Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles
Miércoles 6 de noviembre de 2002
El triunfo del Señor en su venida final
1. El salmo 97, que se acaba de proclamar, pertenece a
una categoría de himnos que ya hemos encontrado durante el itinerario
espiritual que estamos realizando a la luz del Salterio.
Se trata de un himno al Señor rey del universo y de la historia (cf. v. 6).
Se define como "cántico nuevo" (v. 1), que en el lenguaje bíblico
significa un canto perfecto, pleno, solemne, acompañado con música de
fiesta. En efecto, además del canto coral, se evocan "el son
melodioso" de la cítara (cf. v. 5), los clarines y las
trompetas (cf. v. 6), pero también una especie de aplauso cósmico (cf. v. 8).
Luego, resuena repetidamente el nombre del "Señor" (seis veces),
invocado como "nuestro Dios" (v. 3). Por tanto, Dios está en el
centro de la escena con toda su majestad, mientras realiza la salvación en la
historia y se le espera para "juzgar" al mundo y a los pueblos (cf.
v. 9). El verbo hebreo que indica el "juicio" significa también
"regir": por eso, se espera la acción eficaz del Soberano de
toda la tierra, que traerá paz y justicia.
2. El Salmo comienza con la proclamación de la intervención divina
dentro de la historia de Israel (cf. vv. 1-3). Las imágenes de la
"diestra" y del "santo brazo" remiten al éxodo, a la
liberación de la esclavitud de Egipto (cf. v. 1). En cambio, la alianza con
el pueblo elegido se recuerda mediante dos grandes perfecciones divinas:
"misericordia" y "fidelidad" (cf. v. 3).
Estos signos de salvación se revelan "a las naciones", hasta
"los confines de la tierra" (vv. 2 y 3), para que la humanidad
entera sea atraída hacia Dios salvador y se abra a su palabra y a su obra
salvífica.
3. La acogida dispensada al Señor que interviene en la historia está
marcada por una alabanza coral: además de la orquesta y de los cantos
del templo de Sión (cf. vv. 5-6), participa también el universo, que
constituye una especie de templo cósmico.
Son cuatro los cantores de este inmenso coro de alabanza. El primero es el
mar, con su fragor, que parece actuar de contrabajo continuo en ese himno
grandioso (cf. v. 7). Lo siguen la tierra y el mundo entero (cf. vv. 4 y 7),
con todos sus habitantes, unidos en una armonía solemne. La tercera
personificación es la de los ríos, que, al ser considerados como brazos del
mar, parecen aplaudir con su flujo rítmico (cf. v. 8). Por último, vienen
las montañas, que parecen danzar de alegría ante el Señor, aun siendo las
criaturas más sólidas e imponentes (cf. v. 8; Sal 28, 6; 113, 6).
Así pues, se trata de un coro colosal, que tiene como única finalidad
exaltar al Señor, rey y juez justo. En su parte final, el Salmo, como decíamos,
presenta a Dios "que llega para regir (juzgar) la tierra (...) con
justicia y (...) con rectitud" (Sal 97, 9).
Esta es la gran esperanza y nuestra invocación: "¡Venga tu
reino!", un reino de paz, de justicia y de serenidad, que restablezca la
armonía originaria de la creación.
4. En este salmo, el apóstol san Pablo reconoció con profunda alegría
una profecía de la obra de Dios en el misterio de Cristo. San Pablo se sirvió
del versículo 2 para expresar el tema de su gran carta a los Romanos:
en el Evangelio "se ha revelado la justicia de Dios" (cf. Rm
1, 17), "se ha manifestado" (cf. Rm 3, 21).
La interpretación que hace san Pablo confiere al Salmo una mayor plenitud de
sentido. Leído desde la perspectiva del Antiguo Testamento, el Salmo proclama
que Dios salva a su pueblo y que todas las naciones, al contemplarlo, se
admiran. En cambio, desde la perspectiva cristiana, Dios realiza la salvación
en Cristo, hijo de Israel; todas las naciones lo contemplan y son invitadas a
beneficiarse de esa salvación, ya que el Evangelio "es fuerza de Dios
para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también
del griego", es decir del pagano (Rm 1, 16). Ahora "todos los
confines de la tierra" no sólo "han contemplado la salvación de
nuestro Dios" (Sal 97, 3), sino que la han recibido.
5. Desde esta perspectiva, Orígenes, escritor cristiano del siglo III,
en un texto recogido después por san Jerónimo, interpreta el "cántico
nuevo" del Salmo como una celebración anticipada de la novedad cristiana
del Redentor crucificado. Por eso, sigamos su comentario, que entrelaza el cántico
del salmista con el anuncio evangélico: "Cántico nuevo es el Hijo
de Dios que fue crucificado, algo hasta entonces inaudito. Una realidad nueva
debe tener un cántico nuevo. "Cantad al Señor un cántico nuevo".
En realidad, el que sufrió la pasión es un hombre; pero vosotros cantad al
Señor. Sufrió la pasión como hombre, pero salvó como Dios".
Prosigue Orígenes: Cristo "hizo milagros en medio de los judíos:
curó paralíticos, limpió leprosos, resucitó muertos. Pero también otros
profetas lo hicieron. Multiplicó unos pocos panes en un número enorme, y dio
de comer a un pueblo innumerable. Pero también Eliseo lo hizo. Entonces, ¿qué
hizo de nuevo para merecer un cántico nuevo? ¿Queréis saber lo que hizo de
nuevo? Dios murió como hombre, para que los hombres tuvieran la vida; el Hijo
de Dios fue crucificado, para elevarnos hasta el cielo" (74 omelie sul
libro dei Salmi, Milán 1993, pp. 309-310).
Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, invitando a todos a alabar al
Señor por haber manifestado su grandeza y su misericordia a todos los
pueblos. Llevad también mi saludo a vuestros hogares y comunidades. Gracias
por vuestra presencia.
Mi pensamiento se dirige, ahora, a los jóvenes, a los enfermos y
a los recién casados. Queridos jóvenes, proyectad el futuro en
plena fidelidad al Evangelio, y creced según la enseñanza y el ejemplo de
Jesús. Vosotros, queridos enfermos, ofreced vuestros sufrimientos al
Señor, para que también gracias a vuestra participación en sus
padecimientos él extienda su acción salvífica en el mundo. En el camino que
habéis emprendido, queridos recién casados, os guíe una fe viva, a
fin de que vuestra familia esté animada por un intenso fervor evangélico.
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