Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Sigue vivo en mí el recuerdo de la emoción con que, el martes pasado,
durante una solemne celebración ecuménica, junto con el metropolita ortodoxo
Athanasios y el arzobispo anglicano George Carey, y con los representantes de
numerosas Iglesias y comunidades eclesiales, abrí la Puerta santa de la basílica
de San Pablo extramuros. Quise que ese acontecimiento coincidiera con el
comienzo de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, con el
propósito de mostrar visiblemente que el compromiso en favor de la restauración
de la unidad de los cristianos es común y debe animar la gran oración que
durante este período del Año jubilar se eleva al Señor en todos los rincones
de la tierra.
El gesto de abrir juntos esa Puerta, símbolo de Cristo, fue un signo elocuente,
que alienta a continuar por el camino que aún queda por realizar y por el que
es preciso, ante todo, seguir orando. Doy gracias a las Iglesias y a las
comunidades eclesiales que enviaron a sus representantes, permitiendo dar al
mundo ese signo de esperanza, y les aseguro, una vez más, mi
voluntad de apoyar todas las acciones que hagan más auténtica y eficaz
nuestra aspiración a la unidad.
Pasado mañana, fiesta de la Conversión del apóstol San Pablo, en la misma basílica
dedicada a él, tendrá lugar la celebración de clausura de la Semana de
oración por la unidad de los cristianos, que presidirá el cardenal Roger
Etchegaray.
2. Ha pasado casi un mes desde el comienzo del gran jubileo, y en toda la
Iglesia hay un gran fermento de iniciativas espirituales y caritativas. Entre
ellas, deseo señalar hoy la del Consejo pontificio para la pastoral de los
agentes sanitarios, que ha organizado en Roma una serie de encuentros de
oración para los enfermos, en la basílica de Santa María la Mayor. La
cita es el último martes de cada mes del Año jubilar.
Es significativa la elección de Santa María la Mayor como sede de los
encuentros: a la intercesión de la Madre de Dios se encomendará la oración
por el éxito del jubileo y por la salud física y espiritual de quienes sufren.
Invito a todos los enfermos y a cuantos los asisten a tener presente esta
iniciativa, para unirse espiritualmente a ella desde sus hogares o desde las clínicas.
3. Dirijámonos ahora a la Virgen santísima, que, acogiendo el anuncio del
ángel, se hizo dócil cooperadora del misterio de la encarnación del Hijo de
Dios. Aprendamos de ella a vivir todos los días de este Año santo como un
tiempo de gracia, que espera nuestra respuesta personal. Que María nos ayude a
promover la unidad desde la familia, la parroquia y el lugar de trabajo. Y nos
obtenga un corazón generoso, sensible ante las necesidades de nuestros
hermanos.
Después del Ángelus
Al saludar cordialmente a los peregrinos de lengua española, deseo expresar
mi profundo dolor por la noticia del reciente atentado terrorista del pasado
viernes en la capital de España, que ha costado la vida a un servidor del
Estado y acaba violentamente con los quince meses en que se habían suscitado
esperanzas de paz.
Deploro enérgicamente este acto execrable, que pone en serio peligro los
esfuerzos de cuantos buscan soluciones justas y pacíficas de convivencia.
Pido al Señor por la conversión de quienes utilizan o creen en el terror para
imponer sus ideas, y por la armonía entre todos los ciudadanos del
querido pueblo español.