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VISITA PASTORAL A GUATEMALA, ENCUENTRO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
Queridos hermanos:
En estos primeros momentos de mi Visita Pastoral a Venezuela, me complace
dirigir un cordial saludo a vosotros, que estáis en este Retén Judicial de Los
Flores de Catia. Con mis palabras os expreso mi afecto y os invito a esperar en
el futuro. Conozco las dificultades que sobrelleváis. Pero aún en medio de ellas ha de resonar en vuestras mentes la Palabra del Señor que nos recuerda constantemente que «Dios es amor» (Jn 4, 8) y que cada uno de nosotros es amado siempre por Dios. Os animo a que acojáis la invitación al cambio de vida que el Evangelio, Buena Noticia, propone a cada persona, y a que no os dejéis vencer por el pesimismo o el desaliento. En estos días, algunos sacerdotes y laicos han venido aquí para anunciaros el designio de salvación y haceros presente la fe y la caridad de la Iglesia, que no os abandona. En tiempos sucesivos, ellos continuarán con esa hermosa misión, inspirada en las palabras del Señor, «estuve preso y me visitasteis» (Mt 25, 36), y con la cual Cristo mismo se os hace cercano. ¡Abridle vuestro corazón, aceptad el desafío de la conversión! Creyendo en el amor de Jesús, esforzaos en corresponder a ese amor, llegando a ser «hombres nuevos» (cf. Col 3, 10), lo cual se manifieste en un nuevo comportamiento con las personas y las cosas.
La Iglesia, como intérprete del mensaje de Cristo, aprecia y anima a quienes os
ayudan a que los años de reclusión os sirvan para corregir el propio
comportamiento y se favorezca así la reinserción en la sociedad con el
compromiso de una vida coherente y honesta. Hago un apremiante llamado a la
Administración de Justicia para que el sistema carcelario sea siempre respetuoso
de la condición del hombre, es decir, que se promuevan, en éste y en los demás
centros penitenciarios, condiciones de vida más acordes con la dignidad humana;
que se favorezca la reeducación y formación de los detenidos y no se consientan
nunca vejaciones ni tratos inhumanos. A todos los aquí presentes, en esta circunstancia, dirijo también mis palabras muy cordiales. Éste es el primer momento de mi Visita a Venezuela. Espero que esta Visita, en la circunstancia actual, bajo la protección de Nuestra Señora de Coromoto, pueda ser beneficiosa para todos los venezolanos. Que el Señor bendiga a todos los aquí presentes. Muchas gracias.
© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana
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