Papa Juan Pablo II: Audiencia general de los miércoles

Miércoles 2 de Setiembre 1998

    

Queridos hermanos y hermanas:

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que "la persona humana participa de la luz y la fuerza del Espíritu divino" (n. 1704). En efecto, el Espíritu que sondea las profundidades de Dios es, a la vez, la luz que ilumina la conciencia del hombre y la fuente de su libertad verdadera (cf. Dominum et vivificantem, 36). Además, mediante la acción de la gracia, el Espíritu Santo educa al hombre en la libertad espiritual para hacer de él colaborador libre de su obra en la Iglesia y en el mundo. Esta es la "ley nueva" de la libertad y el amor, personificada en Jesucristo y manifestada de modo sublime en María, precisamente mediante su obediencia a la fe.

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Con gran afecto saludo ahora a todos los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Chile, Argentina, Venezuela y de los demás países latinoamericanos. Que María, Madre de Cristo y Madre nuestra, nos guíe a descubrir cada vez con mayor profundidad y alegría al Espíritu Santo como fuente de libertad verdadera en nuestras vidas. Con este deseo, os imparto de corazón la Bendición Apostólica.