CARTA APOSTÓLICAA
MULIERIS DIGNITATEM
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
SOBRE LA DIGNIDAD Y LA VOCACIÓN
DE LA MUJER
CON OCASIÓN DEL AÑO MARIANO

 

NOTAS

(1). Mensaje del Concilio a las Mujeres (8 de diciembre de 1965): AAS 58 (1966), 13-14.

(2). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 8; 9; 60.

(3). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Dec. sobre el apostolado de los seglares Apostolicam actuositatem, 9.

(4). Cf. Pío XII, Aloc. a las mujeres italianas (21 de octubre de 1945): AAS 37 (1945), 284-295; Aloc. a la Unión Mundial de las Organizaciones femeninas católicas (24 de abril de 1952): AAS 44 (1952), 420-424; Disc. a las participantes en el XIV Convenio Internacional de la Unión Mundial de las Organizaciones femeninas católicas (29 de setiembre de 1957): AAS 49 (1957), 906-922.

(5). Cf. Juan XXIII, Carta Encíc. Pacem in terris (11 de abril de 1963), I: AAS 55 (1963), 267-268.

(6). Proclamación de S. Teresa de Jesús "Doctora de la Iglesia universal" (27 de setiembre de 1970): AAS 62 (1970), 590-596; proclamación de S. Catalina de Siena "Doctora de la Iglesia universal" (4 de octubre de 1970): AAS 62 (1970), 673-678.

(7). Cf. AAS 65 (1973), 284 s.

(8). Pablo VI, Discurso a las participantes en el Convenio Nacional del Centro Italiano Femenino (6 de diciembre de 1976): Insegnamenti di Paolo VI, XIV (1976), 1017.

(9). Carta Encíc. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), 46: AAS 79 (1987), 424 s.

(10). Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 1.

(11). Una ilustración del significado antropológico y teológico del "principio" puede verse en la Primera Parte de las Alocuciones de los Miércoles dedicadas a la "teología del cuerpo", a partir del 5 de setiembre de 1979: Insegnamenti II, 2 (1979), 234-236.

(12). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.

(13). Conc. Ecum. Vat. II, Declar. sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 1.

(14). Ibid., 2.

(15). Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelación Dei Verbum, 2.

(16). Según los Padres de la Iglesia, la primera revelación de la Trinidad, en el Nuevo Testamento, ya se había dado en la Anunciación. En una homilía atribuida a S. Gregorio Taumaturgo se lee: "Estás llena de luz, oh María, en tu sublime reino espiritual. En ti el Padre, que no tiene principio y cuyo poder te ha cubierto, es glorificado. En ti el Hijo, que has llevado según la carne, es adorado. En ti el Espíritu Santo, que ha obrado en tu seno el nacimiento del gran Rey, es celebrado. Gracias a ti, oh llena de gracia, la Trinidad santa y consubstancial ha podido ser conocida en el mundo" (Hom. 2 in Annuntiat. Virg. Mariae: PG 10, 1169). Cf. también S. Andrés de Creta, In Annuntiat. B. Mariae: PG 97, 909.

(17). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 2.

(18). La doctrina teológica sobre la Madre de Dios (Theotókos), sostenida por muchos Padres de la Iglesia, aclarada y definida en los Concilios de Efeso (DS 251) y de Calcedonia (DS 301), ha sido propuesta de nuevo por el Concilio Vaticano II, en el cap. VIII de la Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 52-69. Cf. Carta Encíc. Redemptoris Mater, 4. 31-32, y las notas 9. 78-83: l.c., 365, 402, 404.

(19). Cf. Carta Encíc. Redemptoris Mater, 7-11, así como los textos de los Padres citados en la nota 21: l.c., 367-373.

(20). Cf. l.c., 412-418.

(21). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 36.

(22). Cf. S. Ireneo, Adv. haer. V, 6, 1; V, 16, 2-3: S. Ch. 153, 72-81; 216-221; S. Gregorio Niseno, De hom. op. 16: PG 44, 180: In Cant. Cant. hom. 2: PG 44, 805-808; S. Agustín, In Ps. 4, 8: CCL 38, 17.

(23). "Persona est naturae rationalis individua substancia": Manlio Severino Boezio, Liber de persona et duabus naturis, III: PL 64, 1343; cf. S. Tomás de Aquino, Summa Theol. Ia. q. 29, a. 1.

(24). Entre los Padres de la Iglesia que afirman la igualdad fundamental del hombre y la mujer ante Dios, cf. Orígenes, In Iesu nave, IX, 9: PG 12, 878; Clemente de Alejandría, Paed. I, 4: S. Ch. 70, 128-131; S. Agustín, Sermo 51, II, 3: PL 38, 334-335.

(25). Dice S. Gregorio Niseno: "Dios es además amor y fuente de amor. Afirma esto el grande Juan: "El amor es de Dios" y "Dios es Amor" (1 Jn. 4, 7. 8). El Creador ha impreso también en nosotros este carácter. "En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn. 13, 35). Por tanto, si esto no se da, toda la imagen queda desfigurada" (De hom. op. 5: PG 44, 137).

(26). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.

(27). Cf. Núm. 23, 19; Os. 11, 9; Is. 40, 18; 46, 5; además Concilio de Letrán IV (DS 806).

(28). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 13.

(29). "Diabólico" viene del griego "dia-ballo": "divido, separo, calumnio".

(30). Cf. Orígenes, In Gen. hom. 13, 4: PG 12, 234; S. Gregorio Niseno, De virg. 12: S. Ch. 119, 404-419; De beat. VI: PG 44, 1272.

(31). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 13.

(32). Cf. ibid., 24.

(33). Es precisamente apelándose a la ley divina que los Padres del IV siglo reaccionaron decididamente contra la discriminación aún en vigor respecto de la mujer, en la vida y en la legislación civil de la época. Cf. S. Gregorio Nacianceno, Or. 37, 6: PG 36, 290; S. Jerónimo, Ad Oceanum ep. 77, 3: PL 22, 691; S. Ambrosio, De institut. virg. III, 16: PL 16, 309; S. Agustín, Sermo 132, 2: PL 38, 735; Sermo 392, 4: PL 39, 1711.

(34). Cf. S. Ireneo, Adv. haer. III, 23, 7: S. Ch. 211, 462-465; V, 21, 1: S. Ch. 153, 260-265; S. Epifanio, Panar. III, 2, 78: PG 42, 728-729; S. Agustín, Enarr. in Ps. 103, 5. 4, 6: CCL 40, 1525.

(35). Cf. S. Justino, Dial. cum Thryph. 100: PG 6, 709-712; S. Ireneo, Adv. haer. III, 22, 4: S. Ch. 211, 438-445; V, 19, 1: S. Ch. 153, 248-251; S. Cirilo de Jerusalén, Cathec. 12, 15: PG 33, 741; S. Juan Crisóstomo, In Ps. 44, 7: PG 55, 193; S. Juan Damasceno, Hom. 2 in dorm. B.V.M. 3: S. Ch. 80, 130-135; Esiquio, Sermo 5 in Deiparam: PG 93, 1464 s.; Tertuliano, De carne Christi 17: CCL 2, 904 s.; S. Jerónimo, Epist. 22, 21: PL 22, 408; S. Agustín, Sermo 51, 2-3: PL 38, 335; Sermo 232, 2: PL 38, 1108; J. H. Newman, A Letter to the rev. E. B. Pusey, Longmans, London 1865 (trad. ital. Lettera al rev. Pusey su Maria e la vita cristiana, Roma 1975): M. J. Scheeben, Handuch der Katholischen Dogmatik, V/1 (Freiburg 1954), 243-266; V/2 (Freiburg 1954), 306-499.

(36). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.

(37). Cf. S. Ambrosio, De instit. virg. V, 33: PL 16, 313.

(38). Cf. Rábano Mauro, De vita beatae Mariae Magdalenae, XXVII: "Salvator... ascensionis suae eam (= Mariam Magdalenam) ad apostolos instituit apostolam" (PL 112, 1474). "Facta est Apostolorum Apostola per hoc quod ei committitur ut resurrectionem dominicam discipulis annuntiet" S. Tomás de Aquino, In Ioannem Evangelistam Expositio, c. XX, L. III, 6 (Sancti Thomae Aquinatis Comment in Matthaeum et Ioannem Evangelistas) Ed. Parmens. X, 629.

(39). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.

(40). Carta Encíc. Redemptoris Mater, 18: l.c., 383.

(41). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.

(42). Cf. Alocuciones de los miércoles 7 y 21 de abril de 1982: Insegnamenti V, 1 (1982), pp. 1126-1131 y 1175-1179.

(43). Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 63; S. Ambrosio, In Lc. II, 7: S. Ch. 45, 74; De instit. virg. XIV, 87-89: PL 16, 326-327; S. Cirilo de Alejandría, Hom. 4: PG 77, 996; S. Isidoro de Sevilla, Allegoriae 139: PL 83, 117.

(44). Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 63.

(45). Ibid., 64.

(46). Ibid., 64.

(47). Ibid., 64. Sobre la relación María-Iglesia, que aparece de modo constante en la reflexión de los Padres de la Iglesia y de la Tradición cristiana, cf. Carta Encíc. Redemptoris Mater, 42-44, así como las notas 117-127: l.c., 418-422. Cf. además Clemente de Alejandría, Paed. 1, 6: S. Ch. 70, 186 s.; S. Ambrosio, In Lc. II, 7: S. Ch. 45, 74; S. Agustín, Sermo 192, 2: PL 38, 1012; Sermo 195, 2: PL 38, 1018; Sermo 25, 8: PL 46, 938; S. León Magno, Sermo 25, 5: PL 54, 211; Sermo 26, 2: PL 54, 213; Ven. Beda, In Lc. I, 2: PL 92, 330. "Ambas madres -escribe Isaac de Stella, discípulo de S. Bernardo-, ambas vírgenes, ambas conciben por obra del Espíritu Santo (...). María (...) ha engendrado al cuerpo su Cabeza; la Iglesia (...) da a esta Cabeza su cuerpo. Una y otra son madres de Cristo; pero ninguna de ellas lo engendra enteramente sin la otra. Por tanto, justamente (...) lo que se ha dicho en general de la virgen madre Iglesia, se dice singularmente de la virgen madre María; y cuanto se dice especialmente de la virgen madre María se refiere en general a la virgen madre Iglesia; y lo que se dice de una de las dos se puede referir indiferentemente tanto a la una como a la otra" (Sermo 51, 7-8: S. Ch. 339, 202-205).

(48). Cf. por ejemplo Os. 1, 2; 2, 16-18 Jr. 2, 2; Ez. 16, 8; Is. 50, 1; 54, 5-8.

(49). Cf. Col. 3, 18; 1 P. 3, 1-6; Tt. 2, 4-5; Ef. 5, 22-24; 1 Cor. 11, 3-16; 14, 33-35; 1 Tm. 2, 11-15.

(50). Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial Inter insigmores (15 de octubre de 1976): AAS 69 (1977), 98-116.

(51). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 10.

(52). Cf. ibid., 10.

(53). Cf. ibid., 18-29.

(54). Cf. ibid., 65; también 63; Carta Encic. Redemptoris Mater, 2-6: l.c., 362-367.

(55). "Este perfil mariano es igualmente -si no lo es mucho más- fundamental y característico para la Iglesia, que el perfil apostólico y petrino, al que está profundamente unido... La dimensión mariana de la Iglesia antecede a la petrina, aunque esté estrechamente unida a ella y sea complementaria. María, la Inmaculada, precede a cualquier otro, y obviamente al mismo Pedro y a los Apóstoles, no sólo porque Pedro y los Apóstoles, proveniendo de la masa del género humano que nace bajo el pecado, forman parte de la Iglesia "sancta ex peccatoribus", sino también porque su triple munus no tiende más que a formar a la Iglesia en ese ideal de santidad, en que ya está formado y figurado en María. Como bien ha dicho un teólogo contemporáneo, "María es "Reina de los Apóstoles", sin pretender para ella los poderes apostólicos. Ella tiene otra cosa y más" (H. U. von Balthasar, Neue Klarstellungen, trad. ital., Milano 1980, p. 181): Alocución a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana, 22 de diciembre de 1987: L"Osservatore Romano, 23 de diciembre de 1987.

(56). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 10.

(57). Ibid., 10.

(58). Cf. S. Agustín, De Trinitate, L, VIII, VII, 10-X, 14: CCL 50. 284-291.

(59). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.

(60). Cf. en el Apéndice de las obras de S. Ambrosio, In Apoc. IV, 3-4: PL 17, 876; Ps. Agustín, De symb. ad catech. sermo IV: PL 40, 661.

(61). Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 10.

(62). Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 36.

(63). Cf. Ibid., 63.
 

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Cap. 9      Notas      

Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va