Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles
Miércoles 6 de septiembre 2000
1. El encuentro con Cristo cambia radicalmente la
vida de una persona, la impulsa a la metánoia o conversión profunda
de la mente y del corazón, y establece una comunión de vida que se
transforma en seguimiento. En los evangelios el seguimiento se expresa con dos
actitudes: la primera consiste en "acompañar" a Cristo (akoloutheîn);
la segunda, en "caminar detrás" de él, que guía, siguiendo sus
huellas y su dirección (érchesthai
opíso). Así, nace la figura del discípulo, que se realiza de
modos diferentes. Hay quien sigue de manera aún genérica y a menudo
superficial, como la muchedumbre (cf. Mc 3, 7; 5, 24; Mt 8,
1. 10; 14, 13; 19, 2; 20, 29). Están los pecadores (cf. Mc 2,
14-15); muchas veces se menciona a las mujeres que, con
su servicio concreto, sostienen la misión de Jesús (cf. Lc 8, 2-3;
Mc 15, 41). Algunos reciben una llamada específica por parte de Cristo y,
entre ellos, una posición particular ocupan los Doce.
Por tanto, la tipología de los llamados es muy variada: gente dedicada
a la pesca y a cobrar impuestos, honrados y pecadores, casados y solteros,
pobres y ricos, como José de Arimatea (cf. Jn 19, 38), hombres y
mujeres. Figura incluso el zelota Simón (cf. Lc 6, 15), es decir, un
miembro de la oposición revolucionaria antirromana. También hay quien
rechaza la invitación, como el joven rico, el cual, al oír las
palabras exigentes de Cristo, se entristeció y se
marchó pesaroso, "porque era muy rico" (Mc 10, 22).
2. Las condiciones para recorrer el mismo camino de Jesús son pocas pero
fundamentales. Como hemos escuchado en el pasaje evangélico que acabamos de
leer, es necesario dejar atrás el pasado, cortar con él de modo determinante
y realizar una metánoia en el sentido profundo del término: un
cambio de mentalidad y de vida. El camino que propone Cristo es estrecho,
exige sacrificio y la entrega total de sí: "El que quiera venirse
conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga" (Mc
8, 34). Es un camino que conoce las espinas de las pruebas y de las
persecuciones: "Si a mí me han perseguido, también a vosotros os
perseguirán" (Jn 15, 20). Es un camino que transforma en
misioneros y testigos de la palabra de Cristo, pero exige de los apóstoles
que "nada tomen para el camino: (...) ni pan, ni alforja, ni
calderilla en la faja" (Mc 6, 8; cf. Mt 10, 9-10).
3. Así pues, el seguimiento no es un viaje cómodo por un camino llano.
También pueden surgir momentos de desaliento, hasta el punto de que, en una
circunstancia, "muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron
a ir con él" (Jn 6, 66), es decir, con Jesús, que se vio
obligado a formular a los Doce una pregunta decisiva: "¿También
vosotros queréis marcharos?" (Jn 6, 67). En otra circunstancia,
cuando Pedro se rebela a la perspectiva de la cruz, Jesús lo reprende
bruscamente con palabras que, según un matiz del texto original, podrían ser
una invitación a "retirarse de su vista", después de haber
rechazado la meta de la cruz: "¡Quítate de mi vista, Satanás! Tú
piensas como los hombres, no como Dios" (Mc 8, 33).
Aunque Pedro corre siempre el riesgo de traicionar, al final seguirá a su
Maestro y Señor con el amor más generoso. En efecto, a orillas del lago de
Tiberíades, Pedro hará su profesión de amor: "Señor, tú lo
sabes todo; tú sabes que te quiero". Y Jesús le anunciará "la
clase de muerte con que iba a glorificar a Dios", repitiendo dos veces:
"Sígueme" (Jn 21, 17. 19. 22).
El seguimiento se expresa de modo especial en el discípulo amado, que entra
en intimidad con Cristo, de quien recibe como don a su Madre y a
quien reconoce una vez resucitado (cf. Jn 13, 23-26; 18, 15-16; 19,
26-27; 20, 2-8; 21, 2. 7. 20-24).
4. La meta última del seguimiento es la gloria. El camino consiste en la
"imitación de Cristo", que vivió en el amor y murió por
amor en la cruz. El discípulo "debe, por decirlo así, entrar en Cristo
con todo su ser, debe "apropiarse" y asimilar toda la realidad de la
Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo" (Redemptor
hominis, 10). Cristo debe entrar en su yo para liberarlo del egoísmo y
del orgullo, como dice a este propósito san Ambrosio: "Que Cristo
entre en tu alma y Jesús habite en tus pensamientos, para cerrar todos los
espacios al pecado en la tienda sagrada de la virtud" (Comentario al
Salmo 118, 26).
5. Por consiguiente, la cruz, signo de amor y de entrega total, es el
emblema del discípulo llamado a configurarse con Cristo glorioso. Un Padre de
la Iglesia de Oriente, que es también un poeta inspirado, Romanos el Melódico,
interpela al discípulo con estas palabras: "Tú posees la cruz
como bastón; apoya en ella tu juventud. Llévala a tu oración, llévala a la
mesa común, llévala a tu cama y por doquier como tu título de gloria. (...)
Di a tu esposo que ahora se ha unido a ti: Me echo a tus pies. Da, en tu
gran misericordia, la paz a tu universo; a tus Iglesias, tu ayuda; a los
pastores, la solicitud; a la grey, la concordia, para que todos, siempre,
cantemos nuestra resurrección" (Himno 52 "A los nuevos
bautizados", estrofas 19 y 22).
Saludos
Deseo saludar a los peregrinos de lengua española, en particular a los
fieles diocesanos de Osma-Soria, de Salamanca y Tortosa, llegados a Roma para
recibir la gracia del jubileo. Saludo también a los diversos grupos
parroquiales venidos de España, México, Puerto Rico, Venezuela, Argentina y
Chile y a la Asociación paraguaya de fútbol. Que el Señor os conceda a
todos la gracia de una sincera conversión en este Año jubilar para avanzar
cada día más en su seguimiento e imitación. Muchas gracias.
(En italiano)
Queridos muchachos y muchachas, deseo que, después del período de
vacaciones, os preparéis para reanudar las clases con generoso empeño.
Pienso con íntima participación en vosotros, queridos enfermos, y os
abrazo a cada uno, exhortándoos a confiar siempre en el Señor; y también
pienso en vosotros, queridos recién casados, que con gran confianza
acabáis de deciros mutuamente el "sí" fiel del amor.
Que la Virgen santa, cuya fiesta de la Natividad celebraremos pasado mañana,
vele con materna bondad sobre todos.
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