Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles
Miércoles 25 de abril de 2001
El alma sedienta de Dios
1. El salmo 62, sobre el que
reflexionaremos hoy, es el salmo del amor místico, que celebra la adhesión
total a Dios, partiendo de un anhelo casi físico y llegando a su plenitud en
un abrazo íntimo y perenne. La oración se hace deseo, sed y hambre, porque
implica el alma y el cuerpo.
Como escribe santa Teresa de Ávila, "sed me parece a mí quiere decir
deseo de una cosa que nos hace tan gran falta que, si nos falta, nos
mata" (Camino de perfección, c. 19). La liturgia nos propone las
primeras dos estrofas del salmo, centradas precisamente en los símbolos de la
sed y del hambre, mientras la tercera estrofa nos presenta un horizonte
oscuro, el del juicio divino sobre el mal, en contraste con la luminosidad y
la dulzura del resto del salmo.
2. Así pues, comenzamos nuestra meditación con el primer canto,
el de la sed de Dios (cf. versículos 2-4). Es el alba, el sol está
surgiendo en el cielo terso de la Tierra Santa y el orante comienza su jornada
dirigiéndose al templo para buscar la luz de Dios. Tiene necesidad de ese
encuentro con el Señor de modo casi instintivo, se podría decir "físico".
De la misma manera que la tierra árida está muerta, hasta que la riega la
lluvia, y a causa de sus grietas parece una boca sedienta y seca, así el fiel
anhela a Dios para ser saciado por él y para poder estar en comunión con él.
Ya el profeta Jeremías había proclamado: el Señor es "manantial
de aguas vivas", y había reprendido al pueblo por haber construido
"cisternas agrietadas, que no retienen el agua" (Jr 2, 13).
Jesús mismo exclamará en voz alta: "Si alguno tiene sed, venga a
mí, y beba, el que crea en mí" (Jn 7, 37-38). En pleno mediodía
de una jornada soleada y silenciosa, promete a la samaritana:
"El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el
agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida
eterna" (Jn 4, 14).
3. Con respecto a este tema, la oración del salmo 62 se entrelaza con el
canto de otro estupendo salmo, el 41: "Como busca la cierva
corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios,
del Dios vivo" (vv. 2-3). Ahora bien, en hebreo, la lengua del Antiguo
Testamento, "el alma" se expresa con el término nefesh, que
en algunos textos designa la "garganta" y en muchos otros se
extiende para indicar todo el ser de la persona. El vocablo, entendido en
estas dimensiones, ayuda a comprender cuán esencial y profunda es la
necesidad de Dios: sin él falta la respiración e incluso la vida. Por
eso, el salmista llega a poner en segundo plano la misma
existencia física, cuando no hay unión con Dios:
"Tu gracia vale más que la vida" (Sal 62, 4). También en el
salmo 72 el salmista repite al Señor: "Estando contigo
no hallo gusto ya en la tierra. Mi carne y mi corazón se consumen:
¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!
(...) Para mí, mi bien es estar junto a Dios" (vv. 25-28).
4. Después del canto de la sed, las palabras del salmista modulan el
canto del hambre (cf. Sal 62, 6-9). Probablemente, con las imágenes
del "gran banquete" y de la saciedad, el orante remite a uno de los
sacrificios que se celebraban en el templo de Sion: el llamado "de
comunión", o sea, un banquete sagrado en el que los fieles comían la
carne de las víctimas inmoladas. Otra necesidad fundamental de la vida se usa
aquí como símbolo de la comunión con Dios: el hambre se sacia cuando
se escucha la palabra divina y se encuentra al Señor. En efecto, "no sólo
de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca
del Señor" (Dt 8, 3; cf. Mt 4, 4). Aquí el cristiano
piensa en el banquete que Cristo preparó la última noche de su vida terrena
y cuyo valor profundo ya había explicado en el discurso de Cafarnaúm:
"Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come
mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn 6,
55-56).
5. A través del alimento místico de la comunión con Dios "el alma
se une a él", como dice el salmista. Una vez más, la palabra
"alma" evoca a todo el ser humano. No por nada se habla de un
abrazo, de una unión casi física: Dios y el hombre están ya en plena
comunión, y en los labios de la criatura no puede menos de brotar la alabanza
gozosa y agradecida. Incluso cuando atravesamos una noche oscura, nos sentimos
protegidos por las alas de Dios, como el arca de la alianza estaba cubierta
por las alas de los querubines. Y entonces florece la expresión estática de
la alegría: "A la sombra de tus alas canto con júbilo" (Sal
62, 8). El miedo desaparece, el abrazo no encuentra el vacío sino a Dios
mismo; nuestra mano se estrecha con la fuerza de su diestra (cf. Sal
62, 9).
6. En una lectura de ese salmo a la luz del misterio pascual, la sed y el
hambre que nos impulsan hacia Dios, se sacian en Cristo crucificado y
resucitado, del que nos viene, por el don del Espíritu y de los sacramentos,
la vida nueva y el alimento que la sostiene.
Nos lo recuerda san Juan Crisóstomo, que, comentando las palabras de san
Juan: de su costado "salió sangre y agua" (cf. Jn 19,
34), afirma: "Esa sangre y esa agua son símbolos del bautismo y de
los misterios", es decir, de la Eucaristía. Y concluye: "¿Veis
cómo Cristo se unió a su esposa? ¿Veis con qué nos alimenta a todos? Con
ese mismo alimento hemos sido formados y crecemos. En efecto, como la mujer
alimenta al hijo que ha engendrado con su propia sangre y leche, así también
Cristo alimenta continuamente con su sangre a aquel que él mismo ha
engendrado" (Homilía III dirigida a los neófitos, 16-19, passim:
SC 50 bis, 160-162).
Saludos
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española,
en especial al grupo de sacerdotes que participan en un curso de actualización
en el Pontificio Colegio de San José, y a "Els Amics del Corpus",
de Valencia, venidos para la bendición de una "Roca" dedicada al
Santo Cáliz, así como a los demás fieles procedentes de España, México y
Argentina. Os deseo a todos que vuestra peregrinación a Roma en este tiempo
pascual os llene de alegría y os haga valientes testigos de la resurrección
del Señor.
(En lengua checa)
Hoy celebramos la fiesta de san Marcos, evangelista. Que su respuesta a la
vocación de Cristo siga iluminando vuestra vida cristiana.
(En lengua croata)
:Amadísimos hermanos, a la luz del misterio pascual de Cristo, haced que la
esperanza venza incluso cuando la situación parece un callejón sin salida.
(En italiano)
Deseo dirigir ahora un afectuoso saludo a los jóvenes, a los enfermos
y a los recién casados. Hoy celebramos la fiesta de san Marcos,
evangelista, colaborador del apóstol san Pedro y mártir, que en el evangelio
presenta la vida del cristiano como seguimiento de Jesús hasta la cruz. Os
saludo a vosotros, queridos jóvenes, entre los que se encuentran
muchos estudiantes y miembros de grupos juveniles. A todos os exhorto a
frecuentar generosamente la escuela de Cristo para aprender a seguir con
fidelidad sus huellas. A vosotros, queridos enfermos, os invito a
aceptar con fe vuestras pruebas y a transformarlas en manifestaciones
misteriosas pero elocuentes del amor de Cristo. A vosotros, queridos recién
casados, os deseo que viváis el don del matrimonio como camino de fe para
que seáis servidores generosos del evangelio de la vida.
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