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CARTA APOSTÓLICA
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
A LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS DE AMÉRICA LATINA
CON MOTIVO DEL V CENTENARIO
DE LA EVANGELIZACIÓN DEL NUEVO MUNDO

 

 

CONCLUSIÓN

30. Queridísimos hermanos y hermanas: Al concluir esta Carta que he querido dirigiros ante la inminente celebración del V Centenario de la Evangelización de América, quiero dar gracias al Señor por todo el bien que durante estos cinco siglos ha sido realizado por obra de las Familias religiosas en la sociedad y en la Iglesia que peregrina en ese continente.

Doy gracias también a todos y cada uno de vosotros, religiosos y religiosas, a cada una de vuestras comunidades, así como a los miembros de los Institutos seculares y de las Sociedades de vida apostólica, por vuestra entrega y vuestro apostolado al servicio de Cristo, de la Iglesia, de la sociedad.

El Papa, junto con todo el Episcopado y el Pueblo de Dios en América Latina, nutre la viva esperanza de que vuestro ministerio en la obra de la nueva evangelización, según las exigencias del presente y del futuro, será igualmente fructuoso y bendecido por Dios.

Deseo ardientemente que la celebración de este V Centenario sea una ocasión propicia para que se renueve el auténtico ideal de la vida religiosa, fecundado además con numerosas y genuinas vocaciones, ya que también en América Latina: «La mies es mucha y los obreros son pocos» (Mt 9, 37). Roguemos, pues, todos juntos, «al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38).

31. Encomiendo a Nuestra Señora de Guadalupe, «primera evangelizadora de América Latina» [30], los anhelos y esperanzas que os he confiado en esta Carta. Ella es realmente la «Estrella de la Evangelización», la evangelizadora de vuestro pueblo. Su cercanía materna dio un impulso decisivo a la predicación del mensaje de Cristo y a la fraternidad de las naciones latinoamericanas y de sus habitantes. La devoción a María ha sido siempre garantía de fidelidad a la fe católica durante estos cinco siglos. Que Ella siga guiando vuestros pasos y fecundando vuestras tareas evangelizadoras.

Para todos los religiosos y religiosas María es la imagen más viva y la realización más perfecta del seguimiento y de la consagración al Señor: Virgen pobre y obediente, escogida por Dios, dedicada por entero a la misión de su Hijo. En ella, Madre de la Iglesia, brillan también todos los carismas de la vida religiosa.

Que la Virgen del Magnificat, en cuyo cántico resuena su fidelidad a Dios y su solidaridad con las esperanzas de su pueblo, os mantenga fieles a vuestra consagración y os haga generosos cooperadores de Cristo y de su Iglesia en la nueva evangelización.

A todos vosotros, queridos religiosos y religiosas, os imparto con afecto mi Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 29 de junio, solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, del año 1990, decimosegundo de mi Pontificado.

JOANNES PAULUS PP. II


 

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Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va