Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 23 de Febrero 2000


(Saludo a los obispos amigos del movimiento de los Focolares)
En el curso de vuestro encuentro ocupa un lugar especial la reflexión sobre la oración de Jesús en la última Cena "para que todos sean uno" (Jn 17, 21). Fieles a la espiritualidad de la unidad y a través de un constante intercambio de experiencias, proseguid en vuestra misión de constructores de comunión en las Conferencias episcopales, en el presbiterio y en las comunidades diocesanas. Os deseo que saquéis mucho fruto de vuestra reunión y acompaño mis deseos con la oración al Señor y a María, Madre de la unidad.

(A los jóvenes, enfermos y recién casados)
Saludo asimismo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Sois siempre bienvenidos. El Papa guarda en su corazón un lugar especial para vosotros. A todos dirijo mi afectuoso saludo, que acompaño con una especial bendición para cada uno de vosotros y para vuestros seres queridos.

(En castellano) 
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, especialmente a los grupos de las diócesis de Huelva y Santander, de Xirivella, San Juan de Aznalfarache y Sabiñánigo en España, así como a los venidos de Argentina, México y otros países latinoamericanos. Que vuestra visita a Roma en este año jubilar os llene el corazón, impulsando la conversión sincera y fortaleciendo la fe, de modo que volváis a vuestras familias y comunidades llevando el gozo de la gracia de Dios, junto con mi paterna bendición.

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Ahora voy a la sala Pablo VI, donde presidiré una celebración litúrgica en memoria del patriarca Abraham, nuestro padre en la fe. Será ésta la primera etapa de la peregrinación a algunos lugares vinculados a la historia de la salvación, que proseguiré mañana partiendo para Egipto y el monte Sinaí.

La plaza de San Pedro está en conexión con la sala Pablo VI:  quien desee quedarse, podrá seguir, a través de las pantallas gigantes de televisión instaladas en la plaza, cuanto se lleve a cabo en la cercana sala, y poniéndose así espiritualmente en camino "tras las huellas de Abraham". De este modo podrá revivir el momento inicial de la "historia de la salvación" que alcanzó su culmen cuando, en la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios nació de la Virgen María. La historia de Abraham tiene una importancia fundamental para los creyentes de todas las épocas y, por tanto, también para nosotros, que lo miramos como a un modelo de sumisión incondicional a la voluntad de Dios.