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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
POST-SINODAL
RECONCILIATIO ET PAENITENTIA

DE
JUAN PABLO II
AL EPISCOPADO
AL CLERO Y A LOS FIELES
SOBRE LA RECONCILIACIÓN
Y LA PENITENCIA
EN LA MISIÓN
DE LA IGLESIA HOY

 

 

NOTAS

1. Mc 1, 15.

2. Cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, III, 1-7: AAS 71 (1979), 198-204.

3. La visión de un mundo «desgarrado» aparece en la obra de no pocos escritores contemporáneos, cristianos y no cristianos testigos de la condición del hombre en nuestra atormentada época.

4. Cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 43-44; Decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 12; Pablo VI, Encíc. Ecclesiam suam: AAS 56 (1964), 609-659.

5. Sobre la división en el cuerpo de la Iglesia escribía con palabras de fuego, en los albores de la misma Iglesia, el Apóstol Pablo en la famosa página de 1 Cor 1, 10-16. A los mismos cristianos de Corinto se dirigirá algunos años más tarde S. Clemente Romano para denunciar los desgarrones existentes en aquella comunidad: cf. Carta a los Corintios, III-VI; LVII: Patres Apostolici, ed. Funk, I, 103-109; 171-173. Sabemos que desde los Padres más antiguos, la túnica inconsútil de Cristo, no rasgada por los soldados ha venido a ser la imagen de la unidad de la Iglesia: cf. S. CIPRIANO, De Ecclesiae catholicae unitate, 7: CCL 3/1, 254s.; S. Agustín, In Ioannis Evangelium tractatus, 118, 4: CCL 36, 656 s.; S. Beda El Venerable, In Marci Evangelium expositio, IV, 15: CCL 120, 630; In Lucae Evangelium expositio, VI, 23: CCL 120, 403; In S. Ioannis Evangelium expositio, 19: PL 92, 911 s.

6. La Encíclica Pacem in terris, testamento espiritual de Juan XXIII (cf. AAS 55 [1963], 257-304), es considerada con frecuencia un «documento social» o también un «mensaje politico» y en verdad lo es, si se toman dichas expresiones en toda su amplitud. El discurso pontificio —así aparece tras más de veinte años de su publicación— es, en efecto, más que una estrategia en vista de la convivencia de los pueblos y naciones, una urgente llamada a los valores supremos, sin los cuales la paz sobre la tierra se convierte en una quimera. Uno de estos valores es justamente la reconciliación entre los hombres y a este tema Juan XXIII se ha referido en muchas ocasiones. De Pablo VI bastará recordar que, al convocar a toda la Iglesia y a todo el mundo a celebrar el Año Santo de 1975, quiso que «renovación y reconciliación» fueran la idea central de aquel importante acontecimiento. Y no pueden olvidarse tampoco las catequesis que a tal idea-maestra consagró él para ilustrar dicho Jubileo.

7. «Este tiempo fuerte, durante el cual todo cristiano está llamado a realizar más en profundidad su vocación a la reconciliación con el Padre en el Hijo —escribía en la Bula de convocación del Año jubilar de la Redención— conseguirá plenamente su objetivo únicamente cuando desemboque en un nuevo compromiso por parte de cada uno y de todos al servicio de la reconciliación no sólo entre los discípulos de Cristo sino también entre todos los hombres»: Bula Aperite Portas Redemptori, 3: AAS 75 (1983), 93.

8. El tema del Sínodo era más exactamente: Reconciliación y penitencia en la misión de la Iglesia.

9. Cf. Mt 4, 17; Mc 1, 15.

10. Cf. Lc 3, 8.

11. Cf. Mt 16, 24-26; Mc 8, 34-36; Lc 9, 23-25.

12. Cf. Ef 4, 23 s.

13. Cf. 1 Cor 3, 1-20.

14. Cf. Col 3, 1 s.

15. «Por Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios»: 2 Cor 5, 20.

16. «Nos gloriamos en Dios por Nuestro Señor Jesucristo, por quien recibimos ahora la reconciliación»: Rom 5, 11; cf. Col 1, 20.

17. El Concilio Vaticano II ha hecho notar: «En realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con este otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones tiene que elegir y que renunciar. Mas aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo (cf. Rom 7, 14 ss.). Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad»: Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 10.

18. Cf. Col 1, 19 s.

19. Cf. Juna Pablo II, Encíc. Dives in misericordia, 5-6: AAS 72 (1980), 1193-1199.

20. Cf. Lc 15, 11-32.

21. El Libro de Jonás es, en el Antiguo Testamento, una admirable anticipación y figura de este aspecto de la parábola. El pecado de Jonás es el de «probar gran disgusto y sentirse despechado» porque Dios es «misericordioso y clemente, indulgente, de gran amor y que se apiada»; es el de «entristecerse por una planta de ricino (...) que en una noche se marchita», es no entender que el Señor «pueda tener compasión de Nínive» (cf. Jon 4).

22. Rom 5, 10 s.; cf. Col 1, 20-22.

23. 2 Cor 5, 18. 20

24. Jn 11, 52.

25. Cf. Col 1, 20

26. Cf. Eclo 44, 17.

27. Cf. Ef 2, 14.

28. Plegaria eucarística III.

29. Cf. Mt 5, 23 s.

30. Mt 27, 46; Mc 15, 34; Sal 22 [21], 2.

31. Cf. Ef 2, 14-16.

32. San León Magno, Tractatus 63 (De passione Domini 12). 6: CCL 138/A, 386.

33. 2 Cor 5, 18 s.

34. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 1.

35. «La Iglesia es por su misma naturaleza siempre reconciliadora, ya que transmite a los demás el don que ella ha recibido, el don de ser perdonada y hecha una misma cosa con Dios»: Juan Pablo II, Discurso en Liverpool (30 de mayo 1982), 3: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 6 de junio de 1982, p. 13.

36. Cf. Act 15, 2-33.

37. Cf. Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, 13: AAS 68 (1976), 12 s.

38. Cf. Juan Pablo II, Exhort Ap. Catechesi tradendae, 24: AAS 71 (1979), 1297.

39. Cf. Pablo VI, Encíc. Ecclesiam suam: AAS 56 (1964), 609-659.

40. Cf. 2 Cor 5, 20.

41. Cf. 1 Jn 4, 8

42. Cf. Sab 11, 23-26; Gén 1, 27; Sal 8, 4-8.

43. Sab 2, 24.

44. Cf. Gén 3, 12 s., 4, 1-16.

45. Ef 2, 4.

46. Ef 1, 10

47. Jn 13, 34

48. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 38.

49. Cf. Mc 1, 15.

50. 2 Cor 5, 20.

51. Ef 2, 14-16.

52. Cf. San Agustín, De Civitate Dei, XXII, 17: CCL 48, 835 s.; S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, pars III, q. 64, a. 2, ad tertium.

53. Cf. Pablo VI, Alocución en la clausura de la Tercera Sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II (21 de noviembre, 1964): AAS 56 (1964), 1015-1018.

54. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 39.

55. Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Decreto Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo, 4.

56. 1 Jn 1, 8 s.

57. 1 Jn 3, 20; cf. la referencia que he hecho a este fragmento en el discurso durante la Audiencia general del 14 de marzo de 1984: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española 18 de. marzo, 1984, p. 3.

58. Cf. 2 Sam 11-12.

59. Sal 51 [50], 5 s.

60. Lc 15, 18. 21.

61. Cartas, Florencia 1970, I, pp. 3 s.; El Diálogo de la Divina Providencia, Roma 1980, passim.

62. Cf. Rom 3, 23-26.

63. Cf. Ef 1, 18.

64. Cf. Gén 11, 1-9.

65. Cf. Sal 127 [126], 1.

66. Cf. 2 Tes 2, 7.

67. Cf. Rm 7, 7-25, Ef 2, 2; 6, 12.

68. Es significativa la terminología usada en la traducción griega de los LXX y en el Nuevo Testamento sobre el pecado. La designación más común es la de hamartía y vocablos de la misma raíz. Esta expresa el concepto de faltar más o menos gravemente a una norma o ley, a una persona o incluso a una divinidad. Pero el pecado es también designado adikía y su significación aquí es practicar la injusticia. Se hablará también de parábasis o transgresión, de asébeia, impiedad, y de otros conceptos. Todos juntos ofrecen la imagen del pecado.

69. Gén 3, 5: «... seréis como Dios, conocedores del bien y del mal»; cf. también v. 22.

70. Cf. Gén 3, 12.

71. Cf. Gén 4, 2-16.

72. La expresión es de una escritora francesa, Elisabeth Leseur, Journal et pensées de chaque jour, Paris 1918, p. 31.

73. Cf. Mt 22, 39; Mc 12, 31; Lc 10, 27 s.

74. Cf. S. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la liberación » Libertatis nuntius (6 de agosto de 1984), IV, 14-15: AAS 76 (1984), 885 s.

75. Cf. Núm 15, 30.

76. Cf. Lev 18, 26-30.

77. Cf. Lev 19, 4.

78. Cf. Lev 20, 1-7.

79. Cf. Ex 21, 17

80. Cf. Lev 4, 2 ss.; 5, 1 ss.; Núm 15, 22-29.

81. Cf. Mt 5, 28; 6, 23; 12, 31 s.; 15, 19; Mc 3, 28-30; Rom 1, 29-31; 13, 13; Sant 4.

82. Cf. Mt 5, 17; 15, 1-10; Mc 10, 19; Lc 18, 20.

83. Cf. 1 Jn 5, 16 s.

84. Cf. Jn 17, 3.

85. Cf. 1 Jn 2, 22

86. Cf. 1 Jn 5, 21.

87. Cf. 1 Jn 5, 16-21.

88. Mt 12, 31 s.

89. Cf. S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, IIa-IIae, q. 14, aa. 1-3.

90. Cf. 1 Jn 3, 20

91. S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, IIa-IIae, q. 14, a. 3, ad primum.

92. Cf. Flp 2, 12.

93. Cf. S. Agustín, De Spiritu et littera, XXVIII: CSEL 60, 202 s.; CCL 38, 441; Enarrat. in ps. 39, 22: Enchiridion ad Laurentium, de fide et spe et caritate, XIX, 71: CCL 46, 88; In Ioannis Evangelium tractatus, 12, 3, 14: CCL 36, 129.

94. S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Ia, IIae, q. 72, a. 5.

95. Cf. Conc. Ecum. Tridentino, Sesión VI, De iustificatione cap. 2 y cann. 23, 25, 27: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bologna 1973³, pp. 671. 680 S. (DS 1573. 1575. 1577).

96. Cf. Conc. Ecum. Tridentino, Sesión VI De iustificatione cap. XV: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. cit. 677 (DS 1544).

97. Juan Pablo II, Angelus del 14 de marzo de 1982: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 21 de marzo, 1982.

98. Const. past. Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, 16.

99. Juan Pablo II, Angelus del 14 de marzo de 1982: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 21 de marzo, 1982.

100. Pío XII, Radiomensaje al Congreso Catequístico Nacional de los Estados Unidos en Boston (26 de octubre de 1946): Discursos y Radiomensajes, VIII (1946), 288.

101. Cf. Juan Pablo II, Encíc. Redemptor hominis, 15: AAS 71 (1979), 286-289.

102. Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past. Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, 3; cf. 1 Jn 3, 9.

103. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Región Este de Francia (1 de abril de 1982), 2: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 25 de abril, 1982.

104. 1 Tim 3, 15 s.

105. El texto ofrece una cierta dificultad, ya que el pronombre relativo, que abre la citación literal, no concuerda con el neutro « mysterium ». Algunos manuscritos tardíos han retocado el texto para corregirlo gramaticalmente. Pablo sólo ha intentado yuxtaponer al suyo un texto venerable, para él plenamente clarificador.

106. La comunidad cristiana primitiva expresa su fe en el Crucificado glorificado, al que los ángeles adoran y que es el Señor. Pero el elemento impresionante de este mensaje sigue siendo el «manifestado en la carne»: que el Hijo Eterno de Dios se haya hecho hombre es el «gran misterio».

107. 1 Jn 5, 18s.

108. 1 Jn 3, 9.

109. 1 Tim 3, 15.

110. 1 Jn 1, 8.

111. 1 Jn 5, 19.

112. Cf. Sal 51 [50], 7.

113. Cf. Ef 2, 4.

114. Cf. Juan Pablo II, Encícl. Dives in misericordia, 8; 15: AAS 72 (1980), 1231.

115. 2 Sam 12, 13.

116. Sal 51 [50], 5.

117. Sal 51 [50], 9.

118. 2 Sam 12, 13.

119. Cf. 2 Cor 5, 18.

120. 2 Cor 5, 19.

121. Const. past. Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, 92.

122. Decreto Christus Dominus sobre el oficio pastoral de los Obispos, 13; cf. Declar. Gravissimum educationis sobre la educación cristiana, 8; Decr. Ad gentes sobre la actividad misionera, 11-12.

123. Cf. Pablo VI, Encícl. Ecclesiam suam, III: AAS 56 (1964), 639-659.

124. Cf. Conc. Ecum Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium sobre la Iglesia, 1. 9. 13.

125. Pablo VI, Exhort. Ap. Paterna cum benevolentia: AAS 67 (1975), 5-23.

126. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo, 7-8.

127. Ibidem, 4.

128. S. Agustí, Sermo 96, 7: PL 38, 588.

129. Cf. Juan Pablo II, Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede (15 de enero de 1983) 4. 6. 11: AAS 75 (1983), 376. 378s. 381.

130. Juan Pablo II, Homilía en la misa con ocasión de la XVI Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 1983), 6: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 9 de enero, 1983.

131. Pablo VI, Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 70: AAS 68 (1976), 595.

132. 1 Tim 3, 15.

133. Cf. Mt 5, 23 s.

134. Cf. Mt 5, 38-40.

135. Cf. Mt 6, 12.

136. Cf. Mt 5, 43 ss.

137. Cf. Mt 18, 21 s.

138. Cf. Mc 1, 4. 14; Mt 3, 2; 4, 17; Lc 3, 8.

139. Cf. Lc 15, 17

140. Lc 17, 3 s.

141. Mt 3, 2; Mc 1, 2-6; Lc 3, 1-6.

142. Cf. Const. past. Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, 8. 16. 19. 26. 41. 48.

143. Cf. Decl. Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa, 2. 3. 4.

144. Cf. entre otros muchos, los discursos en las Audiencias Generales del 28 marzo 1973: Enseñanzas al Pueblo de Dios (1973), 41 ss., 8 agosto 1973: Ibidem, 105 ss.; 7 noviembre 1973: Ibidem, 150 ss.; 13 marzo 1974: Ibidem, 34 ss.; 8 mayo 1974: Ibidem (1974), 57 ss.; 12 febrero 1975: Ibidem (1975), 20 ss., 9 abril 1975: Ibidem (1975), 38 ss.; 13 julio 1977: Ibidem (1977), 74 ss.

145. Cf. Juan Pablo II, Angelus del 17 marzo 1982: L' Osservatore Romano, edic. en lengua española, 21 de marzo, 1982.

146. Cf. Juan Pablo II, Discurso en la Audiencia General del 17 agosto 1983, 1-3: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 21 de agosto, 1983.

147. Heb 4, 15.

148. Cf. Mt 4, 1-11; Mc 1, 12s.; Lc 4, 1-13.

149. Cf. 1 Cor 10, 13.

150. Cf. Mt 6, 13; Lc 11, 4.

151. 1 Pe 3, 21.

152. Cf Rom 6, 3 s.; Col 2, 12.

153. Cf. Mt 3, 11; Lc 3, 16; Jn 1, 26. 33; Act 1, 5; 11, 16

154. Cf. Mt 3, 15.

155. S. Agustín, In Ioannis Evangelium tractatus, 26, 13: CCL 36, 266.

156. S. Ccongregación de Ritos, Instruc. Euraristicum mysterium sobre el culto del Misterio Eucarístico (25 mayo 1967), 35: AAS 59 (1967), 560 s.

157. Sal 78 [77], 38s., cf. también referencias a Dios misericordioso en los Salmos 86 [85], 15; 103 [102], 8; 111 [110], 4; 112 [111], 4; 115 [114], 5; 145 [144], 8.

158. Cf. Jn 1, 29; Is 53, 7. 12

159. Cf Jn 5, 27

160. Cf. Mt 9, 2-7; Lc 5, 18-25; 7, 47-49; Mc 2, 3-12.

161. Cf. Jn 3, 16 s.; 1 Jn 3, 5. 8.

162. Jn 20, 22; Mt 18, 18; cf. también, por lo que se refiere a Pedro, Mt 16, 19. El B. Isaac de la Estrella subraya en un discurso la plena comunión de Cristo con su Iglesia en la remisión de los pecados: « Nada puede perdonar la Iglesia sin Cristo y Cristo no quiere perdonar nada sin la Iglesia. Nada puede perdonar la Iglesia sino a quien es penitente, es decir a quien Cristo ha tocado con su gracia; Cristo nada quiere considerar como perdonado a quien desprecia a la Iglesia »: Sermo 11 (In dominica III post Epiphaniam, I): PL 194, 1729.

163. Cf. Mt 12, 49 s.; Mc 3, 33 s.; Lc 8, 20 s.; Rom 8, 29: «... primogénito entre muchos hermanos».

164. Cf. Heb 2, 17; 4, 15

165. Cf. Mt 18, 12 s.; Lc 15, 4-6.

166. Cf. Lc 5, 31 s.

167. Cf. Mt 22, 16.

168. Cf. Act 10, 42

169. Cf. Jn 8, 16.

170. Lo he hecho ya en numerosos encuentros con Obispos y Sacerdotes, y especialmente en el reciente Año Santo; cf. el Discurso a los Penitenciarios de las Basílicas Patriarcales de Roma y a los Sacerdotes confesores al final del Jubileo de la Redención (9 julio 1984): L'Osservatore Romano edic. en lengua española, 8 de octubre, 1984.

171. Jn 8, 11.

172. Cf. Tit 3, 4.

173. Cf. Conc. Ecum. Tridentino, Sesión XIV, De sacramento Paenitentiae, cap. I y can. 1: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. cit., 703s., 711 (DS 1668-1670. 1701).

174. Const. dogm. Lumen gentium sobre la Iglesia, 11.

175. Cf. Conc. Ecum. Tridentino, Sesión XIV, De sacramento Paenitentiae, cap. I y can. 1: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. cit., 703s., 711 (DS 1668-1670. 1701).

176. Cf. Const. Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, 72.

177. Cf. Rituale Romanum ex Decreto Sacrosancti Concilii Oecumenici Vaticani II instauratum, auctoritate Pauli VI promulgatum. Ordo Paenitentiae, Typis Polyglottis Vaticanis, 1974.

178. El Concilio de Trento usa la expresión atenuada «ad instar actus iudicialis» (Sesión XIV, De sacramento Paenitentiae, cap. 6: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. cit., 707 (DS 1685), para subrayar la diferencia con los tribunales humanos. El nuevo Rito de la Penitencia alude a esta función, nn. 6 b y 10 a.

179. Cf. Lc 5, 31 s.: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos», con la conclusión: «...he venido yo a llamar ... a los pecadores a penitencia»; Lc 9, 2: «Les envió a predicar el reino de Dios y a hacer curaciones». La imagen de Cristo médico adquiere un aspecto nuevo e impresionante si la confrontamos con la figura del «Siervo de Yavé» del que el Libro de Isaías profetizaba que «fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos / y cargó con nuestros dolores» y que «en sus llagas hemos sido curados» (Is 53, 4s.).

180. Cf. S. Agustín, Sermo 82, 8: PL 38, 511.

181. Cf. S. Agustín, Sermo 352, 3, 8-9: PL 39, 1558 s.

182. Cf. Ordo Paenitentiae, 6 c.

183. Ya los paganos —como Sófocles (Antígona, vv.. 450-460) y Aristóteles (Rhetor., lib. I, cap. 15, 1375 a-b)— reconocían la existencia de normas morales «divinas» existentes «desde siempre», marcadas profundamente en el corazón del hombre.

184. Sobre esta función de la conciencia, cf. lo que dije durante la Audiencia General del 14 de Marzo de 1984, 3: L'Osservatore Romano, edic en lengua española, 18 de marzo, 1984.

185. Cf. Conc. Ecum. Tridentino, Sesión XIV De sacramento Paenitentiae, cap. IV: De contritione: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. cit., 705 (DS 1676-1677). Como se sabe, para acercarse al sacramento de la Penitencia es suficiente la atrición, o sea, un arrepentimiento imperfecto, debido más al temor que al amor; pero en el ámbito del Sacramento, bajo la acción de la gracia que recibe, el penitente « ex attrito fit contritus », de modo que la Penitencia actúa realmente en quien está dispuesto a la conversión en el amor: cfr. Conc. Ecum. Tridentino, ibidem, ed. cit., 705 (DS 1678).

186. Ordo Paenitentiae, 6 c.

187. Cf. Sal 51 (50), 14.

188. De estos aspectos, todos fundamentales, de la penitencia, he hablado en las Audiencias Generales del 19 de Mayo de 1982: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 23 de mayo, 1982; del 28 de febrero de 1979: Enseñanzas al Pueblo de Dios (1979), 176 ss.; del 21 de marzo de 1984: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 25 de marzo: 1984. Se recuerdan además las normas del Código de Derecho Canónico concernientes al lugar para la administración del Sacramento y los confesonarios (can. 964, 2-3).

189. He tratado sucintamente del tema en la Audiencia General del 7 de Marzo de 1984: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 11 de marzo, 1984.

190. Cf. Gén 4, 7. 15.

191. Cf. 2 Sam 12.

192. Cf. Lc 15, 17-21.

193. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, 18.

194. Ordo Paenitentiae, 7b.

195. Cf. Ordo Paenitentiae, 17.

196. Cann. 961-963.

197. Cf. Ez 18, 23.

198. Cf. Is 42, 3; Mt 12, 20.

199. Cf. Exhort. Ap. Familiaris consortio, 84: AAS 74 (1982),

200. Cf. 1 Pe 3, 8.

201. 1 Pe 3, 9. 13.

202. 1 Pe 3, 8- 9. 13

203. 1 Pe 3, 17.

204. Letanías del Sagrado Corazón; cf. 1 Jn 2, 2; Ef 2, 14; Rom 3, 25; 5, 11.

205. Juan Pablo II, Discurso en la Audiencia General del 7 de Diciembre de 1983, n. 2: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 1 de diciembre, 1983.

206. Cf. Juan Pablo II, Discurso en la Audiencia General del 4 de Enero de 1984: L'Osservatore Romano, edic. en lengua española, 8 de enero, 1984.

207. Cf. Rom 1, 5; 16, 26.

 

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Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va