|
|
|
|
|
MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN
PABLO II
Al señor cardenal La inauguración de la Ciudad de los niños me brinda la grata ocasión de dirigirle mi saludo más cordial a usted, así como al nuncio apostólico, a toda la Conferencia episcopal y, en particular, a monseñor Anastase Mutabazi, obispo de Kabgayi, a todos los fieles de su diócesis y a todos los que participan en esa celebración. A usted, señor cardenal, a todos los miembros del Consejo pontificio para la familia, a la Conferencia episcopal y al personal de la nunciatura apostólica en Ruanda, que han trabajado con empeño por esta obra, y a todas las personas que han hecho posible su realización, les expreso mi profunda gratitud. Esta Ciudad de Nazaret, que he deseado que se edificara como símbolo de una caridad efectiva y como fruto del Año de la familia, es testimonio de la solicitud de la Iglesia y de la solidaridad de numerosas personas e instituciones con los niños sin familia de Ruanda. Espero vivamente que los jóvenes acogidos en este lugar encuentren una verdadera comunidad de amor que, con confianza, unidad y apertura a los demás, les ayude a realizarse plenamente, a vivir una vida fraterna y a encontrar su lugar en la sociedad. Ojalá que los responsables y los educadores sean en medio de ellos testigos auténticos del amor de Cristo a los más pequeños de sus hermanos. Al encomendar esta nueva ciudad a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, en la que Jesús «crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría» (Lc 2, 40), le envío de todo corazón la bendición apostólica, que extiendo al nuncio apostólico y a sus colaboradores, a todos los obispos del país, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas y a los fieles ruandeses, así como a los niños de la Ciudad de Nazaret, a sus educadores, a los bienhechores y a todos los que están presentes en esa inauguración. Vaticano, 2 de noviembre de 1998 Copyright © Libreria Editrice Vaticana
|
|
|