Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles
Miércoles 8 de marzo 2000
1. La Cuaresma constituye el punto
culminante del camino de conversión y reconciliación que el Año jubilar,
tiempo privilegiado de gracia y de misericordia, propone a todos los creyentes
para renovar su adhesión a Cristo, único Salvador del hombre. Así escribí
en el Mensaje para la Cuaresma del año 2000 y, con esta convicción,
emprendemos hoy, miércoles de Ceniza, el itinerario penitencial cuaresmal. La
liturgia de este día nos invita a orar para que el Padre celestial conceda al
pueblo cristiano iniciar con el ayuno un camino de verdadera conversión, a
fin de afrontar victoriosamente con las armas de la penitencia el combate
contra el espíritu del mal.
Este es el mensaje del gran jubileo, que en Cuaresma resulta aún más
elocuente. El hombre, todo hombre, es invitado a la conversión y a la
penitencia; es impulsado a la amistad con Dios, para que reciba como don la
vida sobrenatural, que colma las más profundas aspiraciones de su corazón.
2. Hoy, en el momento de la imposición de la ceniza sobre nuestra
cabeza, se nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos. Este
pensamiento, que es una certeza humana, no se reafirma para crear en nosotros
una resignación pasiva al destino. Al contrario, la liturgia, a la vez que
subraya que somos criaturas mortales, nos recuerda la iniciativa
misericordiosa de Dios, que quiere hacernos partícipes de su misma vida
eterna y bienaventurada.
En el sugestivo rito de la imposición de la ceniza resuena para el creyente
una invitación a no dejarse vincular a las realidades materiales que, por más
apreciables que sean, están destinadas a desaparecer. Más bien, debe dejarse
transformar por la gracia de la conversión y de la penitencia para llegar a
las cumbres altas y pacificadoras de la vida sobrenatural. Sólo en Dios el
hombre se encuentra plenamente a sí mismo y descubre el significado último
de su existencia.
La puerta jubilar está abierta para todos. Que entre quien sea consciente de
estar oprimido por la culpa y quien se reconozca pobre de méritos; que entre
quien se sienta como polvo que el viento dispersa; que venga el débil y el
desalentado a encontrar nuevo vigor en el Corazón de Cristo.
3. Juntamente con la imposición de la ceniza se realiza hoy la
tradicional práctica de la abstinencia y el ayuno. Ciertamente, no se trata
de meras observancias externas, de cumplir un rito, sino de signos elocuentes
de un necesario cambio de vida. El ayuno y la abstinencia, ante todo,
fortifican al cristiano para la lucha contra el mal y para el servicio al
Evangelio.
Con el ayuno y la penitencia se pide al creyente que renuncie a bienes y a
satisfacciones materiales legítimas, para conseguir una mayor libertad
interior, haciéndose disponible a escuchar atentamente la palabra de Dios y a
prestar una ayuda generosa a los hermanos que padecen necesidad.
Así pues, además de la abstinencia y el ayuno, deben realizarse gestos de
solidaridad con los que sufren y atraviesan momentos difíciles. De este modo,
la penitencia lleva a compartir con los marginados y necesitados. También
este es el espíritu del gran jubileo, que estimula a todos a manifestar de
manera concreta el amor de Cristo a los hermanos que carecen de lo necesario,
a las víctimas del hambre, de la violencia y de la injusticia. En el Mensaje
para la Cuaresma escribí a este respecto: "¿Cómo podemos pedir
la gracia del jubileo si somos insensibles a las necesidades de los pobres, si
no nos comprometemos a garantizar a todas las personas los medios necesarios
para que vivan dignamente?" (n. 5: L'Osservatore Romano,
edición en lengua española, 4 de febrero de 2000, p. 2).
4. "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15).
Abramos el corazón a estas palabras, que resuenan frecuentemente en el tiempo
de Cuaresma. Que el camino de conversión y adhesión al Evangelio, que hoy
iniciamos, nos haga sentirnos a todos hijos del único Padre y fortalezca la
aspiración a la unidad de los creyentes y a la concordia entre los pueblos.
Pido al Señor para que, en esta Cuaresma jubilar, todos los cristianos
sientan profundamente el compromiso de reconciliarse con Dios, consigo mismos
y con sus hermanos. Este es el camino para que se haga realidad la anhelada
comunión plena de todos los discípulos de Cristo. Ojalá que llegue pronto
el tiempo en que, gracias a la oración y al testimonio fiel de los
cristianos, el mundo reconozca a Jesús como único Salvador y, creyendo
en él, obtenga la paz.
Que María santísima nos guíe en estos primeros pasos del camino cuaresmal,
para que, cruzando la puerta santa de la conversión, experimentemos todos la
gracia de ser transfigurados a imagen de Cristo.
Saludos
Doy mi cordial bienvenida a todos los peregrinos de lengua española. De
modo especial saludo a los superiores y alumnos del seminario de Ciudad
Rodrigo, acompañados por su obispo mons. Julián López, y a los otros grupos
procedentes de España, Argentina y México y otros países de Latinoamérica.
Que la peregrinación a la tumba de san Pedro, al comenzar la Cuaresma del Año
santo, os renueve el deseo de seguir siempre a Cristo. Muchas gracias.
Saludo también a las diócesis de Alcalá de Henares y de Cartagena (Murcia),
acompañados de sus obispos respectivos", mons. Jesús Esteban Catalá Ibáñez
y mons. Manuel Ureña Pastor.
(En holandés) Hoy, miércoles de Ceniza, la Iglesia inicia
el itinerario de conversión y reconciliación, que el Año jubilar, año de
gracia y misericordia, propone a todos. Os deseo que esta Cuaresma renueve en
vosotros la adhesión a Cristo, único salvador del hombre.
(En checo) Hoy, con la imposición de la ceniza, hemos iniciado la
Cuaresma, tiempo precioso de oración y penitencia, que nos lleva a la
conversión y a la profundización del amor a Dios y al prójimo. Aprovechemos
este tiempo de gracias especiales.
(En eslovaco) Queridos hermanos y hermanas: el apóstol
Pablo nos exhorta así: "En nombre de Cristo os suplicamos:
¡reconciliaos con Dios!" (2 Co 5, 20). Al comienzo de la Cuaresma
escuchemos esta invitación dirigida personalmente a cada uno de
nosotros y pongámosla en práctica con generosidad.
(A los croatas) Los cristianos de nuestros días tienen una
tarea de vital importancia: dar testimonio ante el mundo de que su fe y
su esperanza están en Dios. Ese compromiso, movido y penetrado por la
caridad, debe hacerse anuncio constante de la salvación que Dios uno y trino
ofrece a cada una de las personas y a toda la sociedad.
(En italiano) Renuevo gustoso a todas las mujeres del mundo,
en el día de su fiesta, mi felicitación cordial: ojalá que la mujer,
gracias al creciente reconocimiento social de su contribución especifica al
bien común, manifieste cada vez mejor la riqueza de su "ser",
realizando así su auténtica promoción.
(A los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados)
Al comienzo del tiempo cuaresmal, quisiera invitaros, queridos jóvenes, a
vivirlo como un tiempo de vida y de entusiasmo espiritual, esforzándoos por
crecer en la amistad con Jesús.
A vosotros, queridos enfermos, os exhorto a emprender este itinerario
espiritual especial con la mirada fija en Jesús, que sufrió y resucitó,
recibiendo de su Espíritu fuerza, mansedumbre y esperanza.
Y finalmente os pido a vosotros, queridos recién casados, que estáis
en la primavera de vuestro amor conyugal, que caminéis con mayor fidelidad en
estos días de Cuaresma, siguiendo las huellas de Cristo, tratando de imitar
su humildad y fidelidad a la voluntad divina.
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