Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles
Miércoles 24 de septiembre de 2003
La audiencia general del miércoles 24 de septiembre se celebró en la sala Pablo
VI a las diez y media de la mañana. En nombre de Su Santidad presidió la audiencia el cardenal
Angelo Sodano, secretario de Estado, el cual introdujo el encuentro con estas
palabras:
Venerados hermanos en el episcopado; hermanos y hermanas en el Señor:
A causa de una indisposición, el Santo Padre no podrá estar presente en esta
audiencia general. Juntos vamos a orar por él, confiando en que se recupere
pronto. Por su parte, el Papa desea asegurar que nos está siguiendo mediante la
televisión, y, al terminar este encuentro, se conectará con nosotros para
dirigirnos unas palabras. Desde ahora le damos las gracias.
Ahora, por encargo suyo, voy a leer el texto que había preparado para este
encuentro, comentando el salmo 8, que ensalza la grandeza del Señor y la
dignidad del hombre. He aquí el texto de la catequesis del Papa.
Majestad del Señor y dignidad del hombre
1. Con la meditación del salmo 8, un admirable himno de
alabanza, llegamos a la conclusión de nuestro largo itinerario a través de los
salmos y cánticos que constituyen el alma orante de la Liturgia de Laudes.
Durante estas catequesis, nuestra reflexión se ha centrado en 84 oraciones
bíblicas, de las cuales hemos tratado de poner de relieve sobre todo su
intensidad espiritual, sin descuidar su belleza poética.
En efecto, la Biblia nos invita a iniciar el camino de nuestra jornada con un
canto que no sólo proclame las maravillas obradas por Dios y nuestra respuesta
de fe, sino que además las celebre "con arte" (cf. Sal 46, 8), es decir,
de modo hermoso, luminoso, dulce y fuerte a la vez.
Espléndido entre todos es el salmo 8, en el que el hombre, inmerso en un fondo
nocturno, cuando en la inmensidad del cielo brillan la luna y las estrellas (cf.
v. 4), se siente como un granito en el infinito y en los espacios ilimitados que
lo superan.
2. En efecto, en el salmo 8 se refleja una doble experiencia. Por una parte, la
persona humana se siente atónita ante la grandiosidad de la creación, "obra de
los dedos" divinos. Esa curiosa expresión sustituye la "obra de las manos" de
Dios (cf. v. 7), como para indicar que el Creador ha trazado un plan o ha
elaborado un bordado con los astros esplendorosos, situados en la inmensidad del
cosmos.
Sin embargo, por otra parte, Dios se inclina hacia el hombre y lo corona como su
virrey: "Lo coronaste de gloria y dignidad" (v. 6). Más aún, a esta criatura
tan frágil le encomienda todo el universo, para que lo conozca y halle en él el
sustento de su vida (cf. vv. 7-9).
El horizonte de la soberanía del hombre sobre las demás criaturas se especifica
casi evocando la página inicial del Génesis: rebaños de ovejas y toros, bestias
del campo, aves del cielo y peces del mar son encomendados al hombre para que,
poniéndoles el nombre (cf. Gn 2, 19-20), descubra su realidad profunda,
la respete y la transforme mediante el trabajo, de forma que sea para él fuente
de belleza y de vida. El salmo nos impulsa a tomar conciencia de nuestra
grandeza, pero también de nuestra responsabilidad con respecto a la creación
(cf. Sb 9, 3).
3. El autor de la carta a los Hebreos, al releer el salmo 8, descubrió en
él una visión más profunda del plan de Dios con respecto al hombre. La vocación
del hombre no se puede limitar al actual mundo terreno. Cuando el salmista
afirma que Dios lo sometió todo bajo los pies del hombre, quiere decir
que le quiere someter también "el mundo futuro" (Hb 2, 5), "un reino
inconmovible" (Hb 12, 28). En definitiva, la vocación del hombre es una
"vocación celestial" (Hb 3, 1). Dios quiere "llevar a la gloria"
celestial a "muchos hijos" (Hb 2, 10). Para que se cumpliera este
designio divino, era necesario que la vida fuera trazada por un "pionero" (cf.
Hb 2, 10), en el que la vocación del hombre encontrara su primera
realización perfecta. Ese pionero es Cristo.
El autor de la carta a los Hebreos observó, al respecto, que las
expresiones del salmo se aplican a Cristo de modo privilegiado, es decir, de un
modo más preciso que a los demás hombres. En efecto, el salmista utiliza el
verbo "abajar", diciendo a Dios: "Abajaste al hombre un poco con respecto a los
ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad" (Sal 8, 6; Hb 2, 7).
Para los hombres en general este verbo es impropio, pues no han sido "abajados"
con respecto a los ángeles, ya que nunca se han encontrado por encima de ellos.
En cambio, para Cristo el verbo es exacto, porque, en cuanto Hijo de Dios, se
encontraba por encima de los ángeles y fue abajado cuando se hizo hombre, pero
luego fue coronado de gloria en su resurrección. Así Cristo cumplió plenamente
la vocación del hombre y la cumplió, precisa el autor, "para bien de todos" (Hb
2, 9).
4. A esta luz, san Ambrosio comenta el salmo y lo aplica a nosotros. Toma como
punto de partida la frase en donde se describe la "coronación" del hombre: "Lo
coronaste de gloria y dignidad" (v. 6). Sin embargo, en aquella gloria ve
el premio que el Señor nos reserva para cuando hayamos superado la prueba de la
tentación.
He aquí las palabras del gran Padre de la Iglesia en su Exposición del
evangelio según san Lucas: "El Señor coronó a su hijo predilecto también de
gloria y dignidad. El mismo Dios que desea conceder coronas, proporciona las
tentaciones; por eso, has de saber que, cuando eres tentado, se te prepara una
corona. Si se eliminan las pruebas de los mártires, se eliminan también sus
coronas; si se eliminan sus suplicios, se elimina también su bienaventuranza"
(IV, 41: SAEMO 12, pp. 330-333).
Dios nos tiene preparada la "corona de la justicia" (2 Tm 4, 8), con la
que recompensará nuestra fidelidad a él, mantenida incluso en el tiempo de la
tempestad, que agita nuestro corazón y nuestra mente. Pero él está atento, en
todo tiempo, a su criatura predilecta y quisiera que en ella resplandeciera
siempre la "imagen" divina (cf. Gn 1, 26), para que sepa ser en el mundo
signo de armonía, de luz y de paz.
Saludos
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En especial a la
delegación del Instituto superior del Estado mayor del ejército de Chile, así
como al equipo de la nacional argentina de hockey sobre ruedas. También al coro
de Bergantinos. A todos deseo una feliz estancia en Roma. Muchas gracias por
vuestra atención.
(En polaco) Doy una cordial bienvenida a
mis compatriotas. Saludo en particular al grupo de juristas polacos. Pido a Dios
que os dé el espíritu de conocimiento y sabiduría, para que, a la luz de las
leyes eternas de Dios, podáis reconocer el bien y el mal en las expresiones
concretas de la vida del hombre contemporáneo, y que realmente seáis hombres de
justicia.
(En checo) Una cordial bienvenida
a los peregrinos de Praga. El próximo domingo la Iglesia checa festejará a su
patrono, san Wenceslao, el cual no estaba apegado a su nobleza de origen en esta
tierra, sino a la celestial, que le fue concedida en el bautismo. Permaneced
fieles a su herencia espiritual.
El cardenal Sodano leyó personalmente los saludos del Papa en lengua italiana,
que se concluyeron con las siguientes palabras:
Como de costumbre, mi saludo se dirige por último a los jóvenes, a los
enfermos y a los recién casados.
Queridos jóvenes, sed siempre fieles al ideal evangélico y realizadlo
en vuestras actividades diarias. Vosotros, queridos enfermos, encomendaos
cada día a la gracia del Señor para encontrar alivio en vuestros sufrimientos. Y
vosotros, queridos recién casados, abrid vuestra alma al amor divino para
que vivifique vuestra vida familiar.
Antes de concluirse la audiencia, el Santo Padre en persona, en conexión directa
desde Castelgandolfo, saludó a los participantes en la audiencia, con las
siguientes palabras:
Amadísimos hermanos y hermanas, os dirijo a todos mi cordial saludo. Siento no
poder estar con vosotros para este encuentro semanal. Os llevo a todos en mi
corazón y os bendigo.
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