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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 31 de octubre de 2004
1. El viernes pasado, 29 de octubre, se firmó aquí en Roma, en el Capitolio, el
tratado constitucional de la Unión europea. Fue un momento muy significativo en
la construcción de la "nueva Europa", a la que seguimos mirando con confianza.
Es la etapa más reciente de un camino que será todavía largo y que se presenta
cada vez más arduo.
2. La Santa Sede ha sido siempre favorable a la promoción de una Europa unida
sobre la base de los valores comunes que forman parte de su historia. Tener en
cuenta las raíces cristianas del continente significa valerse de un patrimonio
espiritual que sigue siendo fundamental para el desarrollo futuro de la Unión.
Por tanto, deseo que, también en los próximos años, los cristianos sigan
llevando a todos los ámbitos de las instituciones europeas los fermentos
evangélicos que son garantía de paz y de colaboración entre todos los ciudadanos
con el compromiso compartido de servir al bien común.
3. A María, Reina de Europa, le encomendamos ahora en la oración a todos los
pueblos del continente.
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