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CARTA APOSTÓLICA
Conclusión Todos en la Iglesia nos gloriamos de ser discípulos e hijos de este gran santo y maestro. Y debemos, por tanto considerar su ejemplo y escuchar reverentemente su doctrina, dispuestos a recibir sus enseñanzas, consuelos y exhortaciones. Confiamos este mensaje especialmente a las numerosas Órdenes religiosas —masculinas y femeninas— que se honran con el nombre y patronazgo de San Basilio y siguen su Regla, animándoles, en esta feliz conmemoración, a que fomenten con renovado fervor la vida ascética y contemplativa de las cosas divinas, que fructifique en obras santas para gloria de Dios y edificación de toda la Iglesia. Por el feliz logro de estos objetivos, imploramos también la materna intercesión de la Virgen María, mientras, con el deseo de bienes celestiales y en prenda de nuestra benevolencia, os impartimos la bendición apostólica. Dado en Roma, junto a San Pedro —en recuerdo de los Santos Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia— el 2 de enero del año 1980, II de nuestro pontificado. JOANNES PAULUS PP. II
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| Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va | |