Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 18 de febrero de 2004

 

El plan divino de la salvación

1. El espléndido himno de "bendición", con el que inicia la carta a los Efesios y que se proclama todos los lunes en la liturgia de Vísperas, será objeto de una serie de meditaciones a lo largo de nuestro itinerario. Por ahora nos limitarnos a una mirada de conjunto a este texto solemne y bien estructurado, casi como una majestuosa construcción, destinada a exaltar la admirable obra de Dios, realizada a nuestro favor en Cristo.

Se comienza con un "antes" que precede al tiempo y a la creación:  es la eternidad divina, en la que ya se pone en marcha un proyecto que nos supera, una "pre-destinación", es decir, el plan amoroso y gratuito de un destino de salvación y de gloria.

2. En este proyecto trascendente, que abarca la creación y la redención, el cosmos y la historia humana, Dios se propuso de antemano, "según el beneplácito de su voluntad", "recapitular en Cristo todas las cosas", es decir, restablecer en él el orden y el sentido profundo de todas las realidades, tanto las del cielo como las de la tierra (cf. Ef 1, 10). Ciertamente, él es "cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo" (Ef 1, 22-23), pero también es el principio vital de referencia del universo.

Por tanto, el señorío de Cristo se extiende tanto al cosmos como al horizonte más específico que es la Iglesia. Cristo desempeña una función de "plenitud", de forma que en él se revela el "misterio" (Ef 1, 9) oculto desde los siglos y toda la realidad realiza -en su orden específico y en su grado- el plan concebido por el Padre desde toda la eternidad.

3. Como veremos más tarde, esta especie de salmo neotestamentario centra su atención sobre todo en la historia de la salvación, que  es expresión y signo vivo  de  la  "benevolencia"  (Ef  1, 9), del "beneplácito" (Ef 1, 6) y  del amor divino.

He aquí, entonces, la exaltación de la "redención por su sangre" derramada en la cruz, "el perdón de los pecados", la abundante efusión "de la riqueza de su gracia" (Ef 1, 7). He aquí la filiación divina del cristiano (cf. Ef 1, 5) y el "conocimiento del misterio de la voluntad" de Dios (Ef 1, 9), mediante la cual se entra en lo íntimo de la misma vida trinitaria.

4. Después de esta mirada de conjunto al himno con el que comienza la carta a los Efesios, escuchemos ahora a san Juan Crisóstomo, maestro y orador extraordinario, fino intérprete de la sagrada Escritura, que vivió en el siglo IV y fue también obispo de Constantinopla, en medio de dificultades de todo tipo, y sometido incluso a la experiencia de un doble destierro.

En su Primera homilía sobre la carta a los  Efesios,  comentando  este cántico, reflexiona con gratitud en la "bendición" con que hemos sido bendecidos "en Cristo":  "¿Qué te falta? Eres inmortal, eres libre, eres hijo, eres justo, eres hermano, eres coheredero, con él reinas, con él eres glorificado. Te ha sido dado todo y, como está escrito, "¿cómo no nos  dará  con él graciosamente todas las cosas?" (Rm 8, 32). Tu primicia (cf. 1 Co 15, 20. 23) es adorada por los ángeles, por  los  querubines y por los serafines. Entonces, ¿qué te falta?" (PG 62, 11).

Dios hizo todo esto por nosotros -prosigue el Crisóstomo- "según el beneplácito de su voluntad". ¿Qué significa esto? Significa que Dios desea apasionadamente y anhela ardientemente nuestra salvación. "Y ¿por qué nos ama de este modo? ¿Por qué motivo nos quiere tanto? Únicamente por bondad, pues la "gracia" es propia de la bondad" (ib., 13).

Precisamente por esto -concluye el antiguo Padre de la Iglesia-, san Pablo afirma que todo se realizó "para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido hijo, redunde en alabanza suya". En efecto, Dios "no sólo nos ha liberado de nuestros pecados, sino que también nos ha hecho amables...:  ha adornado nuestra alma y la ha vuelto bella, deseable y amable". Y cuando san Pablo declara que Dios lo ha hecho por la sangre de su Hijo, san Juan Crisóstomo exclama:  "No hay nada más grande que todo esto:  que la sangre de Dios haya sido derramada por nosotros. Más grande que la filiación adoptiva y que los demás dones es que no haya perdonado ni a su propio Hijo (cf. Rm 8, 32). En efecto, es grande que nos hayan sido perdonados nuestros pecados, pero más grande aún es que eso se haya realizado por la sangre del Señor" (ib., 14).


Saludos

Saludo con afecto a los peregrinos y familias de lengua española. En especial a los miembros de la Asociación de Feriantes de España y a los alumnos del colegio seminario de Barbastro, así como al grupo de peregrinos chilenos; a los mexicanos, venezolanos y peruanos. Que vuestra visita a la memoria de los apóstoles Pedro y Pablo os reafirme en vuestra fe. Muchas gracias por vuestra atención. ¡Feliz año nuevo!

(En polaco)
Saludo a las autoridades de la universidad de Opole y al arzobispo Alfons Nossol, gran canciller de la facultad de teología. Saludo a la delegación de la ciudad de Olsztyn, encabezada por el presidente y el obispo metropolitano Edmund Piszcz. Dentro de poco bendeciré para vuestra ciudad el mosaico que representa a la Virgen de Stoczek Warminski. Que María, Reina de la paz, custodie las puertas de Olsztyn y a sus habitantes. Saludo cordialmente a los participantes en los ejercicios espirituales de Podhale, y a los representantes de los emigrantes polacos. Que vuestra adhesión a la fe y vuestro amor a la Iglesia y a las montañas sea vuestro signo y fuente de fuerza del espíritu. Bendigo de corazón a todos los presentes. Alabado sea Jesucristo.
 

(En italiano)
A los universitarios de Roma
Que la visita de la imagen de la Virgen de Loreto sea para todos vosotros una invitación a ser discípulos cada vez más fieles de Cristo. Os acompaño espiritualmente con la oración.

Dirigiéndose a los representantes de la Unión católica de Artistas, les presentó como modelo al beato Angélico, su patrono, cuya memoria se celebraba precisamente ese día.
Luego, prosiguió: 

Que el ejemplo y la intercesión de este humilde discípulo de santo Domingo os sirvan de aliento a vosotros, queridos jóvenes, para vivir fielmente vuestra vocación cristiana. Que el beato Angélico os ayude, queridos enfermos, a ofrecer vuestros sufrimientos, en unión con los de Cristo, para la salvación de la humanidad; y a vosotros, queridos recién casados, os sostenga en el compromiso diario de fidelidad recíproca.