Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 25 de Noviembre 1998

   

Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber hablado en la catequesis precedente de los signos de esperanza presentes en nuestro mundo, reflexionamos hoy sobre los signos de esperanza en la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ha sido uno de los acontecimientos eclesiales más importantes de este siglo. Ha supuesto la efusión abundante del Espíritu Santo sobre todo el Pueblo de Dios, suscitando un renovado impulso evangelizador acompañado de numerosos signos de esperanza. Entre ellos sobresalen la promoción de la misión eclesial de los laicos, el reconocimiento del papel de la mujer en la Iglesia, el florecimiento de movimientos eclesiales y la consolidación del ecumenismo y del diálogo con la cultura moderna. A estos múltiples motivos para la esperanza debe añadirse también la manifestación, a las puertas del Tercer milenio, del «perfil mariano» de la Iglesia, que compendia en sí el contenido más profundo de la renovación conciliar.

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Saludo con afecto a los peregrinos de España, México, Bolivia, Guatemala, Argentina y demás naciones latinoamericanas. Al animaros a iniciar con esperanza el próximo tiempo litúrgico del Adviento, invoco sobre todos vosotros y vuestras familias la acción renovadora del Espíritu Santo.