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JUAN PABLO II
REGINA CAELI
Lunes de Pascua, 16 de abril de 2001
Amadísimos hermanos y hermanas:
Con gran alegría os dirijo mi saludo cordial y afectuoso, junto con mi
ferviente deseo de una feliz Pascua.
Me alegra poder transcurrir de nuevo algunos días entre vosotros. Me hubiera
gustado, como era habitual, venir a Castelgandolfo también después de la
Navidad, para pasar aquí unos días. Como sabéis, no me fue posible a causa
de los numerosos compromisos del gran jubileo del año 2000, que atrajo a Roma
a multitud de peregrinos.
Saludo a vuestro obispo, el querido monseñor Agostino Vallini, al
auxiliar, monseñor Paolo Gillet, al párroco, a los sacerdotes, a los
religiosos y a las religiosas presentes. Saludo al alcalde y a todos los
habitantes de Castelgandolfo, que me acogen siempre con gran cordialidad.
Extiendo mi saludo a cuantos nos siguen a través de la radio y la televisión,
y a quienes en este día realizan la tradicional excursión del "lunes de
Pascua". No olvido a las personas que, por el contrario, no pueden
experimentar plenamente la alegría de estas fiestas pascuales, porque
afrontan dificultades o atraviesan momentos de sufrimiento y de soledad. A
todos aseguro mi recuerdo en la oración.
En este lunes de fiesta, llamado lunes del Ángel, en la liturgia se oye aún
con fuerza el eco de las palabras que el Mensajero celestial dirigió a las
mujeres que acudieron al sepulcro: "Id enseguida a decir a sus discípulos:
"Ha resucitado de entre los muertos"" (Mt 28, 7).
Oigamos como si estuviera dirigida también a nosotros esta invitación a
"ir enseguida" a anunciar el Evangelio a los hombres de nuestro
tiempo.
María, a la que hoy invocamos con la plegaria del Regina caeli, nos
ayude en esta ardua misión, propia de todo bautizado. Nos sostenga sobre todo
al testimoniar con fidelidad que Jesús ha resucitado verdaderamente y que en
él renace la esperanza de la humanidad.
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