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JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 26 de mayo de 1982 [1]
Queridísimos hermanos y hermanas:
Ante todo, os dirijo mi saludo cordial y os recibo con afecto en esta
audiencia general, que tiene lugar entre la Ascensión y Pentecostés. La
liturgia de estos días nos recuerda las palabras con las que Jesús,
confortando a sus Apóstoles a quienes iba a dejar, les prometió: "Cuando venga
el Abogado que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que
procede del Padre, Él dará testimonio de mí; y vosotros daréis también
testimonio" (Jn 15, 26 s.).
Queridísimos, si el deber de dar testimonio de Cristo corresponde a todo fiel,
compromete de modo especial a los sucesores de los Apóstoles, que son los
obispos y, entre ellos, al Romano Pontífice que, en su calidad de Sucesor de
Pedro, tiene una responsabilidad directa con relación a toda la Iglesia.
Impulsado por esta conciencia, a lo largo de estos años he peregrinado por el
mundo, para llevar a las diversas porciones de la grey de Cristo ayuda en las
pruebas y ánimo para perseverar en la valiente adhesión a los valores perennes
del Evangelio.
En línea con este programa, se pensó y preparó, desde hace tiempo, como
sabéis, una visita pastoral a las Iglesias en Inglaterra, Escocia y Gales. Las
recientes, dolorosas vicisitudes del conflicto en el Atlántico Sur, hicieron
dudar sobre la realización de este viaje, que tantos cristianos no sólo
católicos, sino también de otras confesiones, esperan con ansia. Después de
profundas consultas con los mayores responsables de dichas Iglesias, he
decidido realizar mi visita, aunque modificando un poco el programa.
Sin embargo, puesto que esta decisión podría crear algo de sorpresa o
perplejidad entre los católicos de la Iglesia en Argentina, ciertamente no
menos queridos y no menos cercanos a mi corazón, he sentido la necesidad de
explicarles las razones que me han inducido a ello, después de prolongada y
angustiosa reflexión.
Con este fin he dirigido a los hijos de esa querida nación una carta, que os
leo ahora.
«A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina:
1. Os escribo por mi propia mano, porque siento que debo repetir el gesto
paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, afianzándoles en la fe (cf. Col
4, 18).
Os escribo esta carta impulsado por un sentimiento de afecto y de solicitud
hacia la Iglesia una y universal, que está en toda la tierra, en todas las
naciones y pueblos. Os escribo porque juzgo que es necesaria una particular
aclaración a vosotros que vivís en tierra argentina. Requieren esa aclaración
los problemas planteados por mi viaje apostólico y pastoral a Inglaterra,
Escocia y Gales en el tiempo de Pentecostés del año en curso.
Si en las últimas semanas no se hubiesen verificado los trágicos
acontecimientos que tienen su punto central en la región meridional del Océano
Atlántico y que están relacionados con el conflicto entre Argentina y Gran
Bretaña, este viaje no requeriría explicación alguna, como no ha sido
necesaria para cualquier otro viaje hecho para visitar las Iglesias que se
hallan en los diversos países y continentes. Sin embargo, en vista de las
dolorosas circunstancias actuales, debo daros esta aclaración, sabiendo que la
queréis aceptar como testimonio leal de afecto, en el servicio evangélico al
mundo.
2. El viaje del Papa a las Iglesias de Inglaterra, Escocia y Gales está
programado desde hace dos años, y desde hace año y medio se está llevando a
cabo una preparación intensa que se concreta en una serie de acciones de tipo
pastoral. La expectativa surgida para cumplir el objetivo de estos
preparativos es tal que no puedo menos de realizar esta visita que viene a
coronar siglos de fidelidad de esos católicos a la Iglesia y al Papa. Por otra
parte, a pesar de las insistencias que he hecho para tratar de aplazar mi
viaje, los obispos de Gran Bretaña se han manifestado y continúan
manifestándose unánimes en afirmar la absoluta imposibilidad de tal
aplazamiento, que a su juicio equivaldría prácticamente a una cancelación.
La cancelación del viaje sería una desilusión no sólo para los católicos, sino
también para muchísimos no católicos que lo consideran, como es en realidad,
singularmente importante también por su significado ecuménico. Saben todos
ellos bien, en efecto, que la visita del Papa tiene un carácter estrictamente
pastoral y en ningún modo político.
Tal carácter estrictamente pastoral y ecuménico es tan esencial y prevalente
que, dadas las circunstancias, los representantes del mundo gubernamental se
han retirado espontáneamente de todos los contactos ya previstos y que
normalmente han tenido lugar en otras circunstancias durante visitas
semejantes.
El programa prevé un encuentro con los altos representantes de la Comunión
anglicana y con los representantes de las otras Comunidades cristianas
separadas de la Iglesia católica.
Está prevista asimismo una visita a la Reina Isabel que, como bien se sabe,
tiene también una especialísima posición en la Iglesia de Inglaterra.
3. Al emprender este viaje —a pesar de todas las dificultades que van
acumulándose y con mi ánimo cargado de dolor por las muertes que origina el
conflicto entre Argentina y Gran Bretaña— abrigo la firme esperanza de que se
encuentre pronto, gradualmente, una solución honrosa por los caminos de una
negociación pacífica. Por parte mía, no he dejado de esforzarme desde el
principio, con todos los medios a mi alcance, en favor de una solución que,
manteniendo el carácter de una decisión justa y conforme con el sentido del
honor nacional, sea capaz de ahorrar a ambas partes, y quizá también a otras
sociedades, derramamientos de sangre y otros efectos terribles de la guerra.
Por esta intención he rogado asimismo muchas veces, en particular durante mi
última peregrinación a Fátima y de modo especialísimo en la Misa concelebrada
por mí, el día 22 del mes en curso, en la basílica de San Pedro, junto con los
Pastores de la Iglesia en Argentina, en América Latina y los de la Iglesia en
Inglaterra, Escocia y Gales. Quedan aún vivas, con toda su exigencia, las
frases que en tan histórica ocasión pronuncié: la paz es posible, la paz es un
deber imperioso.
Mis días de permanencia en Gran Bretaña seguirán siendo una incesante plegaria
en favor de la paz, elevada junto con el Pueblo de Dios que lleva esculpidas
en su corazón las palabras de Cristo: "¡Bienaventurados los pacíficos, porque
ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5, 9).
4. Sobre todo durante esos días mi pensamiento y mi afecto estarán también con
vosotros, amados hijos de Argentina. Es bien conocida mi predilección por
vuestro país y por toda América Latina donde ya he realizado dos visitas que
conservo vivas en mi corazón de Pastor universal. En mis proyectos entra
realizar una tercera a principios del próximo año. No obstante, hondamente
preocupado por la causa de la paz y movido por el amor a vosotros, tan
probados en estos momentos de dolor, desearía dirigirme incluso directamente
desde Inglaterra a Argentina y allí, entre vosotros y con vosotros, queridos
hermanos y hermanas, elevar la misma plegaria por la victoria de la justa paz
sobre la guerra. Abrigo la esperanza de que pronto os uniréis al Papa en el
santuario de la Madre de Dios en Luján, consagrando vuestras familias y
vuestra patria católica al Corazón maternal de la Madre de Dios. Este breve
viaje no comportaría la renuncia a una visita pastoral a vosotros, hecha a su
debido tiempo, con un programa apropiado y previa la debida preparación.
5. Os pido especialmente a vosotros, venerables hermanos en el Episcopado, que
pongáis de manifiesto ante vuestra sociedad el verdadero significado del viaje
apostólico del Obispo de Roma, sobre todo si tal significado fuera presentado
bajo un prisma falso, para minar la credibilidad de su servicio universal. Sed
a la vez, aún dentro de las justas exigencias del patriotismo, portavoces de
esa unidad que en Cristo y ante Dios, Creador y Padre, abraza a todos los
pueblo y naciones, por encima de lo que los distingue, divide o incluso opone
recíprocamente.
La Iglesia, aún conservando el amor hacia cada nación particular, no puede
menos de tutelar la unidad universal, la paz y la comprensión mutua. De esta
manera, aún en medio de las tensiones políticas y de las calamidades que
comporta la guerra, la Iglesia no deja de testimoniar la unidad de la gran
familia humana y busca los caminos que ponen de manifiesto tal unidad, por
encima de divisiones trágicas. Son los camino que conducen a la justicia, al
amor y a la paz.
En prueba de mi afectuosa cercanía os envío, con la seguridad de mis
oraciones, una especial bendición apostólica. (Vaticano, 25 de mayo de 1982)».
Este es el texto de la carta, que un representante mío ha llevado
personalmente a Argentina.
Os pido a todos que os unáis a mí en la oración para obtener del Señor, por
medio de la intercesión de la Virgen Santísima, que las finalidades del viaje
pastoral que voy a emprender sean rectamente entendidas y generosamente
secundadas, de manera que este viaje pueda ayudar al bien espiritual de los
creyentes y a la misma causa de la paz en el Atlántico Austral.
* * *
El Papa dio el anuncio de su próxima peregrinación de paz a Argentina, al
terminar la audiencia, con las siguientes palabras:
He recibido la noticia de que mi deseo de visitar Argentina ha
sido acogido con gratitud y viva satisfacción por los obispos y las supremas
autoridades de la Nación y del pueblo argentino. La fecha de partida para este
viaje pastoral está prevista para el 10 del próximo mes de junio.
[1] La audiencia
general se desarrolló en un clima muy especial, dominado por las dramáticas
noticias llegadas los días anteriores del Atlántico Sur y por el comentario
que el Papa hizo sobre su inminente viaje apostólico y ecuménico a Gran
Bretaña, así como el anuncio de su próximo viaje a Argentina... Todo esto lo
explicó Juan Pablo II en su catequesis que tuvo un carácter especial, ya que
en ella leyó el mensaje a los fieles de la nación Argentina.
El mensaje —carta— del Santo Padre a los fieles de la
nación Argentina fue entregado por el Secretario de los Asuntos Públicos de
la Iglesia, arzobispo, Achille Silvestrini al presidente de la república,
general Leopoldo Galtieri el miércoles 26 de mayo. Mons. Silvestrini fue
enviado por el Papa a Buenos Aires para este fin y para hacerse intérprete
del deseo de Juan Pablo II de poder realizar una visita pastoral también a
Argentina...
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