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CARTA APOSTÓLICA
OPEROSAM DIEM
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
AL CARDENAL ARZOBISPO Y AL CLERO,
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A LOS FIELES LAICOS
DE LA ARCHIDIÓCESIS DE MILÁN
EN EL XVI CENTENARIO DE LA MUERTE
DE SAN AMBROSIO,
OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

 

 

Al venerado hermano cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo de Milán:

1. El día 4 de abril del año 397 Ambrosio de Milán concluía su laboriosa jornada terrena, consumada generosamente al servicio de la Iglesia. En los últimos días, como recuerda su secretario y biógrafo Paulino, «había visto al Señor Jesús, que venía a él y le sonreía (...). Y precisamente cuando nos dejó para volver al Señor, desde las cinco de la tarde hasta la hora en que entregó su alma, oró con los brazos abiertos en forma de cruz» [1]. Era el alba del Sábado santo. El obispo dejaba esta tierra para unirse a Cristo Señor, a quien había deseado y amado intensamente.

Al aproximarse el XVI centenario de ese día, usted, señor cardenal, me ha pedido que la muerte de ese gran pastor pueda conmemorarse con la celebración de un Año santo ambrosiano y que yo dedique a ese acontecimiento una carta apostólica especial.

Me complace acceder a su deseo porque, como escribía usted, san Ambrosio fue y es un don para la Iglesia entera, a la que legó un tesoro singularmente rico en doctrina y santidad.

2. Todo en él se armonizó y encontró unidad en el servicio episcopal, desempeñado con una entrega sin reservas. Ambrosio, «llamado al episcopado desde el tumulto de las disputas del foro y desde el temido poder de la administración pública» [2], ajustó su vida a las exigencias del ministerio que la Providencia ponía en sus manos y en su corazón; le dedicó sus energías, su experiencia y sus grandes dotes y capacidades. Pastor fuerte y manso a la vez, hombre que sabía amonestar y perdonar, firme contra el error y paciente con los que yerran, exigente con las autoridades y respetuoso del Estado, en buenas relaciones con los emperadores y cercano a su pueblo, estudioso profundo e incansable hombre de acción, Ambrosio resalta sobre el trasfondo de las convulsas vicisitudes de su tiempo como figura de relieve extraordinario, cuyo influjo sigue aún vivo en nuestros días, a pesar del paso de los siglos [3].

La conmemoración del XVI centenario de su muerte, que comenzará el próximo día 6 de diciembre, coincidirá prácticamente con el año 1997 que, según las orientaciones dadas en la carta apostólica Tertio millennio adveniente, inaugura la segunda fase de preparación para el gran jubileo del año 2000 [4]. En esta perspectiva, quisiera detenerme a reflexionar sobre la persona y la obra de san Ambrosio, para encontrar nuevos estímulos espirituales con vistas a esa histórica fecha. En efecto, espero que el recuerdo de un pastor tan insigne, avivado por la celebración del Año santo ambrosiano, ayude a esa amada arquidiócesis a entrar de modo cada vez más profundo en el espíritu de preparación para el segundo milenio del nacimiento de Cristo.

 

 

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Cap. 4      Cap. 5      Conclusión      Notas      

Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va