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JUAN PABLO II ÁNGELUS
1. En este domingo la liturgia nos propone nuevamente la enseñanza de Jesús sobre cuál es la verdadera riqueza: no la que constituyen los bienes materiales, sino la espiritual, que consiste en reconocer el primado de Dios sobre nuestra vida, dejándonos guiar, en cualquier elección diaria, por su Evangelio. A la multitud que lo sigue Jesús le explica que es necio "el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece ante Dios" (cf. Lc 12, 21). 2. Amadísimos hermanos y hermanas, testigo singular y ejemplo elocuente de esta "riqueza espiritual" es María, que se define "esclava" del Señor, y se abandona totalmente a la voluntad divina. Que la Virgen santísima nos guíe por el sendero arduo, pero liberador, de la santidad cristiana, manantial de paz y de alegría interior. Pediré esta gracia para todos los creyentes durante mi peregrinación a Lourdes, a donde iré los días 14 y 15 de agosto, y después en Loreto, donde estaré el 5 de septiembre para unirme a la peregrinación nacional de la Acción católica italiana, a la cual se ha adherido también el Centro deportivo italiano. 3. Agradezco a la Conferencia episcopal italiana, al arzobispo de Loreto y a
la presidencia nacional de la Acción católica -representada aquí por la
presidenta y el consiliario general- la invitación a participar en la
peregrinación de Loreto. En esa circunstancia, tendré la alegría de inscribir en
el catálogo de los beatos a tres miembros de la Asociación: al médico, y
después sacerdote, Pedro Tarrés y Claret, de Barcelona, y a los jóvenes Alberto
Marvelli y Pina Suriano, ambos italianos. Después del Ángelus Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En este tiempo estivo, invito a todos a orar con devoción a la santísima Virgen María en tantas ermitas, iglesias y santuarios dedicados a ella en vuestras tierras. (En polaco)
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