hebreos, aplicando el salmo a Cristo,
no duda en reconocer la divinidad plena, y no meramente simbólica, al Hijo que
entró en su gloria (cf. Hb 1, 8-9).
5. Siguiendo esta lectura cristológica, concluimos remitiéndonos a los Padres de
la Iglesia, que atribuyen a cada versículo ulteriores valores espirituales. Así,
sobre la frase del salmo en la que se dice que "el Señor bendice eternamente" al
rey Mesías (cf. Sal 44, 3), san Juan Crisóstomo elaboró esta aplicación
cristológica: "El primer Adán fue colmado de una grandísima maldición; el
segundo, en cambio, de larga bendición. Aquel había oído: "Maldito en tus
obras" (Gn 3, 17), y de nuevo: "Maldito quien haga el trabajo del Señor
con dejadez" (Jr 48, 10), y "Maldito quien no mantenga las palabras de
esta Ley" (Dt 27, 26) y "Maldito el que cuelga de un árbol" (Dt
21, 23). ¿Ves cuántas maldiciones? De todas estas maldiciones te ha liberado
Cristo, haciéndose maldición (cf. Ga 3, 13): en efecto, así como se
humilló para elevarte y murió para hacerte inmortal, así también se ha
convertido en maldición para colmarte de bendición. ¿Qué puedes comparar con
esta bendición, cuando por medio de una maldición te concede una bendición? En
efecto, él no tenía necesidad de bendición, pero te la dona a ti" (Expositio
in Psalmum XLIV, 4: PG 55, 188-189).
Saludos
Saludo con afecto a los peregrinos y familias de lengua española. En especial al
grupo de la Hermandad del Rocío, de Madrid, al grupo de fieles de Panamá y a los
profesores y alumnos de bachillerato, de Salta (Argentina). Deseo a todos una
feliz permanencia en Roma, creciendo en la fe que testimoniaron los Apóstoles.
Muy agradecido por vuestra atención. Hasta otra vez.
(En polaco) De corazón doy la bienvenida a mis
compatriotas. Saludo a los presbíteros de la diócesis de Kielce que celebran el
25° aniversario de sacerdocio. Dirijo mi bienvenida a los enfermos, a los
inválidos y al personal de las Obras hospitalarias. Saludo de modo particular a
los participantes en la peregrinación de "Solidaridad". Este movimiento, que
nació en tierra polaca, abrió las puertas de la libertad a muchos países de
Europa. Me alegro porque el espíritu de "Solidaridad" sigue uniendo a muchas
personas en nuestra patria. ¡Ojalá que este sano espíritu penetre también en la
Europa unida! Bendigo a todos de corazón. ¡Que Dios os sea propicio!.
(Al coro de exiliados lituanos) Doy las gracias
al Señor, junto con vosotros, por el valiente testimonio cristiano que habéis
dado en el tiempo de la prueba. Ojalá que vuestra presencia orante en la ciudad
de los Apóstoles y de los mártires fortifique vuestra fe, esperanza y caridad.
Os acompaño con la oración y os imparto gustoso mi bendición.
(A los peregrinos de Bohemia meridional) Ayer la Iglesia checa ha festejado a su patrono, san Venceslao. No estaba
apegado a sus orígenes nobles de esta tierra, sino a los celestiales, adquiridos
en el bautismo. Permaneced fieles a su herencia espiritual.
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